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La dependencia económica y política, la invasión cultural, solo nos han dejado miseria material y espiritual a lo largo y ancho del continente y el Caribe insular. Cada año las cifras que demuestran esta triste realidad son publicadas por diferentes organismos internacionales y se grafican ante nuestros ojos en campos y ciudades.

¿Cuál ha sido el factor que ha impedido cumplir este sueño si los argumentos sobre su validez datan de la época de las luchas libertarias contra España y fueron esbozados nada menos que por el Libertador?

La respuesta solo puede ser una: falta de voluntad política de las clases dominantes.

La primera Cumbre de la Comunidad Sudamericana de Naciones es una muestra fehaciente de la lucha de ideas y de voluntades que necesariamente abrirá el camino.

Cuando la idea de hacer un nuevo intento de integración se concretó en diciembre del 2004, en la ciudad de Cuzco (Perú), todos los presidentes que asistieron a aquella III Cumbre Presidencial Suramericana la apoyaron abiertamente, pero por supuesto cada uno lo hizo desde su propia posición ideológica y política.

La cuestión es que en la primera reunión que se realizó este 30 de septiembre en Brasilia y en la cual se buscaba sentar las bases para institucionalizarla y armar un soporte para construirla, saltaron a la vista las diferentes posiciones y voluntades políticas.

La actitud del presidente de Colombia, no solo fue displicente sino irrespetuosa. Bien comentaban algunos medios de comunicación de nuestro país que Alvaro Uribe asistió a la Segunda Cumbre Mundial del Café efectuada cinco días antes en San Salvador de Bahía, ahí mismo en Brasil.

Asiste a cumbres de los presidentes centroamericanos y ya no se sabe cuántas veces ha ido a Estados Unidos para recibir orientaciones de su amo, pero no fue a la reunión de los presidentes de su región para la integración de la misma y tampoco dio explicación alguna. Esta actitud no es gratuita. Corresponde justamente al papel que le ha asignado el imperio para romper cualquier propósito que vaya en contra de sus planes.

Uribe envió al vicepresidente Francisco Santos, quien ni corto ni perezoso lo más resaltante que hizo fue pedir apoyo para que la OEA, organismo claramente antagónico a la Comunidad Sudamericana de Naciones, siga dando apoyo al gobierno para el proyecto de paramilitarizar el país.

Francisco Santos, al igual que Uribe, está obnubilado con esta idea que significa garantizar a Estados Unidos una cabeza de playa para controlar y mantener bajo amenaza los gobiernos de tendencia popular del área y los movimientos sociales que cada día toman más fuerza en aras de la defensa de sus intereses.

Contrastando con esta clara voluntad de obstaculizar, la actitud del presidente de Venezuela y de Uruguay (aunque no estuvo presente directamente) ha sido la jalonar la integración. En igual sentido ha trabajado el presidente Lula Da Silva.

Hugo Chávez y Tabaré Vázquez se dieron a la tarea de elaborar una propuesta que realmente le diera una consistencia duradera y futuro a la Comunidad Sudamericana de Naciones.

Para ello propusieron la creación de la Comisión del Sur con el objetivo de elaborar un plan estratégico de integración a cinco años (2005 – 2010), con elementos recogidos de un debate presidencial sobre cómo debe ser la integración, sus retos y alcances.

La idea de estos presidentes es que este intento integracionista pase de los discursos a los hechos y de la serie de cumbres cada determinado tiempo a una tarea permanente, con resultados tangibles para los pueblos y para el progreso a partir de nuestros propios recursos y medios.

Esto requiere de decisión y voluntad política y justamente esos elementos son de los carecen la mayoría de los mandatarios de la región. Frente a la claridad y disposición de los presidentes de Venezuela y Uruguay están a la vista el caso extremo de Uribe, el doble discurso de Toledo y Ricardo Lagos, la situación de presión y chantaje por parte del imperio y de las oligarquías locales sobre otros que no logran trascender esta situación.

No se puede estar aplicando el modelo neoliberal y firmando tratados de libre comercio con Estados Unidos, que equivale una entrega de recursos y una apertura a una mayor dominación, y por otro lado hablando de integración latinoamericana.

Esta confrontación política e ideológica es un avance y ha sido posible gracias al despertar de los pueblos que ya no soportan más pobreza ni más imposiciones. Los bolivianos, los ecuatorianos, los venezolanos, los uruguayos han decidido tomar un camino diferente al que nos obligaron los ricos de estas tierras, sumisos a los deseos de las potencias imperiales.

De la I Cumbre salieron importantes acuerdos como la Red de Gasoductos del Sur de la cual harán parte Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Perú, Paraguay y Uruguay y la creación de Petroamérica, a partir de las principales empresas petroleras, entre ellas la de Venezuela (PDVSA), la de Brasil (PETROBRAS).

También se plantearon proyectos para construir infraestructura vial, tanto terrestre como fluvial con el fin de hacer posible un comercio ágil.

La financiación de los proyectos se hará por medio de El Banco Nacional de Desarrollo (BANDES) de Brasil, la Corporación Andina de Fomento (CAF). El propósito es el desarrollo a partir de los recursos propios para poder salir de las garras de los depredadores internacionales como el BID, el FMI y el BM.

Muchos otros buenos propósitos se esbozaron pero estamos seguros que no se podrán hacer realidad sin la decisión y la voluntad política de gobiernos que interpreten el sentir de sus pueblos que si tienen claridad acerca del valor de construir con solidez la integración como la mejor estrategia imperial.

Lo interesante es que ya hay discusión acerca de cómo hacer para que la Comunidad Sudamericana de Naciones pase de ser solo una ilusión y un pretexto para reuniones anuales de las solo quedan papeles y fotos.

INSURRECCION