Tal vez para quienes hemos vivido desde siempre en este territorio nos sea difícil percatarnos. Nos gana la fuerza de la costumbre. Pero para el visitante es lo primero que salta a la vista: un monopolio evidente de la información. Un sólo diario de circulación nacional; dos grandes cadenas que controlan radio y televisión; fuentes de información en lo fundamental oficiales, y un fortísimo control sobre los periodistas, que sin gremio, además de mal pagos sufren censura y autocensura.

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Un país construido entre variadas culturas y regiones necesita mucho más. A pesar de su número creciente, más allá de las culturas y las historias, los pobres están negados y ocultos. Ahogados entre el estruendo oficial y oficioso.

Se resiste por toda Colombia, sí, pero es insuficiente. Cada vez son más evidentes las inconformidades. Con menos esfuerzo se escuchan las voces que revientan, se ven los gestos de inconformidad, se palpa la rabia. Pero aún continúa faltando lo fundamental: reconocernos en la inconformidad, supuestamente diferente según el sujeto, pero sin duda, identica de acuerdo al propósito: redistribuir la riqueza de todos, dejar atrás la miseria que agobia hogares y corazones.

No es casual, por tanto, que la campaña de murales iniciada por desde abajo pretenda evidenciar esa multitud que sueña y aporta para hacer otra Colombia. Invisibles para los grandes medios de comunicación -convencidos de sus ecos- pero evidente para quienes desde abajo surcamos las aguas de la injusticia.


Nos escriben

¿Y quién asume la grandeza si nadie asume el desamparo? Octavio Paz

Estimados señores. Los muros de esta ciudad me han hablado. Sus lenguas de aerosol pronunciaron su nombre. Escrito es en una de las paredes de la décima, y mientras salía del estupor producto de esa hermosa frase de Octavio Paz en su poema Fuente, como si la poesía y la posibilidad de reconstruir la utopía a través de la prensa, hubiesen convergido en un mismo espacio, en un mismo momento eterno, leí el nombre Periódico desde abajo, como un grito de la marginalidad, como la voz que surge desde la periferia para mostrar a todos el verdadero rostro de una nación múltiple, apaleada, difícil pero posible. Las franjas de la bandera son los brazos alzados de la gente. En eso pensé. Poema, pensamiento y muros que hablan, todo en una sola ventana de bus. Me interesa muchísimo su proyecto. Una vez que llegué a casa entré en Internet y estuve navegando un rato por la página web del periódico. Me uno al interés de construir un país entre todos, donde las voces del menos favorecido sean parte fundamental de los colores que integran esta nación a veces descolorida. Es cierto, Octavio Paz tiene razón: ¿Cómo asumir la grandeza sino se asume antes el desamparo? Nuestra clase dirigente sólo piensa en la grandeza del poder, ¿pero cómo asumirlo con dignidad si antes no se ocupan del dolor de los más débiles, de la sangre de nuestros muertos, de los caminos pedregosos que recorren los miles de fantasmas sin tierra que día a día huyen de las balas y la catástrofe, buscando refugios y encontrando frío y olvido? Es por eso que creo en ustedes, porque son la voz de los que no tienen voz, son los ojos en las órbitas de los que han perdido la vista a raíz de la triste y deslumbrante luz que enceguece cuando los horizontes y la esperanza estallan. Gerardo Ferro Rojas