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Comenzó saludando a los participantes en la III Cumbre de los Pueblos, clausurada el día anterior y celebrada en respuesta a la Cumbre de las Américas, acontecimiento al que debía dirigirse Chávez junto con otros 34 resto de jefes de Estado de América tras esa masiva concentración.

El presidente venezolano habló acompañado de varios cantautores, entre ellos Silvio Rodríguez, el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel, el líder boliviano Evo Morales, la representante indígena ecuatoriana Blanca Chancoso que leyó las conclusiones de la Cumbre de los Pueblos, el diputado argentino Miguel Bonasso, la representante de Madres de Plaza de Mayo Hebe de Bonafini y de hasta el héroe nacional argentino Diego Armando Maradona.

Chávez saludó a todos, pidió unidad una y mil veces para derrotar al imperialismo, algo que se echa de menos en Argentina, recordó a las Madres de Plaza de Mayo que “sus hijos no murieron, somos todos nosotros, este pueblo de América Latina que se levanta”. También confirmó públicamente los planes de Estados Unidos para agredir a Venezuela, revelados hace un par de días por la prensa norteamericana. Pero recordó, citando a Mao Tse Tung, que “el imperialismo es un tigre de papel”. El grito unánime, al más puro estilo argentino de “Bush fascista, vos sos terrorista”, salió de las gargantas de las decenas de miles de concentrados en el Estadio mientras agitaban las gigantes pancartas de sus numerosas organizaciones.

“Así como fracasó Estados Unidos en su intento para detener la revolución cubana fracasaría ahora en su intento de detener la revolución venezolana. Si se les ocurriera invadir a Venezuela comenzará en estas tierras la guerra de los cien años”, respondió el líder venezolano a las amenazas norteamericanas. Citó también unas palabras de Evita, “La patria será libre o su bandera flameará sobre sus ruinas, pero más nunca seremos colonia norteamericana”.

Continuó hablando del motivo de su presencia en Mar del Plata, la Cumbre de las Américas, liderada por Estados Unidos con su proyecto de implantar el ALCA en el continente, un acuerdo rechazado clamorosamente por los pueblos latinoamericanos, quienes ven en él un intento de norteamericano de controlar la economía del continente. Chávez dijo que “tenemos que ser no solo los enterradores del ALCA, sino los enterradores del modelo capitalista neoliberal que desde Washington amenaza a nuestro pueblo desde hace tanto tiempo”. Y añadió: “Debemos ser las parteras del nuevo tiempo, de la nueva historia, del ALBA. Vamos a enterrar el capitalismo para crear el socialismo del siglo XXI”. Y aprovechó para recordar la expresión de Rosa Luxemburgo de “Socialismo o barbarie”, “No se trata –afirmó Chávez- de un impulso político, ético, moral o ideológico al mundo, sino de salvar al planeta”. Recordó la relación entre el fenómeno del calentamiento global y la presencia de huracanes que han asolado varias regiones del mundo: “Está en juego la vida futura en el planeta, sólo la conciencia y la acción de los pueblos salvará el medioambiente”. No faltaron los comentarios irónicos, como cuando señaló que si seguimos destruyendo el planeta no podremos irnos, por ejemplo, a Marte, porque allí no hay vida, “parece que la hubo alguna vez, pero al parecer se instaló en Fondo Monetario y el Banco Mundial y dejó ya de haberla”.

También recurrió a sus habituales referencias religiosas. Afirmó que el primer capitalista fue Judas, al vender a un hombre, y que el primer socialista fue Jesús de Nazaret.

Tuvo momentos para destacar la importancia de la cultura y recordó las palabras de José Martí, “ser cultos para ser libres”, para relacionarlas con las de Simón Bolívar, “un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción”. Llamó a los asistentes a “leer, pensar y escribir”, e incluso se permitió recomendar un libro: “Hegemonía o supervivencia”, de Noam Chomsky.

Recordó que el proyecto de superación del capitalismo transciende más allá del periodo de la una generación: “Vamos a proponernos como meta de nuestra vida que cuando nos vayamos de aquí, si el imperio no ha desaparecido, al menos lo debemos dejar como un tigre de papel, mientras se levantan los pueblos como tigres de acero. No hay imperio que sobreviva cuando los pueblos han decidido ser libres”. Eso no le impidió pedir un “aplauso de reconocimiento y hermandad para la delegación norteamericano presente en la concentración”. “Con el pueblo de Estados Unidos debemos contar para salvar el planeta”, añadió al tiempo que pedía un aplauso para Cindy Sheehan, la madre de un soldado norteamericano muerto en Iraq que lidera todo un movimiento de protesta en Estados Unidos contra Bush. “Ellos que hablan de libertades la han metido presa ya dos veces”, afirmó Chávez.

Informó que “un millón de negros expresaron hace poco el sentimiento de los afroamericanos” y que “hay un importante repunte de la conciencia del pueblo de Estados Unidos”. Y, por supuesto, en Venezuela, donde 80.000 personas se acababan de manifestar en Caracas en apoyo a la Cumbre de los Pueblos y a América Latina”.

Explicó que, ese día, en Mar del Plata, habían venido a confrontarse dos viejos proyectos. “El de Jefferson y Monroe de América para los americanos, pero entendiendo americanos sólo a los habitantes de Estados Unidos, y el de “nuestro proyecto en el Sur, lanzado por Miranda, San Martín, Artigas, Sucre, Bolivar, Manuela Suárez... hace doscientos años”. Todo ello fue recibido por una gran ovación y agitación de banderas en una Estadio Mundialista atronado por las voces, cantos y tambores de decenas de miles de argentinos. Apoyados, eso sí, por una nutrida delegación cubana que nunca dejó de blandir orgullosamente su bandera en las gradas.

“Miranda –añadió- dijo que había que luchar en Sudamérica para conseguir una liga de naciones de nuestro continente”, y aprovechó para mandar un saludo a Haití, “pueblo, hermano, pueblo, heroico, pueblo mártir”.

“Y es que el Sur no es un concepto sólo geográfico –aclaró Chávez-, sino ideológico y político. Nuestra tarea es recuperar nuestra conciencia del Sur. Como diría Benedetti, “el Sur también existe”.

Reveló el secreto de una reciente conversación telefónica con Fidel Castro, quien se despidió de él, al grito de “Viva el Che, carajo”.

Y de nuevo dirigió sus miradas al amenazante imperialismo con quien se enfrentaría pocas horas después en la Cumbre de las Américas: “Tras la caída del Muro de Berlín el imperialismo USA arremete, decreta el fin de las ideologías. Hoy, apenas quince años después, le diremos, como la popular canción, que no estaban muertas, estaban de parranda. El socialismo no estaba muerto, estaba de parranda”.

No olvidó a quienes, al frente de gobiernos latinoamericanos, se entregaron al vecino del Norte. Se remontó a la Iniciativa para las Américas, en tiempos de Bush padre. “Inmediatamente las elites de nuestros países, que no de nuestros pueblos, se pusieron a la orden, con algunas honrosas excepciones, como Cuba que nunca claudicó”, afirmó arrollado por una masiva ovación a la delegación cubana. “Las elites se arrodillaron ante el imperio y comenzó la orgía privatizadora”, remató.

Fue inevitable la aparición de la figura de Menem ante los gritos del público. “No me gusta meterme con la gente, pero recientemente el ex presidente argentino Carlos Menem me ha calificado de populista y demagogo y yo le respondo, desde Mar del Plata: entreguista, cipayo, lacayo”. Calificativos que fueron adheridos por el público entre pitos y silbidos hacia la figura de quien vendió a precio de saldo el país. “La elite argentina entregó está república, pero hoy, la Argentina se levanta. Viva la patria de San Martín, de Evita. Viva Argentina, Te amo Argentina”, remató ante el éxtasis de decenas de miles de argentinos que no dejaban de ondear sus banderas blanquiazules”.

Sin olvidar a lo largo de su intervención, sus referencias a “ese cubano, que era argentino, que era latinoamericano, el Che Guevara”, presente en centenares de banderas del Estadio.

Su cita con Bush y el resto de mandatarios americanos en la Cumbre de las Américas inmediatamente después también fue referida por el venezolano. “Les recomiendo a mis colegas que no se acerquen mucho a Bush, es baboso (término utilizado en Venezuela para referirse a alguien gafe, que trae mala suerte)”. “Los pupilos de Bush en América Latina están cayendo de uno en uno”, añadió. “Miren aquel presidente de Bolivia –continuó-, Sánchez de Lozada. Los pueblos ya no aceptan presidentes entregados al neoliberalismo”.

Recapituló la historia del intento de creación del ALCA. “Decían que comenzaría a existir el 1 de enero del 2005 y el ALCA, hoy ¿dónde está?. Hoy le tocó el entierro a ese acuerdo en Mar del Plata. El próximo que vamos a enterrar es el capitalismo, pero para eso habrá que luchar más duro”, reiteró.

“Unidad, unidad, unidad y más unidad para tener patria, para lograr nuestros sueños que hacen posible la utopía”, no dejó de repetir.

Y pasó a defender su alternativa al ALCA: “Primero hicimos una propuesta tímida que ha ido tomando fuerza, como esos tambores que suenan por ahí,. Se trata no solo de decir no al ALCA, sino también de emitir una propuesta alternativa, el ALBA, es la Alternativa Bolivariana de las Américas. Es el proyecto desde hace doscientos años de San Martín, de Bolívar, de Sucre, de Perón, de Evita...”.

“Pero el ALBA –continuó-, debe ser construida desde abajo, con los agricultores, los obreros, los estudiantes, los poetas, los indígenas... No será construida desde las elites, sino desde abajo, desde nuestras raíces. Porque somos radicalmente revolucionarios, radicalmente patriotas, cada día más radicales”. Y detalló numerosos ejemplos de la materialización constante del ALBA entre las relaciones latinoamericanas, como la venta de petróleo venezolano a catorce países del Caribe con un descuento del 40 % y un interés al uno por ciento a pagar en veinticinco años, incluso con bienes y servicios en lugar de con dinero. “Por primera vez en cien años hemos llevado nuestro petróleo a países como Uruguay o Argentina en lugar de destinarlo a Estados Unidos”, señaló. Y recordó también la compra de bonos de desarrollo a Argentina, algo que no había sucedido nunca, lo que ha supuesto un balón de oxígeno valiosísimo a la difícil economía de este país.

Aquí en Mar del Plata anunció por primera vez su propuesta de Alianza contra el Hambre, el ALCHA, un proyecto para que en diez años, desde el 2005 al 2015, “derrotar el hambre en esta tierra”. “Venezuela ofrece para esta alianza diez mil millones de dólares”, desveló para sorpresa de todos los asistentes.

Y siguió relatando los ejemplos de cooperación latinoamericana mediante el ALBA: los acuerdos de sanidad y educación con Cuba que han permitido declarar a Venezuela zona libre de analfabetismo en dos años, la creación de Petrocaribe, una alianza de los productores petroleros latinoamericanos: “Venezuela tiene petróleo y gas para los pueblos de América Latina durante doscientos años”. Y no olvidó Telesur, la emisora de televisión latinoamericana que “cada día tiene mayor cobertura, para que nos veamos los rostros y oigamos nuestras voces”. Y también se dirigió sus comentarios al ejército argentino, con oprobioso pasado cada vez más superado: “los soldados argentinos tiene que llevar las banderas de los libertadores latinoamericanos, en el pasado el imperialismo tomó el control de estas Fuerzas Armadas para enseñarles a reprimir y torturar”. “Yo le dije a un soldado argentino cuando lo vi al bajar del avión presidencial: ese fusil que tienes en la mano es para defender al pueblo argentino y la soberanía de Argentina”; afirmó.

Y llegó el momento de la despedida para ir hacia la Cumbre de las Américas: “Me voy a la otra Cumbre a llevar el mensaje de ustedes, el de Patria o Muerte, Venceremos”.

Y así terminaba una baño de masas para Chávez, un baño de repudio para Bush, un baño de esperanza en Argentina y en América Latina. Precedido de la música de Silvio Rodríguez, el uruguayo Daniel Viglietti, los cubanos Santiago Feliú y Amaury Pérez, el chileno Pancho Villa y el argentino Víctor Heredia. Acompañados de Diego Armando Maradona y el director de cine Emir Kusturica. Y por supuesto de decenas de miles de argentinos y latinoamericanos que enfrentaron el frío, la lluvia, el cansancio de largas horas de viaje, pero, sobretodo, el acoso de un imperio norteamericano cada vez más derrotado en el continente.