El comportamiento de George W. Bush desde el 11 de septiembre de 2001 puede calificarse de suicida. La guerra de Irak es un ejemplo típico de ello. Esta guerra, montada por los que toman las decisiones con argumentos todavía poco claros y basada en falsas afirmaciones, es mucho más costosa en dinero y en sangre de lo que se había previsto. La guerra ha dañado a los Estados Unidos en el mundo y les ha dado una imagen imperialista en el mundo árabe y en el mundo musulmán en general.
Hay que reflexionar sobre los objetivos estadounidenses en Irak. Contrariamente a lo que afirma el gobierno de Bush, el riesgo terrorista no se vincula con el odio a la libertad o a una hostilidad cultural. Son los aliados de los Estados Unidos los que están sobre todo en el punto de mira del terrorismo. Es la política estadounidense la que alienta el terrorismo y permite el reclutamiento de tales grupos. La política estadounidense hacia Irak y Corea del Norte ha llevado a Irán a desarrollar un programa nuclear, considerando que ello fortalecería su seguridad. Asimismo, el apoyo paralelo dado al programa nuclear de la India contra China ha afectado la posición estadounidense en el terreno de la proliferación. Abu Ghraib y Guantanamo, por su parte, han denigrado la estatura moral de los Estados Unidos. Por último, el costo de la guerra de Irak ha creado un déficit abismal.
Esta situación beneficia a Rusia y a China. Hay que dejar a un lado a Irak y concentrarse en Irán y en el conflicto israelo-palestino.

Fuente
Los Angeles Times (Estados Unidos)

«American debacle», por Zbigniew Brzezinski, Los Angeles Times, 10 de octubre de 2005.