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Foto de los Presidentes en la IV Cumbre de las Américas. Mar de Plata, Argentina

En la Cumbre quedó demostrado que los tiempos han cambiado y ya Estados Unidos no puede imponer a su gusto las políticas neoliberales que implantó en los años 80 bajo la sumisión de los gobiernos de la época.

Muchos han sido los sufrimientos que esas directrices ocasionaron a América Latina las cuales han dejado a la región con uno de los índices de desigualdades entre ricos y pobres más grandes del mundo.

Las privatizaciones hicieron mella en la mayoría de los habitantes, al perder muchos sus empleos con las reducciones de plantillas o la desaparición de pequeños y medianos negocios ante el empuje de las poderosas compañías transnacionales.

Esa situación también debilitó la fuerza que tenían los sindicatos en América Latina al ser prohibidos o mediatizados dentro de los negocios privados o pasar sus empleados al sector terciario de la economía tras perder sus empleos.

Un estudio de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPALL)indica que más de la mitad de los 400 millones de latinoamericanos no puede satisfacer sus necesidades básicas y subsisten 102 millones de indigentes que ni siquiera logran darle de comer a sus hijos. La larga crisis y el costo social de los modelos neoliberales aplicados desde los años 80 agudizaron los profundos dramas de la zona y ya se ha hecho habitual ver a niños viviendo en las calles, ancianos mendigando, familias comiendo de los latones de basura o profesionales manejando taxis.

En los últimos 25 años 95 millones de personas se convirtieron en pobres, 226 millones viven con menos de dos dólares al día que no les alcanza ni para mal alimentarse.

En la IV Cumbre hubo voces muy discordantes, entre las que se destacaron las de México y Chile a favor de llevar adelante el Área de Libre Comercio para las Américas patrocinado por Estados Unidos y por el otro, Venezuela y Argentina que quieren una integración de igualdad sin presiones ni dependencias del norte poderoso.

La agenda acordada para la Cumbre comprendía tres temas: empleo, pobreza y gobernabilidad democrática y la discordia comenzó cuando el presidente mexicano, Vicente Fox trató de introducir, siguiendo las orientaciones de su homólogo estadounidense George W. Bush , la discusión del Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA) El presidente Néstor Kirchner recordó inmediatamente que no era el tema de la Cumbre, pero Fox continuó su alegato a favor de las bondades del ALCA y a continuación se le unió su colega chileno Ricardo Lagos.

Todos los miembros del Mercado Común del Sur (MERCOSUR) junto a Venezuela, cerraron filas en contra del proyecto neoliberal estadounidense y adujeron que antes de hablar del ALCA Washington debe corregir ciertas asimetrías comerciales, como los subsidios a la agricultura y eliminar las trabas que impone al comercio a pesar de enarbolar las banderas de una supuesta integración. El presidente venezolano Hugo Chávez, tras denunciar las intenciones norteamericanas de adueñarse de todas las riquezas del continente mediante la privatización y convenios leoninos para las naciones latinoamericanas sentenció que el ALCA había quedado enterrado en esa reunión.

Las discusiones sobre este punto apacaron los tres temas principales de la agenda y al final no hubo acuerdo sobre la declaración final y el jefe de la Casa Blanca abandonó Mar del Plata (sede del evento) antes de la firma del documento.

En un intento por destacar la actitud asumida por sus principales aliados, el subsecretario para Asuntos Hemisféricos Tom Shanon, quien dirigía a los negociadores estadounidenses subrayó a la prensa que "Lo bueno es que no tuvimos que hacer el trabajo. Los mexicanos y chilenos estaban más enojados que nosotros."

Pero México no es el más indicado para gritar por el ALCA pues desde que esa nación firmó con Estados Unidos y Canadá, el Tratado de Libre Comercio para América del Norte (TLCAN), la situación les ha ido de mal en peor. Datos de oficiales, ofrecidos por la Secretario de Economía indican que la pobreza afecta a más de 40 millones de mexicanos, (organismos internacionales lo sitúan en 53,2 millones) mientras el presidente del Consejo Coordinador Empresarial, Héctor Rangel reconoció que el sector privado emplea al 88 % de los trabajadores del país con lo cual se ejemplifica la poca fuerza de las empresas públicas.

El Centro de Investigaciones Estratégicas para México (CIEM) indicó que con una población económicamente activa de 42,4 millones, más de 30 millones de trabajadores carecen de seguridad social.

Con el TLCAN, las privatizaciones tomaron auge inusitado. Todos los bancos del país, con una sola excepción, se encuentran en manos extranjeras.

La industria automotriz está controlada por la General Motors, Ford Motor Company, y en el comercio lo hace Wal-Mart, la mayor empleadora del sector privado y el consorcio más grande de supermercados en México. En la actualidad, en la nación azteca operan 15 100 empresas con participación mayoritaria de capital estadounidense, que representan el 56 % de las 27 283 sociedades económicas que integran los receptores de inversiones extranjeras en el país.

Por su parte, el economista chileno Patricio Malatrassi cuestionó las cifras que maneja el gobierno en torno a la reducción de la pobreza y aseguró que en la actualidad el 57 % de la población vive en esa situación.

Agregó en declaraciones a Notimex que el poder adquisitivo de los chilenos cayó 38 % en los últimos siete años, mientras el país presenta una de las peores tasas de distribución del ingreso en América Latina pues estadísticas oficiales establecen que el 10 % de los ricos percibe 34.33 veces el ingreso del 10 % más pobre. Kirchner, cuyo país sufrió hasta su llegada al poder los embates más fuertes del neoliberalismo y la globalización en la región, junto a sus homólogos de Brasil, Paraguay, Uruguay y Venezuela no desean que esos problemas vuelvan a acrecentarse en sus países.

Los tiempos han cambiado desde que en 1994 nació el proyecto del ALCA. Eran tiempos en que en el hemisferio reinaban a su antojo las políticas económicas y sociales impuestas por Estados Unidos.

Como colofón, la Cumbre concluyó para el presidente Bush y sus recetas de libre comercio y privatizaciones en un profundo fracaso. Esperemos a ver qué pasa en la próxima reunión de la Organización Mundial de Comercio a efectuarse el próximo mes en Hong Kong.

Todo hace indicar que si las naciones desarrolladas insisten en sus millonarios subsidios a los agricultores en detrimento de los productores del Tercer Mundo, no abren sus mercados a los productos de esas regiones y no se alcanza un comercio justo, los resultados serán los mismo que en la anterior Cumbre de Doha. Otro rotundo fracaso.

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