La mañana de hoy en el programa radial Los más buscados de Radio 1160 que se propaga entre 6 y 8 de la mañana, el sapientísimo “internacionalista” Ernesto Velit llamó ignorante al director de ese espacio Roberto Martínez Meza porque le achacó desconocimiento de un texto que el locutor estaba leyendo de la propia Convención del Mar. En efecto, todos los que propagan el tema de la Convemar y su urgentísima adhesión por parte del Perú, son técnicos, sabios, estrategas, analistas, los únicos dueños de la ciencia infusa, los amautas del más íntimo conocimiento de lo que conviene al país, los que nunca se equivocan, los propietarios de la sabiduría excelsa. El resto, es decir, los 25 millones de peruanos son imbéciles, tarados, débiles mentales, incapaces de razonar o de interpretar cualquier documento internacional.

El señor Velit admitió la debilidad de este Congreso y gobierno. Si eso es así ¿para qué empujan, él entre estos, a que el Parlamento tome una decisión apresurada, difícil, que involucra temas de límites y evidentes y muy mal disimulados recortes de nuestro Mar de Grau? La propaganda puede decir cualquier cosa y, en este caso, hay cientos de millones de dólares desperdiciados en una difusión anodina que sólo habla de pretendidas bondades pero no educa ¡absolutamente nada!

No se entiende bien el asunto. Para todos, sin excepción, los fanáticos desinteresados de la adhesión del Perú a la Convemar, este es un asunto demasiado difícil y que no puede pasar por la consulta ciudadana. El artículo 3º de la Convemar habla de 12 millas y el artículo 54º de la Constitución de 200. ¿Es tan complicado, en la mente de estos pontífices de la ciencia, que el pueblo peruano discierna entre esos dos guarismos? Obvia decir que el desprecio hacia la inteligencia del resto no abona favorablemente hacia una discutidísima causa que tiene poco que ver, si algo, con el tema limítrofe con Chile.

También aceptó Ernesto Velit, ese dechado intelectual ultra disimulado o en las catacumbas ermitañas, que la Convemar era un tema, entre muchos otros, contribuyente a una solución del diferendo marítimo con Chile. ¡Qué raro! Hasta hace pocas semanas, la Convemar era una especie mágica que resolvía el asunto de modo instantáneo, inmediato, porque nos ponía a derecho y amparados. Este fue el cuento que durante meses y años recientísimos los panegiristas de la Convemar decían por todos los medios. Uno de los más ilustres, Ernesto Velit, da su parecer sereno e indica que NO es así.

Olvidan los convemaristas que Chile expresó al momento de firmar la Convemar que no utilizaría este instrumento jurídico para la solución de controversias con países con mar y costa adyacentes. ¿Por causa de qué ocultan lo que es información pública del país del sur? Sólo a idiotas, aunque crean ser oráculos de la historia, puede convencer que el secretismo es una arma convincente y no un bumerán que puede decapitar o fusilar a más de un traidor por improvisaciones que los pueblos sí castigan en público y en privado.

Ha hecho muy bien el Apra al sostener que este es un asunto que merece mucho mayor discusión y que deben ser el próximo régimen y Congreso, los responsables de tomar una decisión que indefectiblemente tiene que ir a una consulta popular, es decir al referéndum, tema al que le tienen terror los impulsadores de ONGs, de organizaciones transnacionales y analistas apátridas que sólo saben responder no al llamado del terruño y del Mar de Grau sino a los berreos traidores de las causas antinacionales y dolarizadas.

¿No es más fácil que todo el mundo se entere in extenso de las presuntas bondades y también de los peligros constitucionales que fueron advertidos por la Delegación peruana en 1982 al NO firmar la adhesión a la Convemar cuando refirió a discrepancias con la Carta Magna peruana? Recordemos que la Constitución de 1993, repite a la letra en su artículo 54 cuanto sirvió de patrón a aquellos diplomáticos responsables que NO suscribieron lo que era una evidente colisión –y sigue siendo- con la Constitución del Perú.

¿Quiénes ganan, los traidores que tienen miedo aterrorizado al veredicto popular en calles, plazas y urnas? ¿O es el pueblo el que tiene el derecho de custodiar, muy bien informado, sus límites, su heredad, su tradición e historia?

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

Lea www.redvoltaire.net