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El documento, aprobado tras meses de negociaciones preliminares infructíferas y con una ovación poco convincente, parece preservar la actual forma de gobierno de la red mundial de computadoras, dominada por la Corporación de Internet para la Asignación de Nombres y Números (ICANN, por sus siglas en inglés).

La ICANN es una entidad privada sin fines de lucro que trabaja por contrato con el Departamento de Comercio de Estados Unidos y tiene su sede en ese país, en el sudoccidental estado de California.

El embajador estadounidense David Gross, coordinador de Comunicaciones Internacionales y Políticas de Información de Estados Unidos, se manifestó “muy satisfecho con el resultado”.

Mientras, el sudafricano Thembe Phiri, que impulsó el gobierno multinacional de Internet, dijo que “prevaleció un espíritu de contemporización” y agregó que el Sur en desarrollo continuará reclamando una voz más fuerte en el futuro.

Es probable que el resultado provoque quejas de los grupos de la sociedad civil reunidos en Túnez, ya frustrados por las intimidatorias medidas de seguridad que han aislado totalmente a delegados extranjeros, periodistas y organizaciones no gubernamentales (ONG) nacionales.

Los países en desarrollo, la Unión Europea y grupos de la sociedad civil pretendían un arreglo para lograr una apertura de ICANN hacia un control más igualitario sobre Internet. En general, se considera que la red mundial de computadoras está bajo la tutela de Estados Unidos.

El seguimiento de la gobernanza de Internet, unos de los asuntos más polémicos desde la primera fase de la Cumbre (Ginebra, 2003), quedó en manos de foros independientes cuyas decisiones no son vinculantes. El primero de ellos se realizará en Grecia el año próximo, anunció el funcionario estadounidense.

Aunque fue propuesta como “la solución”, la CMSI está acentuando el problema: la parálisis política en la búsqueda de soluciones para la brecha digital entre Norte y Sur.

Todos coinciden en que Internet tiene un enorme potencial para el desarrollo en general, incluso en las áreas de la salud, el comercio y la gobernanza, entre otras.

Sin embargo, como quedó en evidencia en las arduas preparaciones para la Cumbre, la brecha Norte-Sur prevaleció sobre el manejo futuro de Internet, una herramienta que según miembros de la sociedad civil es “un espacio público global que debería ser abierto y accesible para todos, sin discriminación alguna”.

“Internet, por lo tanto, debe ser considerada una infraestructura pública mundial”, dice la Asociación para el Progreso de las Comunicaciones (APC), una red internacional de organizaciones de la sociedad civil.

“En este sentido, reconocemos que Internet es un bien público mundial y que el acceso a la red debe responder al interés público y ofrecerse como servicio público”, agrega.

Sin embargo, en las negociaciones de última hora se volvió evidente que el Sur está muy lejos de lograr sus propósitos.

Pese a la presión de Brasil, Cuba, Venezuela, Sudáfrica, Irán y otros países en desarrollo, Estados Unidos y Australia se resistieron con firmeza a cualquier medida que implicara una transferencia de poderes de ICANN, administradora del “sistema de nombres de dominio” que permite comunicarse entre sí a millones de usuarios de computadoras de todo el mundo.

Lo máximo que obtuvo el Sur fue el comienzo de un proceso “democrático y transparente” y que podría prever la creación de un “marco o mecanismo cuando sea necesario”. También habrá fondos voluntarios y un foro sin poder alguno para que todos participen.

Algunos delegados del Sur se consolaron por el reconocimiento de Internet como medio de desarrollo.

Sin embargo, la esperanza del Sur era convertir la brecha digital en el “dividendo digital” para que los 800 millones de africanos dejen de tener menos acceso a Internet que los 400.000 habitantes de Luxemburgo.

El secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Kofi Annan, describió la cumbre como “única”, porque considerará “cómo usar mejor un nuevo activo mundial” en lugar de concentrarse en amenazas mundiales, como hacen la mayoría de las cumbres mundiales.

De hecho, la CMSI comprende mucho más que la gobernanza de Internet. Numerosas empresas exhiben en un reluciente complejo los últimos productos en materia de tecnología de la información y las comunicaciones.

Además, más de 300 “eventos paralelos” y mesas redondas debaten sobre asociaciones entre empresas privadas y comunidades locales para extender y abaratar el acceso a Internet en Asia, Africa y América Latina. Uno de los proyectos comprende el uso de energía solar para alimentar las computadoras en lugares donde la generación de electricidad es costosa.

Yoshio Utsumi, director de la Unión Internacional de Telecomunicaciones y secretario general de la Cumbre, impulsa un proyecto de 1.000 millones de dólares, llamado Conectar al Mundo, para lograr el acceso de 800.000 aldeas a Internet.

La segunda fase de la CMSI se inaugura en medio de crecientes quejas de los periodistas por el tratamiento recibido de la policía tunecina, que agredió físicamente a reporteros. Aunque no se nota una presencia masiva de policías uniformados, se cree que hay numerosos agentes de seguridad vestidos de civil.

Las vías que conducen a la sede de la Cumbre, a orillas del mar Mediterráneo, están férreamente vigiladas por puestos de control.

La elección de Túnez como sede de la conferencia fue blanco de críticas de grupos defensores de la libertad de expresión, por la represión de la prensa en ese país.

IPS