Propone el director del diario Correo, Aldo Mariátegui, la clausura de Ollanta, mensuario que lidera Antauro Humala. Creo pertinente recordar lo que alguna vez en pleno fragor político y desde el primer ministerio, dijo Rafael Belaunde: ¡las masas se combaten con las masas! Verbi gracia: le propongo a Mariátegui el reto de un diario nacional, no limeño ni excluyente, abierto a los grandes problemas del país y catalizador de numerosísimas corrientes alternativas que difieren –y hasta odian- a los partidos y que se generan desde las bases mismas de la sociedad.

El periodismo limeño, gracias al centralismo y poder económico de las empresas afincadas en la capital, se cree nacional y habla por el resto del país, desde oficinas con aire acondicionado y con computadoras que a no pocos intonsos se les antojan como sus armas salvadoras del país vía su “opinión” que reitera monsergas epidérmicas y que justifica, aderezo más o menos, que todo esté como está porque mover un milímetro el sistema significa poner en riesgo el trabajo y el diseño asimétrico de la sociedad.

Muchos “formadores de opinión” son fábrica cosmética de los medios. Aparecen en radio, diarios y televisión. El universo de los “escogidos” no llega a 100 ó 200 y son los mismos, con discursos idénticos que simplemente orillan los intríngulis para no adentrarse ¡jamás! en las profundidades. De hacerlo se encontrarían con los anunciadores, con los bancos, con las grandes transnacionales mineras o energéticas, con las ONGs beneficiadas de dólares múltiples y entonces pasarían al índex y, por tanto, cruzarían el peligroso Rubicón de “salirse del sistema”.

Si se supera estos encuadres, absolutamente limitados a un modelo individualista, con prevalencia del dólar compra-conciencias, y se abren las compuertas para que los disidentes del sistema opinen, digan cuanto quieran y cuestionen lo que les plazca, es hasta posible que el lector de a pie entienda que no necesita de otras herramientas que aquellas al alcance cotidiano para enterarse, formar idea y deducir al libre albedrío cuál su criterio sobre este o cualquier asunto. ¿Para qué clausurar o pedir la cerrazón de medios si se puede –y debería hacerse- medios mejores, más limpios y plurales?

¿Porqué causa tanto miedo la publicación Ollanta? Porque habla fuerte y afirma asertos que muchos sienten como suyos porque el sistema mediático nacional no los toma en cuenta y los desdeña con desprecio, y más que desprecio, con un terror solapado a que se descubra claramente que hay mucho de verdad en lo que se dice. En medio de confusiones ideológicas, diagramaciones difíciles de asimilar y hasta reñidas con la modernidad gráfica, premunida de discutibles aseveraciones, Ollanta, incluye a mucha gente que NO encuentra nada de su temática en los diarios. ¿Hay que ser brujo o analista para descubrir algo tan simple?

Las clausuras sólo enriquecen al clausurado. A un periodismo chato como el limeño hay posibilidades de otorgarle una representación nacional, obviamente prescindiendo de paternalismos absurdos y desagradables para con los colegas del interior que detestan este tradicional maltrato que les llega desde Lima. Esto se lo planteé a un alto oficial de Correo, muchos meses atrás. Entonces pareció haberse encendido el entusiasmo que se enfrió a los pocos días. ¡Cada quien tiene derecho a escoger cómo construye su pedestal o cava su tumba!

No pocas veces he leído que Mariátegui fustiga con látigo fiero a los portaestandartes de las ONGs caza-dólares; a los gonfaloneros de la mediocrísima izquierda caviar; a los turiferarios oficialistas que hacen parecer interesante el régimen delincuencial de Kenya Fujimori. Sin embargo, mi modesta impresión sigue siendo que los que están allí son guardianes, concientes o inconcientes, del modelo porque sólo se escuchan entre ellos.

“¿Será una trágica constante, al cabo de años de apostolado, de no evadir los temas esenciales del drama, luciendo el coraje moral de estar contra los mandarines, tener, sin prensa adicta, un atardecer escéptico por el silenciamiento?” *

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

*Prólogo de Alfonso Benavides Correa al libro Las veleidades autocráticas de Simón Bolívar del embajador Félix C. Calderón, junio 2005.