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Petróleo: de maldición a herramienta para el cambio

Entrevista a Franco Munini, venezolano, 50 años, es ingeniero químico especializado en diseño, instalación y operación de plantas químicas para el procesamiento de petróleo y bauxita. Ha trabajado para varias empresas consultoras de ingeniería, y hoy día es uno de los tantos intelectuales progresistas que apoya la Revolución Bolivariana. También escribe en medios electrónicos alternativos.

| Caracas (Venezuela)
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- ¿Quién y cómo maneja el petróleo en Venezuela en este momento?

- El petróleo, como cualquier producto, pasa por una larga cadena desde el momento en que termina de ser producido (en este caso: extraído) hasta que llega al consumidor final. La cuestión básica no es ¿quién lo produce, quién lo extrae? sino, especialmente, ¿quién lo comercializa? Este punto es quizá el más difícil de ver, de hacerle un seguimiento. En muchas ocasiones las ventas no son de gobierno a gobierno; en muy buena medida el mercadeo está en mano de corredores internacionales y no del Estadovenezolano.En Venezuela el petróleo siempre ha sido manejado por extranjeros, desde el momento en que se comienza a explotar en la segunda década del siglo XX.

E insisto: no sólo la producción, sino las ventas. Para muestra, veamos lo que ocurrió durante el paro petrolero del 2002/2003: a través de todo tipo de saboteo, ahí se detuvo la extracción, pero siguieron las ventas, que seguían siendo hechas por estas empresas que se encargan de ese ámbito. Hoy por hoy, entonces, el petróleo de Venezuela no está totalmente en manos nacionales.

Ahí siguen estando multinacionales como las estadounidenses Chevron/Texaco y la Exxon/Mobil, la británica British Petroleum, la anglo-holandesa Royal Dutch Shell, la francesa Total, la estatal china China Petroleum, la argentina Pérez Companc y otras.Argenpress: Si las multinacionales petroleras no han perdido su negocio en Venezuela, entonces ¿por qué esta agresividad tan grande de Washington hacia la Revolución Bolivariana?Franco Munini.

Por lo que la misma significa como modelo, como aspiración. En realidad creo que esta revolución está recién en su primera fase, está arrancando. El desafío viene a mediano y largo plazo. La cultura moderna basada en el consumo desbocado de petróleo no es ningún gran progreso humano. Y para Venezuela, en concreto, estar sobre un mar de petróleo fue, más bien, una maldición.Aunque se hable del boom petrolero y de la bonanza que eso trajo para el país a lo largo del siglo XX, en realidad eso funcionó en todo caso como un mecanismo que atrasó un desarrollo sano y sostenible.

Provocó una aristocracia petrolera que vivió parasitariamente por décadas, sin producir ninguna otra cosa, al lado de grandes mayorías paupérrimas. Despobló el campo creando ciudades como Caracas, verdaderos monstruos urbanísticos que dieron cobijo a miles y miles de desplazados internos que venían en busca del paraíso de esta supuesta bonanza económica que traían el dinero fácil, pero que no sirvió más que para crear un sociedad bastante disfuncional: llegamos a la locura de no producir más alimentos e importarlos. Una sociedad en plena tierra tropical donde debería sobrar la comida que no tiene autosuficiencia alimentaria es totalmente disfuncional, insostenible. En ese sentido el petróleo, más que beneficio, fue maldición.Además fomenta una cultura del consumismo que es en todo aspecto insostenible, ya no sólo para Venezuela, sino a escala planetaria.

Los tremendos cambios climáticos a que estamos asistiendo, el deterioro en las condiciones ambientales que hoy sufrimos, el derretimiento de los polos, el agujero en la capa de ozono, son todas consecuencias de un modelo de desarrollo basado en un consumo bastante irracional que ningún habitante eligió sino que le impusieron. Le impusieron, justamente, esas mismas multinacionales petroleras que siguen operando aquí. Por eso, aunque el gobierno de la Revolución Bolivariana no haya expropiado a todas estas compañías de capital privado, el hecho de plantear otros modelos a futuro, de plantear una integración basada en la solidaridad, en el humanismo, ahí está lo que el imperialismo ve como su peor amenaza.

De ahí su continuo ataque. Venezuela, que vivió por años de este negocio, y que todavía sigue viviendo (la mitad de su ingreso proviene de esa fuente), puede encontrar en el petróleo la herramienta que le permita liderar una revolución humanística que supere la cultura del petróleo.Argenpress: Es decir, el petróleo como instrumento de cambio. Pero ¿de qué manera?Franco Munini. Si algo tiene la Revolución Bolivariana es que, si bien se nutre del petróleo, a futuro puede ser la peor amenaza para el imperialismo norteamericano: apunta a quitarle mercado, a cambiar la cultura del consumo por la cultura de la solidaridad. Y ahí está la propuesta del ALBA.

Por eso los gringos tiemblan, no lo pueden digerir.En realidad, en términos económicos, hoy no están mal las relaciones con Estados Unidos; ellos tienen reservas petroleras para unos 10 años más, en tanto Venezuela las tiene para aproximadamente 60. Y un 15 % de lo consumido por Estados Unidos viene de Venezuela. Es decir: le seguimos dando lo que ellos necesitan, y ellos pagan. El problema no está ahí; la prueba es que el gobierno revolucionario no ha tocado a las empresas extranjeras, quienes siguen trabajando y haciendo negocios sin problemas, y cuando con la nueva Ley de Hidrocarburos se subió la carga tributaria de los crudos pesados de la franja del Orinoco, las multinacionales lo aceptaron sin chistar. Entonces, la cuestión no es de orden comercial en torno al petróleo: la cuestión estriba en un nuevo modelo de integración, de relaciones comerciales que no están en esta lógica del capitalismo consumista que la República Bolivariana de Venezuela está impulsando.

Ese es el verdadero problema para la estrategia de dominación hemisférica de Washington.Aprovechando la riqueza petrolera que tenemos, y todos los pasos que en el plano continental e internacional la Revolución ha venido dando, el petróleo puede servirnos como instrumento para la liberación.Digámoslo claramente: la Revolución se alimenta del petróleo, lo cual es estar aliado con el diablo. Pero hay que ir más lejos, más allá de este modelo insostenible de progreso. Hay que fomentar la investigación en otras fuentes energéticas; con toda la riqueza y el capital político que hoy día tiene la Revolución Bolivariana y su presidente Hugo Chávez, puede tomar la iniciativa en este campo, incluso dentro de la OPEP.

Hay que dejar de depender del petróleo, buscar nuevas fuentes de energía, optimizar al máximo la eficiencia de los transportes públicos, democratizar el acceso a las energías renovables. En otros términos: hay que salvar a la humanidad.Y si la propuesta de integración no capitalista como es el ALBA le quita negocio a ese modelo que impulsa el gobierno de Estados Unidos, entonces Venezuela pasa a ser el enemigo público número uno.Para el imperialismo el encono máximo hoy ya no es Cuba; es la integración latinoamericana que quería Bolívar y que Venezuela está empezando a dibujar.Por eso digo que si se sabe usar con sabiduría, el petróleo puede dejar de ser maldición para empezar a servirnos de otra manera. Puede comenzar a ser herramienta para la liberación.

Ahí está Petrocaribe como ejemplo: gracias al petróleo, ese don que la naturaleza quiso conferirle a Venezuela, podemos empezar a buscar mecanismos de integración solidarios, que son los que le quitarían negocio al capitalismo salvaje.Argenpress: ¿Qué papel juega en esto la empresa energética estatal PDVSA –Petróleos de Venezuela Sociedad Anónima–? ¿Cómo contribuye esta empresa “aliada con el diablo” a ese proceso de transformación?Franco Munini. PDVSA es un mundo aparte, cerrado y con su dinámica propia. Si bien hay una incipiente nueva política de Estado en el tema energético, todavía el peso de la tradición es el que domina. Como decía hace un momento: estamos recién en la primera fase de una gran transformación; el socialismo del siglo XXI recién está queriéndose definir. Pero esta empresa aún se mueve con una lógica de multinacional, y en realidad, aunque luego del paro petrolero está recuperada por el Estado, sigue manteniendo dependencia tecnológica de las multinacionales.

Siendo objetivos no podemos dejar de reconocer que funciona como isla, más allá de las intenciones del gobierno revolucionario: sus trabajadores tienen salarios que ningún otro obrero venezolano tiene. Y su clase gerencial, que fue la que promovió el paro que hizo perder 13.000 millones de dólares al país tensando la situación al máximo, no ha cambiado todo lo que esperaríamos. Sigue siendo una aristocracia intocable en buena medida. Hay gente que apoyó el paro y ahora sigue siendo parte del plantel.

Por supuesto que no es fácil cambiar una dinámica que se arrastra desde hace años, pero eso indica que la empresa petrolera continúa con su situación de isla bastante intocable.No hay dudas que se han dado grandes pasos luego del sabotaje sufrido hace tres años; y ahora la gran cantidad de divisas que produce el negocio petrolero llega a la población. No olvidemos que 27.000 personas fueron cesanteados para el 2003. Hay cambios, importantes cambios sin dudas: ahí están las misiones para muestra. Pero PDVSA sigue pensando como multinacional petrolera, y lo que necesitamos es ir más allá.

De hecho, esas misiones son mecanismos que representan un enorme paso para la sociedad venezolana, pero a PDVSA le han servido más bien para evitar una mayor injerencia popular en su estructura interna. El gobierno revolucionario, sin dudas, está fomentando cambios, pero hay que seguir trabajando mucho todavía.Tenemos que cambiar la forma en que los venezolanos nos vemos; tenemos que cambiar la cultura petrolera.

Hay que profundizar la formación ideológica y superar el consumismo del baseball y de los concursos de belleza. En todo ello juega un papel determinante la educación. Debemos educar a las nuevas generaciones para una nueva actitud, basada en la solidaridad y no en el hiper consumo; y por supuesto respetando nuestra idiosincrasia de gente del trópico. La Revolución Bolivariana tiene que saber aprovechar la riqueza petrolera para abrir una profunda crítica a esa cultura del consumismo que nos metieron justamente las multinacionales petroleras. La nueva integración solidaria como bloque latinoamericano puede ser la clave fundamental para derrotar al imperialismo; y si queremos decirlo así: para proponer nuevos modelos de desarrollo sostenibles que sirvan, en definitiva, para salvar a la humanidad del desastre al que el capitalismo nos ha llevado.

Argenpress

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