Al cabo de diez años de asociación Euromed, la situación en materia de Derechos Humanos es sumamente limitada al nivel de la realización de los derechos fundamentales. La libertad de prensa, la independencia de la justicia, la democratización de los sistemas políticos, así como el derecho de asociación, dejan mucho que desear. No obstante, el proceso ha permitido crear instrumentos financieros y establecer relaciones con las ONG y las sociedades civiles por medio de un diálogo político.
En el seno de Euromed existen dos problemáticas europeas de gran importancia: la gestión de los flujos migratorios y la lucha contra el terrorismo. Infelizmente, nuestros parlamentarios y las sociedades civiles no están lo suficientemente asociados en la evaluación de los progresos obtenidos. Crear una red entre los protagonistas políticos y asociativos de esta región es necesario para que todos puedan participar.
La nueva política europea de vecindad (PEV) incluye planes de acción con objetivos más precisos en materia de democracia y de derechos fundamentales que son, en verdad, muy operativos. Pero esos objetivos no han sido aún claramente evaluados en el seno del subcomité para los Derechos Humanos, ya que la Unión Europea aceptó la solicitud de Israel de no contar con un subcomité de evaluación. Desde entonces, Europa aplica una política de doble rasero, perdiendo credibilidad ante otros asociados tales como Marruecos, Jordania o Túnez. La cuestión de analizar la situación de los Derechos Humanos, caso por caso, sigue pendiente de debate. El carácter individual de la evaluación es esencial, ya que en esos países los defensores de los Derechos Humanos no pueden trabajar adecuadamente.
La Unión Europea es incapaz de crear un dispositivo para ejercer presión. Túnez es emblemático en ese sentido. Por consiguiente, es primordial que la UE encuentre un medio de presión para evitar que se debilite su imagen en el terreno internacional. Haría falta, por ejemplo, suspender determinados tipos de fondos, aunque sin poner en peligro el desarrollo económico del país. En fin de cuentas, Túnez representa un desafío para la credibilidad del proceso euro-mediterráneo.
Hay que dejar a un lado el concepto de que la Unión Europea es la «maestra» en cuestiones de democracia y evitar caer en una actitud neocolonialista. Más bien hay que crear una base de compromiso democrático común mediante un pacto internacional. La sociedad civil de los países del Tercer Mundo comparte nuestros valores tales como la libertad de asociación, de prensa y de justicia. También observo que las exigencias derivadas de la lucha contra el terrorismo ponen a prueba el fomento de la democracia y del desarrollo de los Derechos Humanos.

Fuente
Cafe Babel (France)

«L’UE n’est pas le professeur en matière de démocratie», por Hélène Flautre, Cafe Babel, 28 de noviembre de 2005.