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Una posibilidad era la participación en un sistema institucional consolidado, reformado y apoyado por la mayoría de los venezolanos, inclusive por los que votaron contra el gobierno, pero al hacerlo afirmaron su confianza en la nueva Constitución. Tenían que enfrentar el creciente apoyo conquistado por el gobierno, pero por lo menos dispondrían de un marco definido de leyes e instancias jurídicas.

Otra alternativa era apostar nuevamente a la aventura del golpe militar, como había tratado de hacer los años anteriores, hasta desembocar en el golpe de abril de 2002, cuando, con la participación protagónica de los grandes medios de comunicación y del gobierno de los EUA, llegó incluso a detener al presidente Hugo Chávez, hasta que un formidable movimiento popular, inédito en América Latina, consiguió reponer el mandatario en la presidencia, revirtiendo el golpe militar.

A pesar del fracaso, es el método más coincidente con la actuación del gobierno Bush, cuyos asesores no se cansan, absurdamente, de proclamar que el problema mayor para la democracia en el continente no estaría en Colombia y su conflagración interna, sino en la Venezuela bolivariana. Como parte de su “guerra infinita”, Venezuela paso a ser uno de los focos de la acción estadounidense, que tiene en los partidos opositores, su punta de lanza

Cuando los venezolanos se alistan para votar, renovando sus instancias partidarias, la desmoralizada oposición, ante del fracaso que las encuestas señalan -más de un 70% de apoyo al gobierno-, decidió, con toda la cobertura del gobierno Bush y de los grandes medios de comunicación internacionales que responden a esa orientación, boicotear las elecciones, alegando falta de condiciones de transparencia.

Incluso el presidente de uno de esos partidos y otros altos dirigentes discrepan de esa decisión y seguirán participando en el proceso electoral, pero lo que interesa a esos grupos minoritarios y golpistas, es crear un clima que pueda favorecer una intervención militar de los EE.UU.; objetivo de esas acciones desestabilizadoras que, al no contar con apoyo interno, apelan a sus tradicionales apoyos externos.

Una gran acción de apoyo al gobierno legitimo y popular de Venezuela es absolutamente indispensable, para evitar una maniobra golpista más, que se viene a sumar al golpe militar y a la huelga empresarial de 2002, que fueron superadas por el gobierno de Hugo Chávez, gracias al apoyo popular, así como a la solidaridad internacional. El gobierno brasileño debe inmediatamente pronunciarse contra esa nueva maniobra del gobierno Bush y de sus aliados internos y externos, en el momento en que Venezuela se adhiere al MERCOSUR y suscribe importantes acuerdos con Brasil, con Argentina, con Cuba, entre otros países del continente, acelerando el proceso de integración regional.

Esa contraofensiva derechista no es ajena a lo que hace la derecha brasileña, como parte de la acción desesperada del gobierno Bush, aislado por el rechazo continental a su política agresiva y guerrerista. Hace parte de ella y, como tal, debe ser rechazada contundentemente por el pueblo brasileños, por sus organizaciones políticas, sociales y culturales, así como por su intelectualidad crítica.

Traducción: ALAI