La historia de la colonización francesa es un desafío capital pues se juzga a la Francia actual a la luz de la acción colonizadora y esclavista que practicó. En todo caso, es lo que hizo un movimiento como los Indígenas de la República. El juicio que se hizo a la colonización no es más que un factor para discriminar en función de los orígenes étnicos y constituir comunidades hostiles a la República en función de un pasado colonial que explicaría las desigualdades existentes entre los ciudadanos franceses. En ese contexto, todo debate sobre el balance de la colonización se torna difícil y el Artículo 4 de la ley del 23 de febrero de 2005, que invita a los maestros a que den a conocer los aspectos positivos de la colonización, no pudo menos que provocar protestas. _Por mi parte, me opongo a cualquier imposición de una «historia correcta» por parte del poder político que coloque después al historiador frente al juez. Es cierto que la historia de la colonización ha sido con frecuencia magnificada, edulcorada, pero al mismo tiempo, la escuela histórica y geográfica francesa, en el terreno, constituía una historia y una geografía coloniales, por encima de cualquier sospecha. No sucede lo mismo con los políticos a quienes les cuesta trabajo recordar las posiciones ambiguas de sus partidos durante el período colonial.
Habida cuenta de este hecho capital de la historia contemporánea de Francia, no se debe permitir que se trate la colonización en términos simplistas, y mucho más cuando los pueblos colonizados mantienen la herida del período colonial, ese es el caso también de los franceses de la metrópoli, pienso sobre todo en los franceses de Argelia. No establezco una equivalencia ni comparación, pero pido que todo se tenga en cuenta en el enfoque histórico: la cárcel de Poulo Condor en Indochina y el Instituto Pasteur de Saigón; el trabajo forzado impuesto por el colono y la prohibición de la esclavitud; la destrucción de la cultura indígena y la escuela francesa laica o misionera que se abren al mundo; la condición inferior del indígena y la promoción de los mejores (Senghor es su modelo). No se debe esconder nada de los crímenes de los colonos y de las respuestas violentas de los colonizados.
Sin embargo, no cometamos en esta empresa el pecado del anacronismo. Sí, la historia de la colonización está llena de sangre y de crueldad, pero no hay «naciones santas y puras», y no me parece que, una vez adquirida la independencia, las nuevas naciones surgidas de la colonización hayan conocido una historia pacífica. La historia es violencia y la única manera de intentar dominarla es, ante todo, escribirla respetando los hechos, todos los hechos. Camus lo comprendió así.

Fuente
Le Figaro (Francia)
Difusión: 350 000 ejemplares. Propiedad de la Socpresse (creada por Robert Hersant, hoy es propiedad del constructor de aviones Serge Dassault). Es el diario de referencia de la derecha francesa.

«Colonisation : la tentation de la pénitence», por Max Gallo, Le Figaro, 30 de noviembre de 2005.