Los incultos, y de esos burros hay miles en Perú, llaman decano al sub-decano, un diario profundamente anti-cholo, excluyente, limeño, representante del insolente 5% que tiene poder poderoso en el país y que de cuando en vez arremete con sus fauces contra quienes reputan como escollos o inconvenientes. Esta vez, esa náusea llamada El Comercio ha impulsado una campaña sucia contra César Hildebrandt. No es la primera vez. Y desafortunadamente, no será la última. Cualquier observador puede analizar el periódico de la calle La Rifa y encontrará una exégesis de las profundas asimetrías que resquebrajan cancerosamente el cuerpo social peruano.

Hay idiotas cuyo único afán o ambición consiste en publicar en las páginas de El Comercio para ganar, según ellos, “respetabilidad”. ¿Qué honor puede reclamar una publicación que en plena guerra en 1879, lanzó aquella vergonzante sentencia: “Primero los chilenos que Piérola”? A posteriori han querido lavarse el rostro y hacer olvidar semejante pusilanimidad y marca que llevan por estandarte, pero fue don Manuel González Prada quien se encargó de retratar la miseria veleidosa y ruin de este periódico.

El poder real, ese que digita inversiones, orienta cómo se mueve el país, consagra a infelices como estadistas y a traidores como prohombres, tiene en El Comercio una de sus herramientas institucionales más representativas. Jamás hay cuestionamientos de fondo a todas las transgresiones y crímenes contra el medio ambiente; siempre es guarida de causas antinacionales y de genízaros comprados al peso; las grandes empresas saben bien que El Comercio se encargará de matizar sus tropelías, convertir los asesinatos en obras de beneficencia como Choropampa en Cajamarca y por el derrame de mercurio que protagonizó Minera Yanacocha o cuanta licitación hechiza o inversión extraña con enjambres legales discutibles demande profilaxia mediática, tendrá ¡qué duda cabe! en El Comercio la usina para disimular abusos y violaciones contra el Perú y sus trabajadores.

Ciertamente César Hildebrandt reveló los intríngulis del tema Lan Chile y su testaferro Emilio Rodríguez Larraín quien, por razones familiares y crematísticas, encontró ¡qué raro! en El Comercio la precisa lavandería para tapar todas las irregularidades de una transacción inexplicable. Pero sostener, como lo ha hecho el valiente periodista CH, que lo hizo solo, es una exclusión ligera: por lo menos a nivel de múltiples listas de interés en Internet, dentro y fuera del Perú, Raúl Wiener y quien esto escribe, también estuvimos, en ese, como en otros muchos temas, disparando desde nuestras respectivas y más modestas trincheras. Años atrás, desde Liberación, bajo la dirección de Hildebrandt, Wiener y el suscrito, hicimos, también, páginas de lucha contra la dictadura y sus testaferros.

El Comercio ha sido –y es- parte de un sistema que ha fabricado figuras y figurones. Muchos de ellos son ficción que no resiste un escrutinio severo. Ni periodístico ni científico. Y mucho menos literario. Años atrás, un pobre diablo, fue pagado para escribir un folleto repugnante contra César Hildebrandt. Ese pseudo escritor que tiene la manía de “autografiar” sus vómitos impresos, no es más que uno de esos que El Comercio santifica y eleva a la categoría de literato. En realidad es un sicario de la pluma y aunque redacte tres o cuatro párrafos continuos, la venalidad de su oficio y vocación, dan simplemente asco.

El Comercio no es serio ni respetable. ¿Porqué no demuestra lo contrario indagando qué ha ocurrido con aquellas notas reversales que involucran a Javier Pérez de Cuéllar en la suscripción de una delimitación marítima favorable a Chile desde 1969 y que nadie, ningún medio de comunicación, escrito, hablado o televisivo, quiere tocar y que fue denunciado por el candidato presidencial del Apra, Alan García Pérez? Esto pasa por una definición de lealtad a la patria y está en contradicción con lo que pregona nuestra Cancillería que sostiene que Perú NO tiene delimitación marítima con el país del sur. ¿O hay miedo de confirmar traiciones que tienen una pena severísima para con sus fautores? La náusea no puede reemplazar realidades por más duras y dolorosas que ellas sean, si son confirmadas en la crudeza que muchos empiezan a presumir como evidente.

Una experiencia recientísima. Contraté a El Comercio un espacio publicitario para la difusión del libro: LAP: un fraude en tres letras que un grupo militante de amigos fletó para el libro de Raúl Wiener. Después de 48 horas me dijeron que NO iban a sacar el aviso porque un supuesto veto del departamento legal, así lo había establecido. Por toda explicación, me repitieron: “El diario El Comercio se reserva el derecho de publicar, rechazar y/o modificar el texto del aviso y su ubicación aún cuando haya sido pagado”, como rezan sus hojas comerciales. ¿Son o no caraduras los de la náusea, digo El Comercio?

No está sólo César Hildebrandt y aunque no se goce ni de la fama ni de la fuerza mediática que él objetivamente tiene, sí que hay quienes dicen sus verdades de frente y con fiera gallardía insobornable. Años atrás me fue mostrado el acta de un directorio de El Comercio, en este apunte, el suscrito figuraba como persona no grata por no sé qué texto. Aún sin recordarlo, debo ratificar que si se refería a la náusea, digo a El Comercio, lo repetiría sin ambages y con gran alegría. La medalla cívica, contrario sensu, otorgada por estos señores, realmente recuerda que cada quien está en su puesto. Y los traidores siempre estarán al lado de las oligarquías minoritarias y anti-populares.

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!