El especialista en temas energéticos y gasíferos, el contador público argentino, Norberto Benito, gerente general de Pluspetrol, asociada con TGP (Transportadora del Gas Peruano) enseñó cómo se explica, con la brillantez esperada en estos casos, la cuarta falla del gasoducto que parte de Camisea, por cuarta vez, en menos de un año, afirmó el científico: ¡los sismos tienen la culpa! O sea: los equipos técnicos que tendieron el gasoducto no previeron, en un país con sismos al por mayor, que esta contingencia podía ocurrir en cualquier momento.

Al margen de la deliciosa estupidez que destilan las palabras de Benito hay un asunto que no puede dejar de resaltarse: ¡ni los partidos políticos –mejor dicho, clubes electorales-, ni los gobernantes, mucho menos los organismos de control, parecen percibir la gravedad que tienen estas continuas fallas en el gasoducto que indican, a simple vista, que hay algo mal hecho o muy deficientemente fabricado. ¿No es hora que la flamante Defensora del Pueblo, Beatriz Merino, meta el diente a un problema delicadísimo que compromete la salud de las poblaciones y la pulcritud de normas que deben seguirse para NO destruir el medio ambiente?

El ex ministro de Energía y Minas, ingeniero Carlos Herrera Descalzi, afirmó, días atrás, en tono enérgico sobre la necesarísima intervención del gobierno y sus entidades fiscalizadoras en un tema altamente sensible. ¡Y tiene motivos para hablar sobre el particular! Nadie puede –ni debe- olvidar que fue ¡precisamente! Herrera quien admonizó, años atrás, sobre el porcentaje de regalías no precisado con exactitud en el contrato de concesión final actualmente en vigencia.

No pocas veces, el desaparecido Carlos Repetto Grand, discurrió por denuncias en torno a irregularidades de ese contrato que jamás fueron contestadas por absolutamente ¡nadie! Más modestamente, estuve en Camisea, recorrí el Valle de La Convención y múltiples poblados y comprobé la destrucción de la cabecera de los cerros; la contaminación temprana de ríos y tierras; la migración desesperada de poblaciones y los daños causados por los camiones, helicópteros, de las empresas Pluspetrol, Techint y TGP en esas zonas sin que nadie tomara en cuenta lo que luego compendiamos en un vídeo Valle de La Convención, Cusco: Tierra de Nadie.

Por tanto, hoy vivimos las consecuencias de criminales acciones que pasan por tubos más baratos, de colocación en sitios poco propicios y los resultados no pueden ser más deplorables: ¡cuatro fallas en el gasoducto en menos de un año! ¿Se puede, con la caradura que ha demostrado el contador Norberto Benito, insultar la inteligencia de todo un pueblo, echándole la culpa de estas rupturas a los sismos? ¿Qué, ellos no sabían qué clase de topografía era en la que debían tender el gasoducto?

Esta es una brillante oportunidad para que Perú examine al milímetro a través de organismos honestos y acreditados, ¡qué está ocurriendo con ese gasoducto! ¡Y si las fallas son atribuibles a una pésima y ladrona gestión, como muchos sostienen, a cargo de los concesionarios, entonces hay que cancelarles el contrato, multarlos y tomar las previsiones para que no se fuguen del país! ¡Y retornen más adelante con cualquier otro gobierno permisivo y sumiso!

La abyecta miopía de políticos, partidos, ONGs muy bien financiadas para NO ver, permite que este atentado contra la vida de cientos de miles de peruanos, no sea erradicado, de una buena vez, del ambiente y corrija lo mal hecho para que evitemos lo que mañana podríamos lamentar en vidas y proyectos tronchados.

¿Dirán que no oyen los que tienen que oír so pena de ser acusados de crímenes lesa humanidad?

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!