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Una vez más el gobierno de Estados Unidos se intromete en asuntos internos de otro país. Ratificando una vez más su autodesignado papel de “destino manifiesto”, todo el proceso electoral estuvo signado por su intromisión descarada. Desde el inicio mismo de la Revolución Bolivariana que se viene desarrollando en el país, la política de la Casa Blanca estuvo dirigida a acallarla, buscando aniquilarla por todos los medios.

Para estas elecciones, una vez más se repite la historia. El guión no es nada nuevo: se trata de mantener un discurso mediático hacia todo el mundo donde se presenta el proceso revolucionario como una dictadura, con una autócrata antidemocrático en el poder. Para este acto electoral concreto, donde se renovaron los 167 cargos de la Asamblea Nacional, los partidos de oposición -financiados y asesorados directamente por Washington-, a unos pocos días del acto comicial del domingo, desistieron de participar. La estrategia fue provocar una crisis política donde se mostraba la falta de democracia y de garantías reinantes en el país.

Ello no obstante la participación de la población fue relativamente alta; como en todo país con régimen de democracia representativa en cualquier parte del mundo, históricamente las elecciones más concurridas son las presidenciales, mientras que las legislativas y otras (autoridades locales, municipales, etc.) presentan siempre, invariablemente, menor asistencia.

No obstante, y considerando que las de ayer eran las primeras que se hacían en la historia del país de manera separada, la participación no fue nada desdeñable: según los datos computados hasta el momento se estima en un 33%. El triunfo del movimiento oficialista fue aplastante, ante la falta de partidos opositores: casi un 90%. Ello hace que la próxima Asamblea Nacional, que tomará posesión el próximo 5 de enero del 2006, tendrá mayoría absoluta de las fuerzas revolucionarias.

Pero el discurso que presenta la derecha local en connivencia con el gobierno estadounidense es de “dictadura de partido único”. Lo único que la prensa antirrevolucionaria presenta luego de las elecciones es el porcentaje de abstención, tratando de hacer ver con ello que las elecciones fueron un fracaso, que ello ratifica la falta de transparencia democrática y la ilegitimidad del congreso. Y por tanto, la necesidad de seguir trabajando para derrocar al presente gobierno.

Todo esto no es sino un eslabón más en la larga cadena de desestabilización que la administración Bush se ha trazado con respecto a la revolución en Venezuela y a su conductor, el presidente Hugo Chávez. El año entrante, para diciembre, están previstas las elecciones presidenciales, por lo que la jugada que vemos ahora con respecto a las elecciones parlamentarias debe entenderse como un paso preparatorio de una escalada de deslegitimación que se intentará en los meses próximos. El argumento básico es la falta de democracia. Con esto Washington abona el camino para todo tipo de intervención que pueda imaginarse, erigiéndose justamente en “defensor universal de la democracia”.

Es necesario aclarar que el pueblo bolivariano masivamente ya abortó en varias oportunidades anteriores similares intentos de desestabilización: golpe de Estado, paro patronal, sabotaje petrolero. Por tanto: la lucha por la profundización de la revolución continúa.