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¿Con o sin dolor? La hipótesis de la retirada de las tropas estadounidenses y británicas de Irak se debate hoy ampliamente en los Estados Unidos, incluso en la prensa conservadora. No se trata ya de si hay que irse, sino de cómo hacerlo. Un analista del Washington Times sugería la semana pasada a George W. Bush que se inspirara en el general De Gaulle quien había sabido transformar la derrota en Argelia en trampolín político; Francia se retiraba con la cabeza en alto, vencida pero victoriosa, con un sentimiento de misión cumplida. Por algo el nuevo consejero político de la Casa Blanca, Peter D. Feaver, autor del discurso del presidente de los Estados Unidos en la Academia Militar de Annapolis, es especialista en gaullismo y descolonizaciones en el Maghreb.
En su «Estrategia de Victoria en Irak», documento redactado por el nuevo consejero como lo prueba un análisis de los meta datos del documento oficial, George W. Bush emplea 15 veces las palabras «victoria» y «vencer» para subrayar el éxito de su estrategia política y militar. Durante el discurso, George W. Bush habló ante un auditorio dócil: alumnos oficiales, acreedores de la corte marcial en caso de muestras de desaprobación de la política del «comandante en jefe». De creer lo que dice, todo va mejor en Irak, los pocos opositores están en vías de convertirse (los sunitas) o de ser derrotados (los nostálgicos de Sadam Husein). En cuanto a los terroristas dirigidos por Zarkaui, son un puñado de asesinos rechazados por todo el mundo y muy pronto serán aplastados. Sin embargo, se niega a dar una fecha tope para la salida de las tropas, y se limita a preparar a la opinión sobre el tema, destacando la acción de las fuerzas de ocupación. George W. Bush no es el único en su gobierno que sobrevalora los resultados de la acción estadounidense en Irak ya que Donald Rumsfeld incluso ha llegado a decir, en la televisión la semana pasada, durante la conferencia de prensa del general Pace, que los miembros de la resistencia (rebautizados «EOLEIGs» por el Pentágono, es decir «enemigos del gobierno iraquí legalmente electo») estaban desmoralizados y desertaban por cientos.
Las perspectivas son por lo tanto positivas y si aún es demasiado pronto para considerar la salida de las tropas, estamos en la vía correcta. Misión cumplida. Esta campaña de comunicación responde a los ataques de una parte de los demócratas estadounidenses sobre el tema del desastre iraquí y a los temores de los republicanos acerca de una catástrofe electoral en noviembre de 2006 durante las elecciones en el período intermedio de mandato. Sin embargo, los demócratas cuentan también con su lote de neoconservadores que respaldan la política de la administración Bush en el Medio Oriente. Entre ellos se encuentra, por supuesto, el ex compañero de fórmula de Al Gore durante las presidenciales de 2000, Joseph Liebermann, además administrador del Nixon Center y defensor de Donald Rumsfeld tras el desencadenamiento del escándalo de Abu Ghraib.
En el Wall Street Journal, el senador por Connecticut, desarrolla el mismo análisis que la administración Bush. Se declara experto en asuntos iraquíes al regreso de su cuarto viaje a Irak –viaje durante el cual casi no salió de la zona de seguridad de Bagdad y se limitó a recibir a los dignatarios del régimen establecido– y afirma que la situación continúa mejorando en el país. Los dirigentes iraquíes que colaboran con el ocupante se apresuraron en decirle que todo iba cada vez mejor en el «país más democrático de los países árabes». Asegura, en serio, que Irak es el futuro modelo político para los palestinos, libaneses, kuwaitíes, egipcios y saudíes, y que la población apoya masivamente al nuevo equipo en el poder. Por consiguiente, la misión que los Estados Unidos se habían fijado, hace tres años, al inicio de la guerra, se había cumplido. Las críticas de los demócratas no tienen fundamento. Existieron razones para esta guerra. Sin embargo, continúa el autor, todavía hay trabajo por hacer para formar a la policía iraquí de modo que combata al puñado de terroristas que quiere impedir que los iraquíes sean libres. Las tropas deben, por lo tanto, quedarse algún tiempo más. Y, claro está, hay que reformar la economía iraquí, tal como hace el nuevo embajador, Zalmay Khalilzad, teórico de la superpotencia estadounidense.

Precisamente la economía para la cual, también en ese caso, se «cumplió la misión», según refiere Heather Wokusch, de la organización MoveOn, en Dissident Voice. Con el establecimiento de un gobierno electo en Irak, la administración Bush dispone finalmente de un interlocutor «legal» con quien suscribir acuerdos de explotación. Al aprovechar el desorden existente y la debilidad de las instituciones iraquíes, el Departamento de Estado impone acuerdos de producción compartida (PSA) cuyos términos son extremadamente favorables a las compañías petroleras occidentales y que privarán durante los próximos 50 años a los ciudadanos iraquíes de una gran parte del maná petrolero. El lobby petrolero culmina así su ingerencia en los recursos energéticos del país, principal razón de la invasión. Pero eso no es todo. Si tenemos en cuenta el parecer de la ONG británica PLATFORM, especialista en asuntos petroleros, los acuerdos PSA en Irak sólo serían un ensayo a tamaño natural para extender la ingerencia sobre los demás recursos de la región y sobre todo a Irán. Para el lobby petrolero, lo que constituye un problema no es tanto el programa nuclear iraní como la voluntad de Teherán de crear una bolsa para el petróleo competidor que dejaría al dólar de lado en provecho del euro. Esa iniciativa es intolerable para Washington que ya prepara la desestabilización de Irán para someterlo a su control.

En el terreno, en Irak, las palabras tranquilizadoras de la administración Bush o de Joseph Lieberman se contradicen. PressAction publica el último correo electrónico enviado por Tom Fox, uno de los cuatro rehenes estadounidenses prisioneros en Irak, en el que recuerda las difíciles condiciones de vida de los iraquíes y precisa que la violencia que golpea día tras día a la sociedad iraquí está directamente vinculada a la presencia de las tropas extranjeras. Afirma que los iraquíes tienen mucho trabajo que hacer para solucionar sus conflictos internos, pero que no podrán hacerlo en tanto los soldados de Bush y de Bin Laden continúen matándose entre sí en el país. Para él, no es una sorpresa que, pese a sus numerosas y profundas divergencias, los diferentes componentes de la sociedad iraquí hayan podido estar de acuerdo en un solo punto en la Conferencia del Cairo: la salida inmediata de las tropas extranjeras de su país.
La «guerra civil» en Irak sólo provoca desdichas. En un artículo de Los Angeles Times retomado ampliamente por la prensa internacional, el politólogo Schlomo Avineri explica que, desde el punto de vista puramente utilitario, la destrucción del Irak de Sadam Husein y su fraccionamiento en tres provincias favorece a Israel. Por supuesto, un fracaso en Irak debilitaría a los Estados Unidos, lo que tendría repercusiones sobre su aliado, Israel. No obstante, un Irak fraccionado en tres pequeños Estados o desgarrado por una guerra civil haría que desapareciera por mucho tiempo cualquier amenaza para Israel por esa parte. Los Estados Unidos deben comprender que no se puede construir una democracia estilo occidental en Irak. Por lo tanto, su retirada es inevitable. En todos los casos, Israel es el ganador. Misión cumplida.

Para Irán, el «desorden iraquí» es menos positivo. El país aprovechó el sistema político establecido por las fuerzas de ocupación para desarrollar una influencia masiva en Irak. Por ende, la acción de la resistencia no lo favorece realmente, aun cuando obliga a los Estados Unidos a permanecer en Irak e impide que Washington libere las tropas para una nueva agresión militar.
El editorialista del Tehran Times y vocero semioficial de la República Islámica, Hassan Hanizadeh, menciona la voluntad iraní de impedir la división de Irak. Además de la visita del presidente iraquí a Irán, Teherán se involucró en la Conferencia para la Reconciliación Nacional y brinda su apoyo a la celebración de elecciones en diciembre de 2005, con la esperanza de que estabilizarán al país.

El diario conservador árabe Asharqalawsat destaca que, por inevitable que sea, nadie en Irak está interesado en que la retirada se haga demasiado rápidamente, ya que serían necesarios enormes esfuerzos para llenar ese vacío y tendría repercusiones catastróficas en la estabilidad de la región. En tanto el país no se haya estabilizado mediante un programa político eficaz y existan verdaderas fuerzas del mantenimiento del orden, la retirada sólo puede realizarse gradualmente. A riesgo de que Estados Unidos, para no perder su prestigio, se dirija a los actores regionales y los utilice como relevo. Ya Irán envió señales claras acerca de que está dispuesta a colaborar con las fuerzas de ocupación –aunque solo sea por razones de distensión estratégica con Washington.

El analista político iraquí en el exilio, Abdul-Ilah Al-Bayaty, señala por su parte en el diario oficial egipcio Al-Ahram que la historia iraquí se caracteriza por la resistencia constante a cualquier hegemonía extranjera, sobre todo en lo tocante a la cuestión del control del petróleo. Los políticos iraquíes saben que no podrán sobrevivir si pretenden confiar la gestión del petróleo a intereses extranjeros. Para lograrlo, Estados Unidos trata de destruir la unidad estatal iraquí y de dividir al país en varias entidades étnicas o religiosas, pero la población está apegada a su identidad panárabe-musulmana y mientras más se le ataque, más hostil será a Estados Unidos y rechazará toda legitimidad al gobierno.