En su libro Descent Interval que revive el final de la guerra en Vietnam, el ex agente de la CIA Franck Snepp describe la suerte del prisionero comunista de alto rango Nguyen Van Tai. Después de haber pasado cuatro años confinado en un lugar secreto, se le hizo «desaparecer» lanzándolo al Mar de China desde un avión que volaba a 10 000 pies de altura. Este hecho muestra que no hay nada nuevo en la implicación de la CIA en cuanto a torturas y desapariciones carentes de explicación. Lo nuevo es que desde el 11 de septiembre hay una red de cárceles secretas, un gulag norteamericano construido y en el cual desaparecen los prisioneros.
Las pruebas acerca de ese gulag han ido apareciendo poco a poco. Los sobrevivientes han revivido esos recuerdos y se han publicado informes sobre el traslado de prisioneros hacia países donde se practica la tortura. Hoy sabemos que los aviones de traslado de la CIA son una presencia habitual en los aeropuertos británicos. A veces hay dos aviones en el mismo aeropuerto en el mismo momento, lo que sugiere un intercambio entre ellos.
Nada prueba que el gobierno británico sea cómplice en esto, pero al menos es obvio que estos tránsitos se ignoran deliberadamente. Jack Straw debería haber exigido explicaciones a Condoleeza Rice. Actualmente, sintiéndose sin duda vigilados por los ciudadanos británicos, Estados Unidos seguramente pasa por países menos curiosos. Eso no es motivo para considerar cerrado el caso.

Fuente
The Independent (Reino Unido)

«America must tell us the truth about its gulag», por Chris Mullin, The Independent, 4 de diciembre de 2005.