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Esta perspectiva se desprende de los informes de la Asamblea Nacional, que prevé asimismo un crecimiento del ocho por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) el próximo año, resultado de los precios del petróleo y la diversificación económica.

De acuerdo con la valoración de Rodrigo Cabezas, presidente de la Comisión de Finanzas parlamentaria, 2006 podrá ser el año del inicio de la cancelación de la deuda externa para Venezuela, libre ya de ataduras con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Según su criterio, el país estará en condiciones de pagar al Banco Interamericano de Desarrollo, al Banco Mundial y la Corporación Andina de Fomento y dar inicio a un proceso que en tres años liberaría a la nación sudamericana del peso de la deuda externa.

Aunque el Presidente Hugo Chávez no se ha manifestado específicamente sobre esa propuesta, Cabezas estima que el Jefe de Estado -un crítico regular de los organismos financieros internacionales- ’está contento con esa idea’.

Venezuela debe a esas tres entidades unos tres mil millones de dólares, cifra similar al superávit de su balanza de pago este año que se aspira a llevar a cuatro mil millones en 2006, mientras sus reservas de divisas rondan los 30 mil millones de dólares.

La propuesta del legislador deberá primero recibir el respaldo del Banco Central de Venezuela (BCV), pero lo cierto es que se enmarca en el contexto de independencia internacional fijado por el Gobierno de Chávez.

Igualmente se sustenta en resultados satisfactorios de una economía que demuestra estar en capacidad de crecer diversificándose con el apoyo de su renta petrolera.

El país produce unos 3,3 millones de barriles de diarios de petróleo y se ubica en el quinto puesto mundial entre los exportadores con precios para sus hidrocarburos estimados de 46 a 50 dólares por barril para los próximos 12 meses.

Los análisis indican asimismo que el repunte del 9,5 por ciento del PIB estuvo dado en una proporción importante por los aportes del sector no petrolero, como resultado de una política de diversificación impulsada por el Jefe de Estado.

Aunque la propuesta de una agresiva política de pago de la deuda externa no fructificara, evidencia en si misma la fortaleza económica de un proceso de cambios económicos que lleva implícito un alto contenido social.

En cumplimiento de las promesas que lo llevaron a la Presidencia en 1999, Chávez aplica en siete años de gobierno una redistribución de los beneficios de la renta petrolera mediante la puesta en marcha de numerosos programas sociales.

Concebidos como ’misiones’, al margen pero apoyadas por las instituciones oficiales relacionadas, esos programas lograron la erradicación del analfabetismo y la incorporación de 16 millones de venezolanos a planes gratuitos de salud y educación, entre otros.

Economistas consultados estiman que la importancia de apuntalar y ampliar estos programas pudiera llevar a posponer la propuesta de liquidación de la deuda externa, en un país donde la pobreza supera el 70 por ciento de la población.

Otros, sin embargo, opinan que la independencia financiera redundará a corto plazo en la disponibilidad de mayores recursos para ampliar y profundizar los programas sociales, a los que en enero próximo se sumará una ofensiva contra la pobreza extrema.

La decisión deberá tomar en cuenta complejas ecuaciones financieras pero sustentadas por una economía floreciente y una visión de desarrollo diferente a la que provocó la dolorosa paradoja de una miseria extendida a la sombra de las torres petroleras.