Las palabras, los apodos y los nombres tienen fuerza por si mismos. En una de las guerras que actualmente se libran en Estados Unidos, uno de los ejércitos recibe incluso clases acerca del uso de las palabras, y de unas palabras en vez de otras.

Me refiero a la guerra contra los inmigrantes.

En esta guerra, desde hace tiempo se ha usado la palabra "alien" para describir a los extranjeros. Esa batalla la perdimos hace ya muchos años, cuando el país cambió la denominación de los no nacidos en Estados Unidos, de "foreigners" a "aliens". El cambio vino por ahí del 1924. Antes la Ley de Inmigración usaba para describirnos el término "forastero", o usaba también eso que somos, pese a cómo nos digan, "extranjeros".

Actualmente, así dice la ley, "alien" significa una "persona que no es ciudadana o nacional de Estados Unidos". Pero si uno busca en Internet referencias sobre "alien", los primeros cien mil resultados tienen que ver con las cuatro películas de "Alien", con los platillos voladores, con la "Familia Robinson", la serie de televisión Alien Nation y cosas por el estilo. Ninguna, por cierto, se refiere a los extranjeros, sino a los marcianos.

Las primeras referencias a los inmigrantes se encuentran en las páginas de los fascistas trasnochados que se quejan de que a los negros se les llame afro-americanos, y a los homosexuales se les llame gays.

Y se quejan porque estas comunidades no han perdido la batalla sobre las formas de llamarlos. Por el contrario, hicieron que la sociedad se refiera a ellos con un término más correcto o menos indigno, por lo menos. Explican estos fascistas que "Inmigrante es un término que evoca imágenes de nuestros padres o abuelos, en cambio "alien" significa que alguien no es como nosotros".

Efectivamente, el diccionario de Internet traduce "Alien" como "extranjero", y lo define entre otras cosas como "extraño; de nación, familia o profesión distinta; Raro, singular", o de plano como "una persona o una cosa que es ajena a la naturaleza o condición de otra de la cual forma parte".

Además, ilegales y criminales

El segundo término que se nos aplica en esta guerra es el de "ilegales". Esa batalla todavía la estamos peleando pero no la estamos ganando. Según los anti-inmigrantistas rabiosos, "Illegal alien" es un sinónimo de "invasor" o "criminal nacido en el extranjero".

En sus cursillos de qué hacer con los medios de comunicación, insisten en el uso del concepto "ilegal" en vez de "indocumentado", preferido obviamente por nosotros.

Pero una batalla que ya prácticamente perdimos, precisamente con la aprobación en principio de esta ley (aunque la definitiva será en febrero, en el senado gringo), es la de "criminales".

La Ley de Protección Fronteriza, aprobada por 239 votos contra 182, establece de manera clara que quienes entren a Estados Unidos sin documentos están cometiendo un crimen federal. Si el Senado se atreve en febrero a ratificar esta ley, 11 millones de indocumentados pasaran, automáticamente, de haber cometido una falta administrativa, a ser criminales por un delito federal.

Y no solo ellos. También quienes los "ayuden" ya no digamos en el cruce, sino a vivir aquí. Ahí cuenten ustedes a 11 millones de familiares de los indocumentados, más algunos cientos de miles de trabajadores de iglesias, trabajadores sociales y de servicios.

Como dijo el Congresista Luis Gutiérrez, mexicano honorario, "Esta legislación haría posible que lleven a la cárcel a un ciudadano de este país que tiene una esposa o madre o padre indocumentado. Piénselo bien, estamos hablando de una iglesia que quiera darle albergue o asistencia a los más débiles en nuestra comunidad, o el consejero que ayude a las víctimas de violencia doméstica y sus hijos, o la madre que lleve a los hijos de su vecino a la escuela. Si la persona que recibe la ayuda resulta ser indocumentada, este proyecto de ley transformará a estas buenas obras en crímenes".

Dicho de otra forma, en febrero, Estados Unidos podría decretar de golpe que tiene unos 25 millones más de "criminales" de los que pensaba.

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