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Detención masiva de civiles palestinos por las tropas de ocupación israelí.

Jerusalém. ¡Bienvenidos a la guerra! Un autobús con aire acondicionado que transporta 35 pasajeros viaja a través de Israel... vemos desiertos, montañas y valles -¡Espera! ¡Mira! ¡Un árabe!- pero, sobre todo, soldados, policías, perros pastores alemanes y alambradas de púas.

Éste no es un viaje chárter ordinario. Vamos a estudiar con algunas de las personas más importantes de Israel, hombres que han estado en la línea de fuego, entre nosotros y ellos, entre la civilización y el terrorismo.

Todos pueden inscribirse, yo descubrí un anuncio en el sitio Web del diario israelí Haaretz. Sin embargo, sólo hay tres viajes al año, y uno debe darse mucha prisa. El viaje se llama «Misión fundamental».

Suena muy intenso, ¿no les parece? Pero, claro, es intenso. Una mañana, los organizadores del viaje nos llevaron a un tribunal militar en Machane Ofer. Es ésta un área protegida por soldados en atalayas, perros pastores alemanes, alambradas de púas y cercas muy altas. En un cuartel que se utilizaba como tribunal, nos mostraron a un verdadero terrorista vivo. Llevaba una cadena a los pies y lo vigilaban cinco soldados con fusiles automáticos.

- Esto es realmente imponente -susurró una de mis compañeras de viaje, una joven de Nueva York.
El nombre del acusado es Iad Abiat. Tiene 35 años, ocho hijos y lo acusan de ser miembro de una organización que mató a dos civiles israelíes y a tres soldados. Abiat se sienta en un banco de madera y nos mira en silencio, al tiempo que sacamos fotografías y la luz de los flases llenan el lugar. Más lejos, a la izquierda de la sala, se sientan los padres de Abiat: el padre tiene los ojos brillantes y una cara muy cansada, la madre llora.

Pide 25 años de prisión

El fiscal militar pide 25 años de prisión. El abogado niega que Abiat haya matado a nadie y añade que diez años deberán ser suficientes. Después de las suplicas nos marchamos y un hombre en nuestro grupo dice: «Deberían fusilarlo».

Detrás de una cerca alta se encuentra un grupo de palestinos. Esperan en cola que los dejen entrar a escuchar los cargos de terrorismo, complicidad con terrorismo o cualquier otro delito en contra de alguno de sus parientes. Aproximadamente 10.000 palestinos están cumpliendo sentencias penales en prisiones israelíes y 750 se encuentran en custodia administrativa. Se trata de personas que no han cometido ningún delito, pero según los israelíes tienen la intención de hacerlo. Hay un flujo constante de nuevos sospechosos, entre 5.000 y 7.000 son procesados cada año, nos asegura el fiscal.

Ya no tenemos más tiempo para estar ahí. El programa es muy intenso. En la vieja comisaría británica en Latrun, que es ahora un museo militar, encontramos al Coronel Ronni Shaked, que fue responsable en Gaza y Cisjordania del servicio de seguridad de Israel, Shin Bet.
Shaked es un hombre gracioso con un corte de pelo de tipo Robin Hood. Habla de las próximas elecciones en los territorios palestinos y se pregunta a sí mismo qué quién tiene las mejores posibilidades para ganar.
¿Hamas?
- Es posible que el año próximo tengamos de vecino un estado islámico -se responde Shaked.

Un estremecimiento general se extiende a través del auditorio. Esto no sucede porque la mayoría del público procede de USA, sino también porque son judíos que consideran a Israel como una garantía de que los siglos de persecución y asesinatos de judíos terminaron para siempre. Es una emoción que se contagia y se extiende desde esta sala, por el Mediterráneo, a través de Europa, por el Atlántico y a lo largo del continente americano.
-Éste es un choque de civilizaciones -dice Shaked-. ¡Sólo tienen que observar los disturbios en Francia! Esto es sólo el principio.

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El muro que ha construido Israel en Palestina.

Traidor por la paz

Nos presenta a un tipo que se llama Sami. Es un palestino grande con gafas gruesas y está vestido con un traje oscuro y camisa blanca. Sami era un vendedor de souvenirs en Hebrón, en Cisjordania, al mismo tiempo que espiaba para el servicio de seguridad de Israel. Está en pie ante nosotros, como un monumento viviente a la eficacia del Shin Bet. Sami dice que no lo hizo por dinero -nadie quiere que lo ahorquen, ni siquiera por un millón de dólares (se ríe)-, sino por la paz.

Está en contra del terrorismo. Ésa es la razón por la que espió a favor de la nación que mantiene ocupado a su pueblo. Pero no fue fácil. Un día, uno de sus hijos llegó a su casa y le preguntó:
-¿Papá, qué es un traidor?
-¿Por qué me lo preguntas?
-En la escuela me dicen que eres un traidor.

Los israelíes tuvieron que rescatar a Sami y sacarlo de Hebrón. Ahora, él nos da, a nosotros, al público, una explicación muy simple sobre los kamikazes suicidas y el fenómeno del terrorismo:
-La gente se suicida debido a problemas familiares, si uno tiene quince hijos y está desempleado. Es muy fácil mandar a uno de los niños para que se mate y al mismo tiempo ganar una recompensa de 10.000 dólares que le dará Sadam Husein.

¡Ah! Allí nos dieron una respuesta rápida, una explicación que podemos entender y que no exige nada de nosotros, no tenemos que preguntarnos por nuestras ideas o nuestra escala de valores, no hay necesidad de dudar de la justicia de la ocupación israelí de Cisjordania, no hay ninguna necesidad de hacer preguntas sobre las políticas del mundo occidental con respecto al Oriente Próximo.

Al fin y al cabo, nos dicen, los palestinos envían a sus hijos a la muerte porque quieren… ¡dinero!


Este artículo apareció originalmente en Aftonbladet el 1 de enero 2006. http://altahrir.blogspot.com/2006/0...

Traducido del inglés al español por Ernesto Páramo y revisado por Manuel Talens, ambos miembros de Tlaxcala, la red de traductores para la diversidad lingüística ([email protected]). Esta traducción es copyleft.