Hace diez años, acompañé a John Major a los funerales de Yitzhak Rabin, cuyo asesinato tuvo una gran repercusión en el proceso de paz israelo-palestino. Hubo grandes y desconcertantes semejanzas entre lo ocurrido a Rabin y a Ariel Sharon. Ambos fueron halcones que, al ocupar el cargo de primer ministro, comprendieron que la fuerza bruta no bastaba para la obtención de la paz y la seguridad. Sharon, por supuesto, es mucho más controvertido que Rabin, ya que fue también un ideólogo de extrema derecha que participó en la invasión al Líbano y en la masacre de Sabra y Shatila. Asimismo, intensificó la colonización y fue quien desencadenó la segunda Intifada en 2000.
No obstante, Sharon gozaba de una credibilidad que le permitía hacer que se aceptase la creación de un Estado palestino. Fue por eso que rompió con el Likud y con Benjamin Netanyahu. Su desaparición abre una página incierta para Israel, pero en ese país el no creer en los milagros significa no ser realista.

Fuente
The Independent (Reino Unido)

«The hawk who offered the best chance of making peace», por Malcolm Rifkind, The Independent, 8 enero de 2006.