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No me importa ahora que en su programa haya matices neoliberales y que a su paso por el ministerio de defensa haya aceptado el escandaloso e injustificado rearme del ejército chileno. Voy por un programa mínimo. Lo importante ahora es que ella no es de, derecha, no pertenece a la oligarquía, ni se enorgullece de ser millonaria. Además es una mujer y ellas merecen más.

Todavía se puede añadir que la Bachelet es hija de uno de los pocos generales que fue funcionario en el gobierno de Salvador Allende, razón de más para que el día del golpe fuera detenido y acusado de traición a la patria, que sirvió con devota fidelidad. Las torturas y la vergüenza le provocaron el infarto que ahorró trabajo a los verdugos y lo convirtió en mártir.

Militante de la juventud socialista desde la adolescencia y con su padre preso, fue a dar con su madre a tristemente celebre Villa Grimaldi, principal centro de torturas de la DINA de Manuel Contreras.

Bachelet es profundamente culta, no sólo por lo que ha estudiado en escuelas y universidades de tres países, ni porque hable cinco idiomas, algunos de ellos, como el alemán, aprendido en el exilio, sino porque ha vivido al compás de su tiempo. Este lista para ser presidenta.

Se trata además de una médica, pediatra para más señas, que nunca ejerció la medicina privada y los médicos, lo eran Allende y el Che, son los únicos seres profesionalmente preparados para lidiar con el dolor sin rendirse nunca. Se trata de una casta habituada a luchar por la vida y capaz de comprender que las verdaderas soluciones no están en los paliativos ni en los calmantes. Michel Bachelet, toda una mujer, segura de si misma, me parece consciente de los problemas sociales que afectan a las mayorías.

Aunque no faltan quienes estiman que los chilenos no tienen mucho donde elegir, pues los programas de uno y otro partido, presentan apenas algunos matices de diferencia, se trata de una escogencia histórica y de una cuestión esencial: Chile no va a votar por la oligarquía. Ignoro si Bachelet lo sabe, pero ella es el eje de una batalla histórica.

Apuesto que ganará porque Chile ira con ella; no puede ir con la oligarquía.

En el fondo es esencialmente inmoral pedirles a los chilenos que voten por la elite multimillonaria que aprovechando las dramáticas circunstancias vividas por el país en las últimas décadas, a dentelladas acabaron con el sector público de la economía nacional. Ser el dueño de grandes empresas privatizadas, no es un mérito sino un baldón.

Un colega que leyó sobre mi hombro el comentario mientras lo escribía me advirtió:

_ Tal vez no debías arriesgarte. Te puedes equivocar.

Carece de importancia -le respondí.

_ Lo grave sería que se equivocara Chile.

¡No va a ocurrir!