Hasta quince campamentos y bases se construyeron en la Zona Reservada del Apurímac por donde se hizo una buena parte del tendido del gasoducto de Camisea. En todos ellos se instalaron tanques de combustibles, containers, tuberías, cables, antenas, maquinaria pesada, camionetas, casetas, llevados por ruidosos helicópteros a la zona. Por supuesto que Techint gozó, para sus faenas, de la absoluta mudez cómplice de Inrena y Osinerg.

Terminadas las obras se debía retirar todo este material contaminante. Pero ¿qué hicieron u ordenaron los irresponsables directivos de Techint y TGP (Transportadora del Gas Peruano)?: ¡enterraron todo cometiendo un flagrante crimen contra el medio ambiente! Lo que no tuvieron en cuenta estos miserables es que la zona es de alta pluviosidad y esto originó un continuo movimiento de tierras, es decir, que la barbaridad quedó al descubierto ocasionando en la Zona Reservada un ¡verdadero desastre ambiental! ¡Y todo por no gastar en combustible y alquiler de los helicópteros, para hacer, como debió haberse hecho, el desalojo ordenado y retiro de toda esa logística!

Los testimonios de ingenieros, trabajadores y regnícolas denuncian que en los terrenos de los campamentos Chocoriari, Paratori, Pongo, Vilcabamba, Chimparina, Alto Itariato, Comerciato y los cuatro campamentos de Aendoshiari hay toda clase de resabios metálicos, plásticos y de índole diversa regados por doquier. Techint contrató, para borrar las huellas del crimen, a la empresa colombiana Ingeciencias, comisionada para “trabajos de geotecnia” y disipar cualquier prueba culposa del atentado. ¿Y qué hizo Ingeciencias?: ¡volvió a enterrar los restos, plantó pasto y punto! La naturaleza, volvió, por segunda vez, a desnudar la delincuencial acción y por la erosión de lluvias y deslizamientos de tierras, todo sigue como estaba antes: ¡en un completo caos ecológico!

Los últimos derrames del líquido de gas natural, GNL, al Urubamba, son superiores a los 5000 (cinco mil) barriles, matando todo tipo de vida a su paso y generando un crimen ambiental y de salubridad contra las poblaciones que viven y dependen del río, especialmente indígenas. Hace pocos días el viceministro de Energía tildó de “minucias” estas aparatosas circunstancias. Es decir, para estas autoridades ignorantes, la vida de las comunidades que viven a orillas de los ríos Urubamba y Apurímac ¡no valen nada, no son seres humanos y sus problemas son deleznables!

¿Qué dicen los candidatos presidenciales? ¿Qué pueden decir, si no saben nada de nada y pareciera que tampoco les interesa muy mucho el medio ambiente o la vida de los compatriotas más humildes que habitan estos difíciles parajes de nuestra Selva y Sierra? ¿Qué opina con su silencio torpe y majadero la DP Merino? ¡Absolutamente nada! ¡Ella está más interesada en hablar de otros temas, por ejemplo, de los “fondos” para planes de saneamiento y agua en Lima como anunció al asumir el cargo semanas atrás!

¿Por causa de qué la justicia es lenta, farragosa, absolutamente complicada? En el Poder Judicial, en el Congreso, en la Defensoría del Pueblo, hay portafolios enormes con denuncias contra estas malas empresas argentinas. Pero ¡aquí no pasa nada! Por toda información ha dicho el contador público Norberto Benito de Pluspetrol, que la culpa de los accidentes en el gasoducto se debe a que fue construido en zonas sísmicas.

¿Los paseítos en lanchas y vuelos en helicópteros y gorritos, chalecos, whisky y vinos, compraron a todos los funcionarios inmorales de Osinerg, Migraciones, ministerio de Trabajo y Economía y Finanzas, que se han hecho los bobos con todas las monstruosidades que vieron in situ y ahora ocultan? ¿Las migajas que dieron a los inspectores compran licencias, aunque eso signifique la destrucción del medio ambiente y del proyecto de vida de las poblaciones compatriotas del interior?

A mí me tocó ver a cientos de peruanos en las puertas de Techint en Echarate, La Convención, Cusco y comprobar que los preferidos para puestos de trabajo eran foráneos, chilenos, argentinos, colombianos. A ellos se les otorgaba cuasi automáticamente carnet de extranjería y permisos de trabajo, con el consiguiente ahorro de impuestos y tasas. Y, dicen las fuentes, muchos figuraban en planillas de empresas con oficina y área de trabajo fuera del Perú, es decir, en el papel ¡jamás trabajaron aquí con la consiguiente evasión de impuestos!

Cuando la primera fuga de gas el trabajador Miguel Amao, murió carbonizado el 1 de enero del 2005 y esto ocurrió en el km. 8.800 del gasoducto. Con un acto fraudulento y la declaración cómplice y comprada de un mecánico, tanto Techint como la compañía de Seguros Rímac, se han librado de pagar la indemnización correspondiente a los deudos de Miguel Amao. Quienes ordenaron que Miguel llevara a cabo maniobras temerarias que culminaron con su muerte y la mutilación parcial de otro, siguen en Perú ¡cómo si fuera un perro el herido o muerto! ¡Qué desverguenza la inacción de las autoridades peruanas!

Denuncié, años atrás, en el vídeo: Valle de La Convención, Cusco: Tierra de Nadie, cómo Techint, Pluspetrol, TGP, habían destruido las cabeceras de los cerros en La Convención, que ríos y campos habían sido contaminados, que los muertos superaban decenas y por negligencia y explotación infame de estas empresas. A cuatro años de aquella jornada patriótica, los hechos letales y contra los pobladores peruanos siguen sucediéndose en una espiral creciente de inseguridad suicida. Aquí en Lima, desde el presidente a parlamentarios y desde políticos a defensores u ONGs, ¡todos callan porque los que mueren son otros peruanos de quinta o sexta categoría según los aberrantes escalafones de estos frívolos!

Las denuncias continuarán. Son hombres y mujeres valientes los que manifiestan su impotencia porque nadie les escucha. Los medios de comunicación, envilecidos hasta el tuétano, sólo hacen fintas y maniobras epidérmicas para aparentar un cumplimiento que jamás llega. Pocos días atrás, constituyendo la excepción que confirma la regla, el programa de César Hildebrandt emitió un valiente reportaje de cómo están las cosas realmente en el gasoducto de Camisea. Y aquí seguiremos en una lucha pionera, absolutamente patriótica y que reclama a otros peruanos más información. Y nada más.

¡Atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!