El diario francés Libération, que difundió en su edición del 9 de enero de 2006 las acusaciones difamatorias del Centro Simon Wiesenthal contra el presidente Hugo Chávez, ha tenido que enfrentar las críticas de los lectores, pero lejos de enmendar honorablemente el hecho, reinicia la polémica en su edición del 12 de enero.

Simulando actuar con transparencia, el diario inicia el debate a toda página. Publica un fragmento de la carta de un lector (de Romain Migus, periodista del servicio público venezolano) en la que cita íntegramente las palabras del presidente Chávez y que son utilizadas para culparlo.

Libération también publica la respuesta de su periodista, Jean Hébert Armengaud, quien reitera su exégesis a los lectores, sin brindar ningún elemento que responda a nuestras objeciones, para concluir definitivamente sobre el antisemitismo de Chávez. El periodista apoya sus palabras reproduciendo una solicitud ad hoc de profesores de la Universidad Central de Venezuela y es éste el argumento de autoridad: tengo razón, pues personalidades reconocidas piensan como yo.

Por nuestra parte, no pensamos que nuestros lectores sean imbéciles; ni que en este caso, como tampoco en otros, algunas personalidades sean los árbitros de la verdad. No faltarán otras que pidan lo contrario ni gente que proponga ponerle voz a la verdad. Y estarán los convencidos de que «como cuando el río suena es porque algo trae» propondrán quizás escoger «el justo medio» entre lo Verdadero y lo Falso, según las palabras de Beaumarchais: «Calumnien, calumnien, siempre quedará algo».

Siguiendo las huellas de Voltaire, sólo damos crédito a nuestro espíritu crítico. En este caso, como lo demostramos en nuestra edición anterior, las palabras que sirven para culpar a Hugo Chávez, en boca suya, no tenían nada de antisemitas, como no lo tenían para su auditorio. Este sentido sólo se lo dan quienes quieren utilizar la lucha contra el antisemitismo con fines políticos. [1].

[1] «Faut-il brûler Hugo Chavez ?», Voltaire, 10 de enero de 2006.