Ha dicho el inefable embajador de Estados Unidos en Perú, James Curtis Strubble que su país respetará la decisión del pueblo en los comicios del 9 de abril. ¿Hay que agradecerle y sentirnos más tranquilos por la expresión del diplomático norteamericano? ¿Cabe la posibilidad que Gringolandia NO respete la voluntad popular y, ergo, actúe según su imperial diseño y procure, como hace en Venezuela, de traerse abajo, por todos los medios posibles un eventual gobierno de Ollanta Humala? ¿Por causa de qué sí se consideran las estridencias impropias de Hugo Chávez, como intromisiones, que sí lo son, y se pone de relieve, en cambio, lo que dice el ilustre bocón James Curtis Strubble? ¡Hay silencios cómplices, venales y escandalosas omisiones en nuestros políticos de todos los clubes electorales!

Recordemos. Mr. Strubble opina de todo. Se mete en intríngulis peruanos cada vez que puede. Así lo hemos recordado con alguna frecuencia. No deja de asombrar que la fauna política peruana le conceda esa posibilidad. ¡Y el periodismo no puede alejar una oprobiosa aura de mediocridad abisal! Pero, no olvidemos, que muchos viajes e invitaciones, se fraguan en esta clase de conchabos infames que generan simpatías, complicidades, mudeces y atentados contra la moral pública. ¿Cuántos directores de diarios o programas televisivos o radiales son ajenos a estos viajecitos pagados y con todas las comodidades que siempre promueve el State Department para que los colegas “conozcan” in situ la política norteamericana? ¿Cuántos de ellos han obtenido, bajo mesa, “estímulos” de variada índole, para ser simpáticos cuando así lo requiere el discurso norteamericano? Las confesiones pueden ser ¡espeluznantes!

En política como en periodismo, a veces, –y con mucha frecuencia-, hay que aprender a leer al revés. Cuando el embajador Strubble ratifica la fe democrática de respeto a cualquier resultado que haría su gobierno, hace lo que se llama un warning (una advertencia). Recuerda a las castas que hay un TLC pendiente y que éste pasa por la limpieza judicial absoluta de muchas empresas estadounidenses que tienen problemas ante la ley. No sólo eso. El recordatorio que debe leerse se refiere también a los planes de erradicación de los cultivos de hoja de coca a cambio de algunos milloncitos, que sirven, entre otras cosas, para pagar las abultadas planillas de barrigones esclerosados que hablan en nombre de los pobres, cobrando como ricos. Fenómeno latinoamericano en que muchos odiadores del sistema norteamericano, son amantes puntuales del mismo, las quincenas y los fines de mes.

Así puede entenderse la sintonía que hay entre lo criollo y lo foráneo. En el primer ámbito, el ministro del TLC y Asuntos Foráneos, oficialmente de Comercio Exterior, Alfredo Ferrero, dijo en días anteriores que este Congreso “debía” –obligatoriedad conminada- “aprobar” el TLC con Gringolandia porque ellos “conocían” el tema. Curioso razonamiento porque hasta hoy no existe cabal comprensión de lo “negociado” o porque sus resúmenes han sido insuficiente desmenuzados. Amén que pedir ilustración a quienes están negados por la naturaleza, 95% del Congreso, resulta un genuino disparate. Se nota una angurria, una desesperación porfiada y tenaz para conseguir que el Parlamento apruebe lo que no conoce, menos analizado y jamás discutido.

Desde los más altos niveles hasta los mamarrachos, han vociferado que Chávez, el locuaz presidente venezolano, habíase entrometido en política peruana. Todo indica que ha sido así. La pregunta directa a la fauna política es: ¿censurarán también a Mr. James Curtis Strubble o le dirán thank you? Ningún candidato presidencial se atreve a decir esta boca es mía. ¿Qué dicen Alan García u Ollanta Humala? Para Lourdes Flores cuanto diga el imperio, está muy bien.

Hay un capítulo olvidado por los políticos peruanos y éste es la decencia en el accionar cotidiano y la respuesta rápida y sólida cuando hay inconductas manifiestas como la usual y entrometida de Mr. Strubble. Si ni siquiera pueden atajar los exabruptos verbales recurrentes y majaderos del diplomático, ¿qué se puede esperar en circunstancias mucho más delicadas? ¿O a los gringos hay que decirles sí y al resto no? ¡Qué falta de pantalones! Se sabe de un candidato que, no muchos meses atrás, fue a una convención política partidaria en Estados Unidos, para dar pruebas de buena conducta.

Si el periodismo acrítico, mediocre, profundamente vil, le pregunta al embajador Strubble simplezas o naderías, éste contestará respuestas de cajón y típicas, pero que en una lectura exhaustiva sí encierran mensajes a veces hasta matonescos. Para evitar estos desaguisados los colegas debieran estar muy entrenados para no caer en monumentos a la vulgaridad que pretenden hacer pasar como “entrevistas” o “declaraciones”. ¿Por causa de qué no se le pide a Mr. Strubble que nos explique toda la campaña anti-Evo Morales y que interprete el perdón que ahora les extiende el caudaloso nuevo presidente boliviano? ¡En eso hay savia y profundidad! ¿O los cerebros creadores también están de huelga en este país? Sería el colmo que al lado de políticos sin imaginación, también “gozáramos” de hombres de prensa abdicadores de su única y fundamental tarea: la de informar profusa y meditadamente.

Thank you, Mr. Strubble? ¡Pamplinas!

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!