El periodista Martín Sivak ahora está en Inglaterra. No sabe si Mariano Grondona leyó la biografía que le llevó dos años de investigación y más de ciento cincuenta entrevistas a personas que, en algún momento, se cruzaron por la vida de uno de los periodistas que todavía se mantiene a flote luego de colaborar con las dictaduras militares a través de su “buena pluma”. En esta entrevista telefónica con el Periódico de las Madres, Martín Sivak hablará sobre “El Doctor. Biografía no autorizada de Mariano Grondona” (Aguilar, 2005), un recorrido exacto por la vida de un personaje que supo moldear su discurso de derecha en diferentes etapas de la historia argentina.

Las primeras noticias sobre Mariano Grondona, a Martín Sivak le llegaron durante el colegio secundario, mientras realizaba un taller de periodismo y escribió un perfil sobre el conductor de Hora Clave, titulado “La metamorfosis”. Ya en el 2003, el interés por el acompañante de Bernardo Neustadt comenzó a transformarse en este libro.

Con voz pausada y profunda, siempre acompañando sus palabras con ademanes de sacerdote, y con férreas relaciones con el poder militar y político, Mariano Grondona (o Giucciardini, como firmaba sus notas abalando la última dictadura militar) se ha convertido en una parte oscura de este país, brindando sus servicios al mejor postor y dejando en claro que su ideología conservadora todavía le ofrece jugosos réditos.

Al inicio del libro relatás la adolescencia de Grondona y su formación en la escuela religiosa Champagnat. ¿Creés que, de alguna forma, esto lo fue moldeando para lo que es hoy en día?

Sí, es una marca muy importante el haber ido al colegio Champagnat, haber ido al seminario y haber tenido una relación más o menos orgánica con la cúpula de la iglesia por tantos años. Pero Grondona no es solamente un hombre de la iglesia, supongo que esa marca está tan presente como en cualquier persona que haya tenido una relación así con la iglesia. No lo congelaría en eso, no se explica al Grondona de los últimos años a partir de eso, es una de las tantas cosas que lo fueron moldeando.

Cuando empezás a relatar la vida de Grondona como periodista, se puede observar cómo se va acercando al poder militar. ¿Pudiste descubrir a través de la investigación que esto fue una necesidad suya o se fue dando naturalmente?

Si sos columnista político del diario La Nación y entrás en el año ‘57 o ’58, y tenés ideas conservadoras, va de suyo que buscás un acercamiento con los militares. Hubo periodistas del diario La Nación, antes y después de Grondona, que no llegaron a tener esa relación tan fluida con los oficiales azules. ¿Por qué la tuvo Grondona? Porque entró a trabajar con Rodolfo Martínez en la cátedra de Derecho en la Universidad de Buenos Aires y lo invitaron a trabajar en el colegio militar como profesor. Ahí lo llevó Lanusse, entonces comenzó a tener una relación fluida y permanente con ese poder militar. Y, obviamente, vieron en Grondona una buena pluma, un interlocutor y era “su hombre” en La Nación. En esos cuatro años donde comienza a tener relación con el poder militar, para los militares azules Grondona era el periodista de La Nación, entonces comenzó una relación de ida y vuelta tan importante que le pidieron que escribiera comunicados, programas y muchas otras cosas. Creo que Grondona, más allá de su ambición de poder y condición de arribista, estaba verdaderamente convencido de lo que escribía en aquellos años. Él creía en el proyecto azul y en Onganía, eso no tengo ninguna duda.

En toda la investigación, ¿cuáles fueron los tramos de la vida de Grondona que más te sorprendieron?

Me sorprendieron muchas cosas. Cómo consigue auto elevarse socialmente y presentarse como un hombre de tradición. La historia de Grondona es la historia de los Grondona-Poggio, que es una familia de inmigrantes italianos que fueron creciendo muy lentamente en la Argentina de principios del siglo pasado, y es muy sorprendente cómo Grondona consigue mimetizarse con la elite, con la oligarquía. Tiene que ver mucho su relación con Elena Lynch de Grondona, que es su esposa: gracias a los Lynch entra al diario La Nación. Esto le dio cierto roce. También me sorprendió mucho la desesperación y la ambición de Grondona a partir de su ingreso en la televisión y cómo consigue espacios, sobre todo en la última dictadura, utilizando seudónimos, trabajando para la Fuerza Aérea, trabajando para la familia Somoza, dirigiendo varias revistas a la vez o estando como director en las sombras o columnista con otro nombre, como Giucciardini. Ese Grondona tan multifacético, desesperado por influir sobre la Junta Militar y, al mismo tiempo, muy predispuesto a defender con muchísima tenacidad la dictadura es uno de los temas que me sorprendió, porque el Grondona que tal vez tengo más presente es una persona reflexiva, que intenta ser imparcial, alguien que intenta buscar los consensos entre los disensos. Otra cosa que me sorprendió mucho fue el Grondona de la televisión: cómo un profesor o un periodista que intenta reflexionar o pensar, terminó cediendo mucho de lo que él defendía. El espectáculo para pensar implica hacer muchísimas cosas: desde una reconciliación con Moria Casán, hasta permitir que (Alfredo) Bravo y (el genocida Miguel) Etchecolaz tuvieran un debate, como si entre los dos pudiera haber un debate. O cuando mostró el video del juez federal (Norberto) Oyarbide en un prostíbulo.

En la década del noventa, Grondona tiene su mayor popularidad gracias a la televisión. Ya en el 2000, ¿esta influencia va descendiendo?

A principios de la década del noventa, cuando se separa de Bernardo Neustadt, a partir del ’89, lo que consigue es casi milagroso: aparecer como feroz opositor de Menem. Si tomamos en cuenta los aspectos más importantes del gobierno de Menem: apertura económica, privatizaciones, reducción del Estado, alineamiento con los Estados Unidos, indultos, con todo eso Grondona estaba a favor. La astucia de Grondona es conseguir reposicionarse como opositor. A principios de la década queda muy marcado cómo Neustadt está fascinado con Menem y lo sigue y los asesora, en cambio, Grondona, pese a apoyar las principales medidas del gobierno, consigue posicionarse como un periodista que le da espacio a la oposición, que está en contra de la corrupción y ahí consigue un reconocimiento que no solamente viene de la clase media porteña, es un reconocimiento que alcanza a periodistas muy conocidos que lo invitan a la Asociación PERIODISTAS, es un reconocimiento de algunas fuerzas como el FREPASO. Graciela Fernández Meijide y “Chacho” Álvarez eran casi columnistas de su programa. Ese Grondona que aparece como pluralista, democrático, quizá hasta culposo por sus actuaciones previas, es el Grondona que gana mucho dinero, que tiene mucho reconocimiento y se extiende hasta la llegada de la ALIANZA. Grondona contribuyó mucho a construir la idea de la ALIANZA como etapa superadora del menemismo, de un proyecto sin corrupción. Creo que a partir del 99, cuando Hora Clave cumple diez años, empieza cierta decadencia o crisis. Es una decadencia bastante lenta pero persistente. Si querés un quiebre muy importante, es este Grondona de estos últimos tres años, después de tener un accidente cerebro vascular, que es un Grondona que vuelve a reencontrarse con su mismo Grondona y dice: Yo soy un hombre conservador. Se posiciona muy fuerte contra la política de derechos humanos del gobierno de Kirchner y creo que vuelve un Grondona pre década del noventa, que es más conciliador. Todo esto no lo hago como interpretaciones psicologistas, sino que me baso en lo que ha escrito, lo que ha dicho y lo que me han comentado personas que lo visitan