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Desde Washington, por intermedio de sus dos últimas virreinas, se ejerce un furioso chantaje en contra del Ecuador y se le presiona para que la Oxy sea perdonada en sus más de 30 violaciones legales, y siga llevándose el petróleo hasta exprimir los pozos que son parte del patrimonio de este pueblo empobrecido.

La Casa Blanca advierte: O solucionan favorablemente el problema de la Oxy, se olvidan de la caducidad del contrato o no se firma el TLC. ¡Que así sea!

En este país hay grupos y personas desesperados para que se firme el TLC al costo que sea necesario, inclusive, con pérdida de dignidad y soberanía porque más les interesa acrecentar sus fortunas dolarizadas que la futura indigencia del pueblo, el atraco a la biodiversidad y conocimientos ancestrales.

Esos aspirantes a la colonización total ya están colonizados.

El TLC no es justo ni equitativo, tanto que para tratar de alcanzar migajas se ha puesto en juego la Base de Manta que, entregada al imperio, es una afrenta a la dignidad nacional.

Allí gozan de inmunidad las tropas y civiles mercenarios de la DynCorp y otros de la misma laya.

Negociar el TLC con la Base de Manta de por medio es una rendición a la Soberanía, puesto que proponer semejante dislate, significa pensar en ceder a perpetuidad ese importante sector estratégico de nuestra patria.

Las luchas populares en contra de la Oxy y TLC tienen, en su esencia, un elevado signo patriótico que no puede ser desentendido ni por el Gobierno, ni por las clases elitarias de la política y economía.

Aún es tiempo de la reflexión y de la esperanza, de lo contrario, esas luchas concluirán con funestas e impredecibles consecuencias.