Rusia y Ucrania pusieron fin a su discrepancia sobre el precio del gas natural. Ucrania pagará más, pero menos de lo que Rusia pedía al comienzo. Esa es una buena noticia. La mala noticia es que Occidente no tomó parte en este desenlace.
Gazprom había solicitado un aumento del 400% de los precios del gas a una Ucrania en dificultades financieras. Al depender Kiev de Rusia en un 30% de su gas, Rusia esperaba así afianzar su influencia en Ucrania, minar la política prooccidental de Víktor Yushchenko y castigar el acercamiento de Ucrania a Occidente. Sin embargo, Ucrania contraatacó al declarar su soberanía sobre el Estrecho de Kerch y autorizando así a los barcos de la OTAN a navegar en el Mar de Azov. Ucrania también amenazó con abandonar la CEI. Rusia entonces ejecutó su amenaza, y, al hacerlo, Gazprom demostró que sólo era un instrumento del Kremlin. La compañía había afirmado querer ajustar sus precios según los del mercado mundial, pero no lo hizo con Bielorrusia, aliada de Vladimir Putin. El presidente ruso apareció entonces como un extorsionador de fondos.
La Unión Europea sólo ayudó a Ucrania porque su suministro de gas estaba comprometido y temía un invierno frío. Occidente debe hacer más para ayudar a Ucrania y explotar las ambiciones rusas en la escena internacional y en la OMC para aplacar las relaciones ruso-ucranianas.

Fuente
Los Angeles Times (Estados Unidos)

«Russia’s thuggery backfires», por Rajan Menon y Oles M. Smolansky, Los Angeles Times, 8 de enero de 2006.