La responsabilidad de reflejar la verdad desde el lado de los pueblos implica, para un medio de comunicación como OPCIÓN, analizar a profundidad los procesos políticos y sociales que ha vivido el Ecuador en estos años y proyectar su curso, en función de aportar a la construcción de un proyecto emancipador y de progreso para los pueblos.

Es por ello que los acontecimientos de la última etapa, que son fruto de una crisis estructural del sistema, merecen ser discutidos desde las diversas visiones que en el espectro popular existen, y para ello nuestro quincenario se ha propuesto contribuir al debate sobre algunos de los aspectos que consideramos son claves en los actuales momentos.

El primer aspecto tiene que ver con la necesidad y posibilidad de que en el Ecuador se produzcan cambios profundos. Algunos sectores ubican este fenómeno en el ámbito de reformas a la Constitución Política del Estado, mientras otros lo ven como necesidad un cambio radical en las relaciones del poder político del Estado. Por ello el primer tema que proponemos para el debate es:

Crisis: ¿refundación o revolución?

El segundo aspecto tiene que ver con la preocupación cada vez más creciente de entender la participación de nuevos sectores en la lucha política, por fuera de los partidos políticos y las organizaciones sociales que históricamente han venido actuando en el escenario nacional. Para comprender mejor este problema nos planteamos el tema:

El concepto de lo ciudadano frente a la organización popular.

Y el tercer aspecto tiene que ver con la necesidad de sistematizar y proyectar toda la experiencia de lucha en defensa de la soberanía que tienen los pueblos del Ecuador, ya sea oponiéndose a la presencia de tropas extranjeras en nuestro territorio, como el caso de la Base aérea de Manta, la oposición al Plan Colombia como estrategia de dominación imperialista en la región, la lucha contra la firma de acuerdos como el Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos, y la exigencia de caducidad de contratos lesivos para los intereses nacionales como el de la compañía Occidental.

Pero no solo sistematizar esta lucha, sino ubicar las propuestas que han surgido en medio de ella para lograr que el Ecuador entre en un proceso franco de desarrollo soberano, que además de significar una posición digna significa también una alternativa viable para salir de la crisis económica en la que han sumido al país los grupos de poder. Por ello el tema que planteamos es:

Soberanía, condición para el progreso.

Esta propuesta para el debate pretende involucrar a las principales fuerzas sociales y políticas del espectro popular, y contribuir así al esclarecimiento de tan importantes temas, por lo que desde ya hacemos extensiva nuestra invitación a los distintos foros que estaremos propiciando a lo largo de estos meses. Iniciamos recogiendo tres visiones sobre la problemática planteada.

La necesidad de la Revolución Social

Por: Pablo Miranda

A lo largo de la historia republicana del Ecuador se sucedieron intermitentemente gobiernos constitucionales, dictaduras militares y civil–militares. Esos períodos nunca fueron demasiado largos, se miden por lustros y escasamente por décadas. Se trataba de un ciclo que mal gobernaba el país.

Desde 1979, el gobierno del país se rige por la democracia representativa. Son casi 30 años en los cuales las dictaduras han estado ausentes. Según las reglas, hemos tenido gobiernos elegidos democráticamente, el Congreso ha funcionado y la justicia está bajo los cánones constitucionales.

La democracia representativa, sin embargo, está en crisis. Desde 1996 hemos soportado 8 gobiernos, cada cual más malo que el anterior, los congresos no son otra cosa que un circo donde se rifan los destinos del país, donde el peculado y la sancadilla, la componenda y la traición son cuestiones comunes y corrientes. Las Cortes de Justicia se han convertido en antros de jueces corrompidos que venden los fallos.

De estos años de democracia nada ha sacado la gente común. Hemos visto horrorizados cómo se trafica con la moral y los anhelos de los ecuatorianos.

Hemos visto cómo se han turnado en el gobierno los socialcristianos, la Izquierda Democrática, los conservadores, la Democracia Popular, el populismo de diverso membrete… Y nada. Cada uno de ellos ofreció el oro y el moro, se planteó como salvador de la Patria y el pueblo, y las cosas no siguieron igual, empeoraron.

En estos años los trabajadores y los pueblos, la juventud, no estuvieron impasibles, dejando que los “patricios”, los banqueros y los empresarios, los “oligarcas” y sus sirvientes hicieran de las suyas. Por el contrario, estuvieron presentes, atentos y de pie. Lucharon en las calles y las plazas, en las carreteras y los campos, en la movilización y el paro, en la huelga y el levantamiento. Lucharon por sus derechos y aspiraciones, en contra de la opresión y explotación capitalistas, contra la dominación imperialista, la Base de Manta, el Plan Colombia y el TLC.

Los pueblos se alzaron contra los gobiernos corruptos de Bucaram, Mahuad y Gutiérrez, y los echaron. Buscaron alternativas en las formas de lucha y organización. Se va configurando un movimiento popular que integra a los trabajadores de la ciudad y el campo, a los campesinos y comerciantes minoristas, a los pobladores pobres de las ciudades, a los maestros, a la juventud estudiantil. Se trata de un movimiento popular en el que confluyen los pueblos indígenas, que constituyen un protagonista de la lucha social que se involucra activamente planteando sus reivindicaciones culturales y nacionales, pero que también se incorpora a las acciones contra la expoliación y explotación, el pueblo negro, las mujeres como sujeto que reclama su presencia en la vida social y política, los ecologistas que bregan por la conservación del ambiente y en contra de sus depredadores, el imperialismo y sus sirvientes.

Se avanza, desbrozando rumbos, “haciendo camino al andar”. Junto a estos sectores movilizados y con las mismas necesidades y demandas están millones de ecuatorianos, con la predisposición de hacer Patria, de cambiar el país en beneficio propio.

Existe un desengaño de la democracia representativa y de las dictaduras. Ahora está más claro el rol de la Embajada Estadounidense en el desenvolvimiento de la economía y la vida social y política del país. Se va adquiriendo mayor comprensión del gran valor de la unidad y la lucha de los de abajo. Cada vez está más claro el nefasto papel de los gobiernos, el Congreso, las cortes, los partidos políticos de los empresarios.

Los ecuatorianos queremos el cambio y vamos comprendiendo que ese anhelo será consecuencia de nuestra propia acción, de lo que podamos hacer los trabajadores y los pueblos, la juventud.

Esta situación es entendida también por el imperialismo y las clases dominantes y, por esa razón, presentan alternativas para resolver la crisis en su beneficio. Las propuestas –la reforma política- exhibidas por los diversos sectores de las clases dominantes desde el Ejecutivo y desde el Congreso pretenden responder a esta gran crisis, con planteamientos que preservan el sistema y los intereses de los grandes empresarios extranjeros y nacionales, por eso no significan otra cosa que adornos de la democracia representativa y, en algunos casos, inclusive significan un retroceso histórico, la conculcación de importantes derechos democráticos, tales como la participación de la minorías y de la izquierda en los órganos de la democracia representativa.

La Constituyente, por ejemplo, tal como se la concibe y se la reclama desde el Ejecutivo no hará otra cosa que refrendar lo esencial del sistema, la dominación del capital sobre el trabajo, de los empresarios y banqueros sobre las masas obreras y campesinas. Para que la Constituyente instituya normas verdaderamente democráticas que representen los intereses del país, de los trabajadores y los pueblos, deberá ser una Constituyente originada en la revolución.

En estas circunstancias, cuando se quiebra la sociedad capitalista, cuando echa pus por todos sus poros; cuando la institucionalidad: el Gobierno, el Congreso y la justicia se vienen abajo; cuando los partidos políticos de los explotadores están inmersos en la crisis “pudriéndose en su propia salsa” se plantea una disyuntiva: este régimen, tambaleante y todo, acudiendo a mil argucias y maniobras se recompone y vuelve a ofrecernos más de lo mismo; o, los de abajo encontramos la manera de destruirlo, de echarlo abajo y reemplazarlo por uno nuevo, el socialismo.

Se trata de una encrucijada histórica: o el país continúa su camino zigzagueante signado por el imperialismo y el capitalismo, o la revolución se produce.

Históricamente la revolución social se produjo allí donde las cadenas de la explotación están más débiles, en el país y en el momento que se exacerban las contradicciones de clase, donde la crisis general se profundiza y agudiza constantemente, allí donde las masas trabajadoras, los pueblos y la juventud están de pie, dispuestas a mayores y más altos enfrentamientos, allí donde los revolucionarios proletarios están presentes y creciendo.

La Revolución Social, de otro lado, no es una cuestión sencilla ni fácil de organizar y hacer. Es el cambio violento de las estructuras. Es una gran hazaña que involucra a millones de seres y que inevitablemente conduce a una nueva sociedad. Esto quiere decir que la revolución no exige solamente el cambio de Presidente o la adopción de algunas medidas a favor de los trabajadores. La revolución es todo, lleva a los de abajo a arriba y establece el reino del trabajo. La revolución social construye una sociedad sin explotadores ni explotados. Con estos señalamientos afirmamos que la revolución social es una necesidad histórica, que es la única vía para dejar atrás la dependencia del país y erigir una sociedad equitativa, para construir el bienestar del pueblo.

También afirmamos que en la actual situación del país, la Revolución está pasando de ser una necesidad objetiva a constituir una alternativa en el imaginario de un gran sector de los trabajadores y los pueblos del Ecuador.

Reflexión sobre el discurso de ciudadanía

Por: Guido Proaño

Existen discursos que resultan seductores si no son contrapuestos con la reflexión crítica para desentrañar su esencia; aquel que habla y reclama el reconocimiento de la condición de ciudadano como cimiento de la redención social es uno de ellos.

Aunque sus propugnadores lo muestren como una propuesta nueva o el resultado de un “repensar” sociológico de estos años, el discurso de la ciudadanía es viejo. Sin llegar a sus orígenes, basta señalar que el significado que hoy tiene se remite a los postulados levantados por los teóricos liberal-burgueses europeos del siglo XVII, para confirmar que no se trata de un planteamiento novedoso y menos aún contradictorio a la naturaleza de clase del sistema capitalista imperante.

Cuando, como resultado de la agudización de la crisis del sistema capitalista, recuperan fuerza y razón las propuestas que combaten por poner fin al capitalismo, como única vía posible para conquistar la liberación social de la explotación burguesa, la reivindicación de “ciudadanía” resulta ser conservadora, reaccionaria. No está demás aclarar que las tesis de la revolución social nunca dejaron de tener razón, a pesar de que el escenario político mundial se mostró circunstancialmente adverso.

¿Por qué acusamos de conservadora y reaccionaria a dicha propuesta? Sencillamente porque busca encubrir la división de clases existente en la sociedad y negar la necesidad de las transformaciones sociales revolucionarias. La igualdad jurídica, el reconocimiento de derechos civiles y sociales mínimos serían suficientes para poner fin a lo que se califica como “exclusión” social. De hecho, la burguesía en todos los países reivindica la dimensión jurídica de la igualdad, de tras de la cual se levanta la más feroz explotación.

Pero la demanda de derechos supone asumir obligaciones, someterse y aceptar el stablishmet y por tanto defender el orden en el que se incluyen los “ciudadanos”. De ello deviene la colaboración de clases, la disminución de las exigencias económicas y políticas que, llevadas a tope, implicaría abandonar la lucha por el cambio revolucionario, para limitarse a la exigencia por conquistar la “inclusión” social o el reconocimiento de los derechos mínimos.

Más allá de la igualdad jurídica, las diferencias de clase son una realidad, son el origen para los intereses económicos y políticos contrapuestos, para el inevitable desate de la lucha de clases.

Históricamente, la burguesía en el poder ha buscado desactivar la lucha de las clases trabajadoras; evitar su organización para el combate es un propósito, para lo que no acude únicamente a la represión, sino también a la acción ideológica. En este último campo actúa el discurso de la ciudadanía, cuando procura ocultar la situación de clase, las diferencias de intereses que atraviesan la sociedad, al hablar del hombre o la mujer en abstracto y de sus reivindicaciones jurídicas individuales. No resulta extraño que, ahora, Habermans exponga que la comunicación y el “diálogo racional” entre ciudadanos sustituyen a una “obsoleta lucha de clases” y serían fuente de solución de conflictos y diferencias sociales.

Es imposible separar la arena económica y política, pues entre ellas hay una relación dialéctica de interdependecia, mas, la economía (la estructura económica) determina el curso de la política, en consecuencia, el reconocimiento jurídico es formal si no se crea una nueva economía: una nueva sociedad.

Soberanía, condición para el progreso

Por: Ramiro Vinuesa

Uno de los problemas serios que enfrenta el Ecuador de hoy, al igual que otros países dependientes del resto del mundo, es el tema de la soberanía, entendida ésta como la capacidad de autodeterminación que procure un desarrollo en función de las necesidades de los ecuatorianos, que mantenga el control, disponga y preserve en beneficio del pueblo las inmensas riquezas naturales.

Toda nuestra historia republicana está llena de renunciamientos, concesiones y entreguismo a países y empresas transnacionales, particularmente al imperialismo norteamericano. Los responsables de esta historia son las oligarquías criollas y sus gobiernos, que le han producido al Ecuador grandes desmembramientos territoriales, la explotación de grandes recursos mineros y petroleros, la exportación de una enorme cantidad de recursos financieros por la vía del pago de la deuda externa, de la remisión de utilidades, la privatización de empresas públicas como la del agua potable y la pretensión de hacerlo con las empresas petrolera, de telefonía, eléctricas y otras, lo cual paulatinamente ha ido desnacionalizando la economía ecuatoriana, sumiéndola en el atraso y mayor pobreza de sus pueblos.

En el plano político las cosas nos son diferentes, los gobiernos ecuatorianos prácticamente han sido ejecutores de las decisiones de Washington. Es más, en la actualidad los distintos embajadores yanquis actúan desembozadamente en los asuntos más trascendentes de la vida política de nuestro país, opinan y establecen lo que aquí se debe hacer, sitúan los alcances y limites del Gobierno. Lo mismo sucede en el ámbito militar. El Jefe del Comando Sur del Ejercito norteamericano viene al país numerosas ocasiones, recorre las guarniciones militares, recibe informes cual general ecuatoriano. Al final se reúne con el Comando Conjunto de la FF.AA., reparte órdenes y establece las prioridades a seguir.

Cosa parecida sucede con las ‘misiones’ del FMI, que vienen para garantizar la marcha de las disposiciones que en el área económica establece ese organismo imperialista. Este círculo de dominio tiene en los grandes medios de comunicación a un soporte de primera línea, pues a través de ellos se propagandizan las supuestas bondades de la globalización imperialista, de la libre empresa, de la ‘necesidad’ de asociarnos en el TLC; a través de ellos se realiza un brutal ofensiva que pretende homogenizar culturalmente a nuestros pueblos, desfigurando su memoria y tradiciones libertarias.

El imperialismo norteamericano y los distintos gobiernos oligárquicos le han causado graves perjuicios al Ecuador y a su pueblo. A los 200 mil km2 arrebatados en 1941 por el Perú se suman otros 14 mil entregados por el corrupto gobierno de Jamil Mahuad, en nombre de la paz. Sin embargo y al poco tiempo apareció el Plan Colombia, la orden imperial del momento fue ocuparse de la frontera norte y, efectivamente, 10 mil soldados ecuatorianos se encuentran en esa zona enfrentando el peligro de una guerra que solo es del interés del gobierno yanqui.

Por otro lado, en la actualidad le ha significado al país que el 80% de las utilidades de la exploración petrolera se la lleven las transnacionales, que en su mayoría son norteamericanas, y que compañías como la OXY hagan transacciones con nuestro patrimonio y descaradamente reclamen continuar explotando nuestros recursos con el aval del Gobierno. Este tradicional entreguismo de las clases dominantes ecuatorianas podría culminar incluso con la renuncia a la soberanía sobre las 200 millas de mar territorial, para ubicarlas en 12, como señala la Convención del Mar, con el mismo criterio que se ha exhibido para otros renunciamientos. Es decir, que “la defensa de la soberanía es un anacronismo y que hay que ser realistas y ubicarnos en los tiempos modernos y no aferrarnos al pasado”. Con este criterio dieron el aval para la ocupación de la Base de Manta por parte de mercenarios y del Ejército norteamericano La burguesía, socia menor y sirviente de las transnacionales, no tiene la capacidad ni la inteligencia para oponerse a esta política de vasallaje y neocolonización. Acostumbrada a la ganancia fácil, a la sobreexplotación de los trabajadores, al subsidio estatal para resolver su incapacidad empresarial, produciendo sucesivas quiebras que han frenado el desarrollo del país.

Frente a esta incapacidad y servilismo histórico de la oligarquía ecuatoriana, han sido los pueblos quienes han enarbolado las banderas de la soberanía, la defensa de nuestro territorio y de nuestros recursos naturales. Son los soldados patriotas provenientes de los sectores populares quienes han ofrendado su vida en defensa del territorio. En sucesivas acciones los trabajadores se han levantado para impedir las privatizaciones de las áreas estratégicas, ha sido la juventud rebelde del Ecuador quien en masivas luchas y movilizaciones ha enfrentado la política neoliberal y la presencia de las transnacionales. Si antes estas luchas expulsaron a la petrolera Gulf del país, hoy se proponen la salida de la OXY, contra el TLC, el Plan Colombia y la ocupación de la Base de Manta. En definitiva, los trabajadores, los maestros, los indígenas, la juventud ha protagonizado las importantes gestas en defensa de la soberanía. Han condenado y echado del poder a gobiernos pro imperialistas.

Son los pueblos quienes están escribiendo una nueva historia, son los pueblos quienes sienten la necesidad de libertad y son los que están en la real capacidad de luchar por la emancipación social y nacional y derrotar al imperialismo y construir un Ecuador soberano, donde la libertad, el progreso y el bienestar sean de todos.