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«Sismo político, «bomba electoral», «proceso de paz comprometido», «victoria de los terroristas», la prensa mainstream ha reaccionado con virulencia y aparente pánico ante la victoria electoral de Hamas en las elecciones legislativas en Palestina. La mayor parte de los expertos mediáticos no vio, o no quiso ver, la corriente de opinión palestina que rechazaba a Al Fatah y a sus dirigentes, corrompidos por las fuerzas de ocupación. Aunque según estudios concordantes menos del 15% de los palestinos desea una transformación de su sociedad según el modelo islamista, fueron cinco veces más numerosos los que votaron por el movimiento islamista, que encarna para ellos la resistencia a la opresión. Al Fatah, cuya ideología laica es mayoritaria, se desacreditó irremediablemente al preconizar el abandono de la lucha armada apenas enterrado Yasser Arafat.
El pánico de los editorialistas «occidentales» está a la altura de la ceguera de los expertos mediáticos que pensaban que los trucajes electorales serían suficientes para relativizar la victoria de Hamas e impedirle obtener la mayoría de los escaños. Estados Unidos e Israel no escatimaron esfuerzos para alterar el escrutinio: financiamiento masivo de Al Fatah por parte de la USAID, asesinato de candidatos islamistas por el ejército israelí, prohibición de voto impuesta al 94% de los electores de Jerusalén Este por parte de Israel; de ahí que todos concordaran en pensar que Hamas obtendría poco espacio en un gobierno de unión nacional. Se vería entonces obligado a «adquirir responsabilidad» y a transitar el camino recorrido por Al Fatah un tiempo antes. Era incluso posible ver la implosión de Hamas, lo que daría lugar a una corriente «pragmática» convertida a las virtudes de la negociación, tal y como está previsto en la «hoja de ruta», y a un ala armada radical, aislada y privada de apoyo.

Este era el enfoque del profesor de Oxford, Hussein Agha, y del ex enviado especial de Bill Clinton para las relaciones israelo-árabes, Robert Malley. En una tribuna publicada en The Guardian, el Boston Globe, el International Herald Tribune y The Age, ambos autores expresaban su esperanza de integrar apaciblemente a Hamas a la política seguida por Al Fatah, punto de vista que ambos analistas habían desarrollado ya en mayo de 2005. Hasta entonces, Hamas podía ser alabado por los servicios prestados a los palestinos, pero tanto Agha como Malley aseguraban que una vez asociado al poder, se le achacaría la responsabilidad de las malas condiciones de vida de la población y que, para mejorarlas, tendría que endurecer su posición con respecto a Israel o deshacerse entre un ala radical y una corriente más conciliadora con Tel Aviv.
Este análisis será igualmente desarrollado por Robert Malley en Le Monde. En esta adaptación de la tribuna anterior, el autor se mostraba más preciso en cuanto a los métodos de integración de Hamas, preconizando un apoyo financiero de la Unión Europea a los municipios controlados por el partido islamista a cambio del abandono de la violencia.

El ciudadano israelo-árabe, profesor en la universidad norteamericana de París, Marwan Bishara, adelantaba en La Vanguardia y en Le Figaro un buen resultado para Hamas, aunque lo dejaba en minoría. Para el analista, el resultado de Hamas lo llevaría a participar en el gobierno de la Autoridad Palestina, a callar su oposición a las negociaciones y a apoyar a Mahmud Abbas que se vería relegitimado frente a los israelíes. Así, tras las elecciones, el autor pedía la redacción de un programa de unión nacional en el que participaran las principales fuerzas políticas palestinas.
Partiendo de un estimado comparable de los resultados, el ex ministro de Información jordano, Saleh Alkallab, expresaba en Asharqalawsat que Hamas no participaría en el gobierno, aunque no excluía tanto como Agha y Malley que pudiera ganar las elecciones. Esperaba que en caso de victoria de Hamas, se formaría un gobierno de unión nacional y predecía que el movimiento islamista debería seguir la misma política que Al Fatah. Ante todo, el autor deseaba evitar una confrontación entre los diferentes grupos palestinos.

Como puede verse, la mayor parte de los analistas mediáticos esperaba que las elecciones no cambiarían gran cosa en la política seguida por la Autoridad Palestina y que Mahmud Abbas saldría fortalecido de una manera u otra de este escrutinio.
Para el diputado del Yahad y principal negociador de Israel en los «acuerdos de Ginebra», Yossi Beilin, un fortalecimiento de Mahmud Abbas es ante todo esencial para el futuro electoral de su partido y de la izquierda israelí que prepara las elecciones del 28 de marzo. En La Vanguardia, pronostica una victoria de Kadima, el partido de Ariel Sharon y Ehud Olmert. Sin embargo, este partido no podrá gobernar solo, lo que hacía considerar a Beilin que si en Palestina venciera una coalición «pragmática», Kadima se aliaría con los laboristas y entonces podrían reiniciarse las negociaciones y resurgir su partido. Por el contrario, en caso de victoria de Hamas, sin dudas Kadima se aliaría al Likud sin posibilidad de negociación. De esta forma, el diputado israelí reconocía implícitamente que las personas al frente de la Autoridad Palestina no tenían importancia, pues las relaciones israelo-palestinas dependen de la coalición en el poder en Israel.

Muy alejado de este enfoque consensual, el editorialista palestino de Alquds- Alarabi, Abdel Bari Atouan, antes de las elecciones, expresaba su deseo de cambio, un editorial lúcido que esbozaba la opinión mayoritaria palestina que se expresaría en las urnas. El autor llamaba así a una alternancia política, sin hablar de una victoria de Hamas, y pedía que el próximo gobierno pusiera fin a la corrupción, juzgara a los dirigentes corruptos y negociara con Israel, pero sin reconsiderar el derecho de retorno o la creación de un Estado palestino con Jerusalén como capital.
Era la misma posición defendida por Hamas, pero observemos que esta línea era igualmente defendida por una minoría de miembros críticos de Al Fatah que pudo resistir bastante bien al maremoto verde.
Es el caso de la ex representante de la Autoridad Palestina para los asuntos de Jerusalén y nueva representante de la Autoridad Palestina en Francia, Hind Khoury, que denunciaba en The Guardian la campaña de intimidación y las trabas administrativas que impidieron acudir a las urnas al 94% de los palestinos de Jerusalén Este. Refiriéndose a la retórica estadounidense sobre la reforma palestina como premisa para la paz, afirma que no es así que se avanzará en el proceso de paz.

Sin embargo, la retórica de la «democratización» del Medio Oriente tiene sus límites y la reacción de Estados Unidos y Tel Aviv ante los resultados de las elecciones lo ha demostrado sin demora.
Antes del escrutinio, la USAID había financiado ampliamente la campaña de Al Fatah a fin de limitar la extrema popularidad de su opositor islamista. En cuanto se conocieron los resultados, Estados Unidos y sus aliados reconsideraron la continuación de la ayuda humanitaria entregada a la Autoridad Palestina, mientras que Israel ya congeló los fondos de la Autoridad Palestina, prohibiendo igualmente el desplazamiento entre Gaza y Cisjordania a los diputados de Hamas. De esta forma, luego de haber logrado comprar a los líderes de Al Fatah, pero de haber fracasado en cuanto a comprar a los electores palestinos, Washington y Tel Aviv han decidido arruinar a la Autoridad Palestina e impedir que el gobierno surgido de las urnas ejerza sus responsabilidades.
El presidente estadounidense George W. Bush comentó los resultados electorales durante una conferencia de prensa. Los deplora sin cuestionarlos y afirma que Estados Unidos no discutirá nunca con un gobierno que preconice la destrucción de Israel. Desmiente haber ayudado a Al Fatah mediante la USAID, aunque reitera su deseo de que Mahmud Abbas permanezca en su puesto. Es interesante señalar que la posición de George W. Bush es totalmente paradójica. En realidad, la Carta de Hamas no prevé la destrucción de Israel, mientras que Al Fatah, de Mahmud Abbas, tenía esta destrucción como objetivo, el cual fue abandonado luego de la firma de los acuerdos de Oslo entre Rabin y Arafat en 1993. Por lo tanto, no sólo es posible negociar con un grupo que afirma desear la destrucción de Israel, sino que este señalamiento no se aplica a Hamas.
Los medios mainstream no han apuntado esta incoherencia. Por el contrario, la mayor parte ha abundado en la misma opinión que el presidente estadounidense adaptando a la nueva mayoría parlamentaria palestina el mito de «la ausencia de interlocutor árabe» en las negociaciones de paz que en otros tiempos funcionaron tan bien contra Yasser Arafat. Así, la mayor parte de los diarios ha dramatizado la victoria de Hamas, dedicando una buena parte de sus páginas a la denuncia de los crímenes de Hamas y a las condenas, justificadas, a los ataques contra civiles, pero sin tomarse el trabajo de recordar el contexto de la ocupación y los crímenes cometidos por el ejército israelí.

El ex director general del Ministerio de Relaciones Exteriores israelí, Shlomo Avineri, insiste también en la ausencia de «interlocutor árabe» en una tribuna difundida por Project Syndicate. Este texto fue publicado en el Jordan Times, el Korea Herald, el Daily Star y sin dudas en otras publicaciones que se nos escapan así como en un gran número de sitios en Internet. Como siempre, gracias a su capacidad de difusión, Project Syndicate debería influir profundamente en el debate mediático. Esperamos encontrar la prosa de Avineri en numerosos periódicos en los próximos días y, sobre todo, ver cómo la adoptan numerosos analistas. Para el autor, la victoria de Hamas demuestra no sólo que no hay posibilidades de llegar a una paz negociada con los árabes, sino que el abismo entre israelíes y palestinos se profundiza cada vez más. Se basa en este punto de vista para apoyar al partido Kadima y la política de retirada unilateral, es decir, la aplicación de la política del control de la mayor cantidad posible de territorio con el mínimo de tropas.

No es de extrañar que la extrema derecha estadounidense llegue aún más lejos. El administrador del U.S. Institute of Peace y presidente del Middle East Forum, Daniel Pipes, llama así a un aislamiento de Hamas y la Autoridad Palestina en el National Post y en The Australian. Es de la opinión de que esta elección es comparable a la de Hitler en Alemania en 1933, por lo que llama a «Occidente» a castigar a los palestinos por su elección. Estima también que hay que sacar lecciones de la misma para toda la región y que es necesario disminuir el ritmo del proceso de «democratización» del Medio Oriente para facilitar la erradicación del «Islam radical». Así, el autor define su oposición al apoyo de una parte de las élites estadounidenses a movimientos fundamentalistas para remodelar la región.
Compartiendo las conclusiones de Daniel Pipes, el analista neoconservador Joel Mowbray también pide el aislamiento de la Autoridad Palestina sin dejar de expresar su satisfacción por la victoria de Hamas en el Washington Times. Considera que Al Fatah era peor que Hamas pues aparentemente estaba comprometido con la hoja de ruta, pero llevaba a cabo operaciones terroristas con las Brigadas de los Mártires de Al Aqsa. Israel tenía deberes con respecto a esta organización que no tiene con Hamas por lo que hay razones para alegrarse.

Abdel Bari Atouan ha visto llegar al poder el programa político que quería, pero se alarma en Al Quds Al Arabi por la actitud «occidental». Considera que la situación actual en Palestina recuerda la de Argelia en 1991: los palestinos, como los argelinos de entonces, han votado contra un régimen corrupto, pero a diferencia de los militares argelinos, Mahmud Abbas aceptó los resultados. Son Israel, Estados Unidos y la Unión Europea los que lo rechazan, al igual que los regímenes árabes que utilizan el miedo a los islamistas para permanecer en el poder. Hamas será privado de recursos por parte de los países árabes, la Unión Europea y Estados Unidos, de ahí que el autor concluya que podría volverse hacia Irán.

El ex vocero de la Muslim Association of Britain y director del Institute of Islamic Political Thought, Azzam Tamimi expresa su regocijo en The Guardian por la victoria de Hamas y trata de reconsiderar cierto número de lugares comunes en lo tocante a este partido difundidos por la prensa mainstream. Para él, las teorías de los expertos enunciadas antes del escrutinio acerca de las intenciones de los palestinos no tienen ningún sentido. Considera que los palestinos votaron para invertir los términos del proceso de paz. Hasta ahora las discusiones israelo-palestinas, cuando tenían lugar, se basaban en el principio de que los palestinos eran los agresores y que el principal problema era el terrorismo. A partir de ahora, las negociaciones deben partir del principio de que Israel es el agresor y que el principal problema es la ocupación. El autor recuerda que el jeque Yasín había declarado que un retorno a las fronteras de 1967 pondría fin a la acción militar de Hamas por lo menos durante una generación. Estas declaraciones fueron confirmadas en la entrevista a Moshir al-Masri, vocero de Hamas, que difundimos en nuestro sitio. Por consiguiente, el autor concluye que hay que aceptar la negociación con Hamas como Londres negocia con el IRA.