La «contundencia» de las pruebas recogidas por los moradores de la franja fronteriza y de los propios elementos de inteligencia militar, al decir del Ministro, no les permitieron a nuestras autoridades, por esta vez, atentar contra el idioma y decir que lo único que hubo fue un «sobrepasamiento».

Ahora se trata, simplemente y como en las ocasiones anteriores, de una flagrante violación a la soberanía ecuatoriana.

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Sin embargo, en este «escenario» de protestas, nada se dice sobre el «rol», papel o desempeño que ha tenido la BASE DE MANTA en este «incidente».

Supuestamente debía haber informado que aviones extraños estaban invadiendo el territorio nacional pues el radar de la citada base, no distingue –supuestamente- la pertenencia de las naves.

O seguramente no es tan efectivo el sistema de seguimiento para aeronaves extrañas como lo es para los barcos cargados de compatriotas cuando en éxodo se lanzan al mar soñando con mejores días.

El silencio de la Base de Manta y la falta de curiosidad de nuestras autoridades para pedir explicaciones sobre esta ineficiencia, llevan a mal pensar: o, desde ese enclave estadounidense se coordinaba la violación de soberanía o, el avión fantasma, tal vez, despegó desde ese mismo aeropuerto (que averigüe el Ministro si el avión estaba piloteado, como se dice, por pilotos estadounidenses, lo que significaría extender la protesta a la Casa Blanca) y el radar lo tenía plenamente identificado, o en el Ecuador pueden entrar y salir aviones cargados de cualquier «cosa» sin que el famoso FOL sirva para un carajo.

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Los pilotos del avión fantasma:¿son colombianos o de EEUU?

Así las cosas, y como casi siempre pasa, los informes, desmentidos, burlas, silencios o insultos, se dan entre cancillerías y jefes militares de las dos naciones tercermundistas dejando impoluta la eficiencia y responsabilidad de los Estados Unidos, que desde las alturas de su omnímodo poder se regodean de la bronca, cuando en realidad son los autores intelectuales y de pronto materiales, de esa aleve agresión a la soberanía y dignidad del Ecuador, en esta ocasión y en muchas otras.

¿Qué fue si no el Protocolo de Río de Janeiro y el «acuerdo» de paz de 1999?