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Musa Abu Marzook

Una nueva era se abre para la lucha de liberación de los palestinos, que han hablado mediante una elección histórica, equitativa y libre.

Por esta razón, la larga tradición norteamericana, consistente en apoyar el derecho a la autoderminación del oprimido, no debe debilitarse. Estados Unidos, la Unión Europea y el resto del mundo deben acoger este proceso democrático y no debe traicionarse el compromiso contraído sobre la ayuda a brindar. La victoria, la semana pasada, del partido del Cambio y la Reforma en las elecciones legislativas palestinas señala el nacimiento de una nueva esperanza para un pueblo sometido a ocupación extranjera.

Los resultados electorales reflejan una necesidad de cambio con relación a la corrupción y a la intransigencia del gobierno saliente. Desde su creación hace ya diez años, el Consejo Legislativo Palestino se ha mostrado incapaz de satisfacer las necesidades del pueblo palestino. Mientras la ocupación cerraba el cerco auspiciada por los llamados «acuerdos de paz», la calidad de vida de los palestinos que habitaban los territorios ocupados no dejaba de deteriorarse. Aumentaban vertiginosamente los límites de pobreza, la tasa de desempleo alcanzaba niveles inauditos y la ausencia de seguridad elemental se hacía insoportable. De esta situación de urgencia surgió una alternativa de la base.

Gracias a sus logros en materia de acción social y a su compromiso con la satisfacción de las necesidades elementales del pueblo palestino, el Movimiento Islámico de Resistencia (Hamas) se desarrolló como fuerza social constructiva esforzada por asegurar un mínimo de bienestar a todos los palestinos. El alivio a las condiciones agotadoras creadas por la ocupación es lo fundamental en nuestro mandato (al representar la reforma y el cambio la savia vital), ¡y de ninguna forma la instauración de un Estado islámico!

A pesar de las presiones generadas por la ocupación y por un gobierno autónomo corrupto, la sociedad civil palestina ha dado pruebas de resistencia frente a estas condiciones represivas. Las instituciones sociales podrán recuperar una actividad renovada, ahora gracias a un gobierno reformado cuya misión es dar el poder al pueblo, facilitar el ejercicio de las libertades de los ciudadanos y proteger sus derechos cívicos.

Nuestra sociedad ha celebrado siempre el pluralismo, manteniendo vivas la historia única y las tradiciones de la Tierra Santa. Reconociendo las tradiciones judeo-cristianas, los musulmanes aspiran noblemente y tienen los mayores estímulos y motivaciones para preservar la Tierra Santa para las tres religiones abrahámicas en pie de igualdad. Por otra parte, una gestión de gobierno honesta exige que la nación palestina esté representada en un medio pluralista. Una nueva generación de líderes islámicos está lista para llevar a la práctica principios basados en la ley, en un contexto de tolerancia y unidad.

Según este espíritu, Hamas se ha comprometido a observar una total transparencia en su gobierno. Un liderazgo honesto emanará de la responsabilidad y de la rendición de cuentas de sus funcionarios públicos. Hamas ha elegido quince parlamentarias mujeres, llamadas a desempeñar un papel de importancia en la vida pública. Por otra parte, el movimiento ha establecido relaciones sinceras y duraderas con varios candidatos cristianos.

En momentos en que iniciamos una nueva fase de nuestro combate por la liberación de Palestina, vemos en las recientes elecciones un voto de sanción contra los fracasos del proceso en curso. Una nueva «hoja de ruta» se hace ahora necesaria que nos aleje de los puntos de control y de las murallas para encarminarnos por la vía de la libertad y la justicia. El llamado «proceso de paz» de la década pasada condujo a una dramática aceleración de la expansión de las colonias ilegales y de las confiscaciones de tierras. Las realidades de la ocupación son los humillantes puntos de control, las demoliciones de viviendas, las detenciones administrativas ilimitadas y sin juicio, los asesinatos extrajudiciales y millares de civiles muertos.

El Movimiento de Resistencia Islámica ha sido electo a fin de proteger a los palestinos contra los abusos del ocupante, a partir de su historia de sacrificios por la noble causa de la libertad. Es erróneo ver cualquier tipo de amenaza en la voluntad colectiva de los palestinos, manifestada en la elección de Hamas durante elecciones honestas y libres, a pesar de la ocupación. Para que se instaure un diálogo constructivo es necesario dejar a un lado los prejuicios y los condicionamientos. Los términos de este diálogo, al que aspiramos, deben ser la justicia, el respeto mutuo y la integridad de los que toman parte en el mismo.

Al igual que los israelíes valoran su seguridad, los palestinos tienen el derecho fundamental de vivir dignamente y en seguridad. Pedimos a los israelíes que reflexionen sobre la paz de que disfrutaban antiguamente nuestros dos pueblos, así como sobre la protección que brindaron siempre los musulmanes a las comunidades judías en todo el mundo. Nos esforzaremos de buena fe para borrar la amargura que la ocupación israelí ha provocado, al alejar a toda una generación de palestinos. Exhortamos a los israelíes a no condenar la posteridad a un baño de sangre interminable y a un conflicto en el que la superioridad sería ilusoria. ¡Debe llegar el día en que, lado a lado, vivamos juntos como antes!

Las fracasadas políticas de la administración norteamericana son el resultado de la contradicción inherente a su posición como principal aliado de Israel y como autoproclamado «agente honesto» para la solución del conflicto. Todas las naciones del mundo han condenado la brutalidad de la ocupación israelí. En interés de la paz, Estados Unidos debe abandonar su posición de aislamiento y unirse al resto del mundo, en un llamado a poner fin a la ocupación, y garantizando a los palestinos la obtención de su derecho a la autodeterminación.

Hacemos un llamado al sentido de justicia del pueblo norteamericano para que juzgue este conflicto a la luz de los grandes pensamientos, de los grandes principios y de los grandes ideales que tanto aprecian, expresados en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, en su Constitución y en la democracia que han construido. No hay nada irrazonable en esperar de Estados Unidos que ponga en práctica en otros lugares lo que preconiza en su territorio. Podemos esperar sinceramente que utilizarán ustedes su discernimiento honesto y las bendiciones de la ascendencia que Dios les concedió para exigir un término a la ocupación israelí. Una democracia digna de ese nombre no podría desarrollarse mientras que una fuerza externa mantenga el actual desequilibrio mundial. Todo pueblo tiene el derecho a seguir su propio destino.

Esta tribuna fue publicada por el Washington Post el 31 de enero de 2006. Versión en español a partir de la versión francesa realizada por Marcel Charbonnier, miembro de Tlaxcala, la red de traductores por la diversidad lingüística ([email protected]).