Como ya hemos demostrado muchas veces en nuestra rúbrica Tribunas y análisis, los medios de difusión occidentales están inmersos en una intensa campaña de propaganda contra Irán, en la que simplifican las problemáticas de la cuestión nuclear para presentarla únicamente desde el ángulo de la amenaza. Sin embargo, esa propaganda no funciona en otras regiones del mundo en las que la opinión pública tiene en cuenta el hecho de que Irán no está violando ningún tratado internacional.

Al admitir, el 16 de febrero de 2006, ante la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, que va a resultar difícil convencer al Consejo de Seguridad de la ONU de crear un sistema de sanciones internacionales contra Teherán, la secretaria de Estado Condoleezza Rice pidió al Congreso los medios necesarios para intensificar la propaganda contra Irán con el fin de preparar una intervención militar o una operación de desestabilización. La administración Bush pide un presupuesto adicional de 75 millones de dólares. La mayor parte de esa suma (50 millones de dólares) sería destinada a las estaciones iraníes de radio y televisión «independientes» que transmiten vía satélite en farsi. Washington entregaría también 15 millones de dólares a la oposición iraní mediante la National Endowment for Democracy.

Esos esfuerzo se sumarían a los que ya despliega el Departamento de Defensa en lo tocante a la preparación sicológica con vistas al conflicto y la manipulación de las masas. (Ilustración: Condoleezza Rice y el presidente egipcio Hosni Mubarak durante el encuentro que sostuvieron en El Cairo el 22 de febrero de 2006. Foto Xinhua/Jin Linpeng)