Una fábrica papelera contaminado el río en Misiones, Argentina.
Foto Indymedia

Dos días antes de asumir la presidencia de la República Oriental del Uruguay, Tabaré Vazquez dijo: “Miren qué belleza nuestro país, nuestro medio, no vamos a permitir que fábricas depredadoras entren a este país”.

Meses antes, su ministro de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente había dicho a sus colaboradores cercanos: “Esta porquería de Botnia no me entra”.

¿Cuáles son los intereses que manejan las empresas que planean instalar, contra cualquier tipo de resistencia, las dos plantas de procesamiento de celulosa para la fabricación de papel más grandes de Latinoamérica?

Botnia

Es la dueña de la primera y más grande de las dos plantas. Su nombre completo es Metsä-Botnia y sus propietarios son las financieras UPM, Metsäliitto y M-Real. El otro grupo accionista de Botnia, UPM-Kymmene, fue investigado por la División Antidumping de los Estados Unidos, por la posible fijación de precios y otras formas de colisión en la industria de las etiquetas.

La conducta de la Botnia, que opera sobre el Lago Saimaa (el más importante de Finlandia), la ha dejado casi fuera de la producción europea a raíz de un grave incidente ambiental que aniquiló toda la pesca en el verano de 2003.
A partir de ese incidente, la empresa está armando su retiro de la producción finlandesa hacia tierras donde hay menor control. La cuestión de fondo es que las normas ambientales europeas exigen un tratamiento antitóxico libre totalmente de cloro y Botnia trabaja hoy con el sistema llamado ECF (libre de cloro elemental), arrojando efluentes de dioxinas (sustancias altamente tóxicas de propiedades cancerígenas). A partir de 2006, el sistema ECF será prohibido en toda Europa.

La diferencia entre el sistema que arroja cloro a las aguas y el que no arroja cloro es una cuantiosa inversión industrial. En la Argentina y el Uruguay de hoy, el sistema es más simple: tiran directamente “todo al río”, casi sin inversión tecnológica que evite la contaminación.

Según información de su página web, el año 2005 fue regular para la empresa, el volumen de negocios llegó a 945 millones de euros y los beneficios de explotación sumaron poco más de ochenta millones.

En Chile existe una planta modelo de celulosa llamada Arauco, que utiliza el mismo tipo de tecnología que Botnia. Fue suspendida por el gobierno chileno debido a su alto nivel de polución. Había comenzado a operar en febrero 2004. Con tecnología de punta, una inversión de mil millones de dólares, y sometida a un Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental. A pesar de todas estas garantías no pudo evitarse “un derrame de sulfato que afectó a habitantes ubicados a 30 km de distancia, provocándoles dolores de cabeza, náuseas e irritación en los ojos”. Pudo constatarse que “vierte 900 litros de residuos (tóxicos) por segundo en el Río Cruces; sus olores nauseabundos llegan hasta la ciudad de Valdivia (a unos 50 km de distancia); y los animales domésticos que beben las aguas del río de los pozos cercanos, mueren”.

En el caso de Botnia, la misma empresa reconoce como inevitable el mal olor que se expandirá a muchos kilómetros a la redonda.

Ence

La Empresa Nacional de Celulosa de España, fundada por Francisco Franco en 1957 es la procesadora que se instalará junto a Botnia en Uruguay. Tiene, al igual que Botnia el sistema ECF, con el agravante de que además se dedica a la compra de tierras para forestar y luego las desforesta indiscriminadamente para vender, a escala mundial, la madera para fabricación de pasta de celulosa.

La compañía española se encuentra en el Uruguay desde aproximadamente 1991 bajo el nombre de la firma forestal Eufores S.A., con plantaciones en ese país de alrededor de 60.000 hectáreas de eucaliptus globulus. Su vicepresidente, la ingeniera Rosario Pou, es cuñada del ex presidente uruguayo Luis Alberto Lacalle, en cuyo gobierno comenzaron las tratativas para la instalación de la planta de celulosa.

El presidente de Ence, José Luis Méndez, señaló: “El objetivo de la compañía es expandirse donde se den las condiciones propicias, y hoy por hoy el asentamiento de Ence en Uruguay cuenta con un enorme potencial de crecimiento. Ence posee en Uruguay 62.000 hectáreas de bosque y cuenta con la estructura logística en un marco fiscal y legal oportuno”. Donde dice marco fiscal y legal oportuno debería, quizás, leerse legislación laxa y permisiva.

En Pontevedra, España, la empresa es conocida por su contaminación y existen varias organizaciones sociales que luchan para que termine la producción.

En noviembre de 2006, seis directivos de la empresa fueron condenados por degradación ambiental y Ence tuvo que reconocer su responsabilidad y pagar una multa de más de 400.000 euros.

Las promesas

Ambas empresas anuncian que la inversión que realizan es la más grande en la historia uruguaya (1200 millones de dólares) y aseguran que generaran una importante cantidad de fuentes de trabajo.

Con respecto a los 1200 millones, solamente 200 millones se invertirán en el Uruguay. Los otros irán directamente a Finlandia y Suecia, por la compra de maquinarias y otros servicios. Tampoco la oferta laboral será muy importante. Según la misma empresa, una vez puesta en marcha la planta necesitará solamente 300 trabajadores como máximo. De los cuales, en cálculos de la empresa, sólo ocho podrán ser contratados con primaria completa. A los otros se les exigirá capacitación técnica. Muchos de ellos vendrán del exterior. Botnia se enorgullece cuando dice que no más de ocho operarios monitoreando los paneles de control bastan para mantener en funcionamiento toda la planta. Por otra parte, se calcula que se van a perder unos 1500 trabajos en la pesca, la apicultura, el turismo y otras actividades afectadas directamente por la contaminación acústica, del agua y del aire producida por la planta. Esto quiere decir: empleos sólo mientras se construye la planta. Pan para hoy hambre para mañana.

Qué parte de la historia sobre la instalación de las plantas celulosas se contará en el futuro es todavía un interrogante. Es que, pese al tamaño y la fuerza de los dos pulpos trasnacionales que pretenden hacer negocios a como de lugar, se ha dado en ambas costas un fenómeno inimaginable hasta hace no mucho tiempo.

El pueblo, o la gente, o la sociedad civil, o los vecinos, como gustemos llamarlos, han decidido tomar en sus manos el destino de su tierra y de sus ríos.