Tenemos un privilegio que aquellos patriotas hubieran disfrutado con inmenso placer, el vivir tiempos no solo de lucha y resistencia, sino además de victorias, de aspiraciones hechas carne y espíritu en millones de hombres y mujeres de esta nación, como ellos soñaron infinitas veces.

Igualmente, el privilegio de tener la vergüenza suficiente para denunciar toda la podredumbre moral que caracteriza la conducta del grupo más cínico y genocida que ha gobernado nunca desde la Casa Blanca.

El mundo es testigo del salvajismo y la irracionalidad de una política que se impone mediante el chantaje, la presión brutal o la fuerza militar con total desprecio a la legalidad y las normas del derecho internacional.

Dos lugares en nuestro país son un ejemplo de ello: la fábrica de mercenarios y provocaciones que tenemos aquí enfrente y la base naval ilegalmente ocupada en la bahía de Guantánamo convertida en bofetada en pleno rostro de la civilización. Cuando la humanidad avanza sobre el siglo XXI contempla estupefacta cómo se resucitan prácticas medievales como el suplicio corporal, los quebrantos espirituales y la quema de la verdad.

Indigna escuchar o leer cómo los torturadores oficiales bordan en sus delantales frases bonitas relacionadas con de la democracia o la libertad. Jamás en las relaciones internacionales, ni siquiera en la época del fascismo hitleriano, el mundo había sido testigo de tan increíble desprecio hacia valores y conceptos, algunos consustanciales al periodismo y la política como el respeto a la palabra y a sus significados.

La guerra y la ocupación de Iraq han provocado la muerte de decenas de miles de personas inocentes e incontables sufrimientos a millones de seres. No había allí vinculación alguna con los autores del horrendo crimen del 11 de septiembre. No había tampoco armas de exterminio masivo en territorio iraquí. Lo realmente comprobado fueron las mentiras del Gobierno yanki que engañó a la opinión pública mundial y a las Naciones Unidas.

Desvergonzados comerciantes, corruptos hasta la médula, están detrás de la producción de armamentos para destruir y dar muerte, del negocio de la reconstrucción y sobre todo del control de las fuentes de energía que aseguren los niveles de derroche y ostentación a las sociedades opulentas.

Están empantanados en un conflicto del cual no saben cómo salir y ya hablan, con lenguaje amenazante, de nuevos bombardeos, nuevos ataques y nuevas guerras. Es, sencillamente, la locura. Esos intereses mueven a distancia los hilos de la conspiración anticubana, como la que se implementa dentro de las paredes de esa cueva peligrosa. Ello es expresión de la desesperación y la impotencia ante la firmeza de Cuba y los cambios que se están produciendo en el mapa político de América Latina, donde por tanta humillación y pobreza, generadas por la imposición de políticas neoliberales se multiplican los movimientos y conductas de insubordinación que agrietan el sistema de dominación imperialista en esta zona del mundo.

Les aterra que médicos cubanos salven vidas o devuelvan la visión a decenas de miles de enfermos o que asesores de nuestro país aceleren los modernos programas de alfabetización popular. Esa frustración, más una marcada predilección por cierta cultura de la ilegalidad y el desorden, les hace cometer actos de particular crueldad hacia nuestros cinco héroes presos de manera arbitraria en Estados Unidos, al tiempo que ofrecen una guarida confortable y segura a monstruosos terroristas mundialmente repudiados, como el autor del crimen de Barbados, acerca de lo cual el compañero Frank González nos dio el testimonio dramático de las primeras horas que siguieron a la caída en mar del avión cubano cargado de pasajeros tras ser volado en el aire.

La mentira y la represión política siempre van de la mano de la guerra, la tortura y el terrorismo. Los asesinatos de periodistas por los invasores en Iraq, la propuesta de Bush a Tony Blair de bombardear la central de Al Jazeera en Qatar, la confección por parte del Pentágono de materiales con una visión favorable de la ocupación, que eran pagados y publicados en periódicos iraquíes, el soborno a reporteros, la complicidad de la gran prensa de EE.UU. en el engaño y los escándalos en manipulación de la opinión pública son un ejemplo de cuanto cinismo se esconde tras el discurso imperial sobre la libertad de prensa.

Compañeras y compañeros: Como es tradición en nuestras celebraciones por el Día de la Prensa, hoy se han entregado los estímulos acreditativos de los lugares alcanzados en la emulación de la UPEC. En nombre de todos los colegas del país felicitamos a las delegaciones ganadoras y enviamos desde esta trinchera de combate, cargada de extraordinario simbolismo, un saludo cariñoso a aquellos que se desempeñan abnegadamente en un medio territorial, nacional o internacional, en las nuevas radioemisoras y telecentros locales, en los canales educativos y en los sitios digitales para Internet; o a esos enviados especiales, que compiten en altura con la obra que nuestros internacionalistas de la salud o la educación, en Paquistán, Venezuela, Bolivia, África, el Caribe y otros lugares del mundo están edificando en el corazón de millones de personas.

Todo el legado revolucionario de Patria y El Cubano Libre en los años de la guerra mambisa; de Radio Rebelde y la prensa clandestina durante la tiranía batistiana; de la lucha contra bandidos, Girón y la Crisis de Octubre; de las misiones internacionalistas en el continente africano; del reflejo del acontecer cotidiano nacional e internacional; del que ha seguido siempre a nuestro Comandante en Jefe en su incansable y ejemplar labor al frente de su pueblo; del que inculca aquellos valores sin los cuales no tiene sentido la vida, como la dignidad, la justicia y la solidaridad; toda esa fuerza de la tradición de un periodismo al servicio de su pueblo y todos los olvidados de la Tierra se levanta este día para condenar la guerra y el terrorismo, exigir respeto al derecho de los pueblos a escoger su propio destino y llamar a todos los colegas honestos del mundo a defender la humanidad de un sistema sumamente cruel, asqueante y despiadado.

La suerte de los periodistas cubanos esta indisolublemente unida a la causa y las ideas de su Revolución y como siempre sabrán poner todo su talento como cronistas de su tiempo y como soldados para pelear hasta la victoria si la Patria fuera agredida.

¡Abajo la guerra, el terrorismo y la mentira! ¡Abran las rejas que encierran a nuestros Cinco Héroes! ¡Vivan la gloria de Martí y de la prensa revolucionaria! ¡Nada ni nadie podrán silenciar nunca la verdad de Cuba! ¡Vivan Fidel y Raúl! ¡Patria o Muerte! ¡Venceremos!

# Portal de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC)