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Nomenclatura chola: tú me premias, yo te premio, nos premiamos (o desagraviamos)

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La Defensoría del Pueblo que dirige Beatriz Merino ha propuesto premiar al señor Salomón Lerner Febres. Como es de rigor, ni siquiera se acuerda de hacer mención de las sufridas poblaciones de Kepashiato, Kiteni en Echarate, Valle de La Convención-Cusco. O de Choropampa en Cajamarca donde Minera Yanacocha derramó hace cinco años mercurio y en donde las secuelas nocivas y criminales persisten.

Un grupo de señorones del Perú formal de escritores del sistema, políticos enfeudados a Congresos episódicos y sumamente tristes y antipopulares, niños-bien de un Perú de juguete que suele otorgar patentes de corso a muchos inmorales, ha firmado una declaración que desagravia la supuesta e ilustre carrera de don Javier Pérez de Cuéllar con el avieso propósito de disimular o licuar que éste firmó, años atrás, una resolución por la que se beneficiaba, él también, con devengados provenientes del dinero del pueblo. Puede no ser ilegal, pero sí es ¡profundamente inmoral!

¿Qué se traen entre manos estas manadas de escribas oficiosos y especialistas en hacer cartas de respaldo, apoyo, desagravio, solicitudes de premios y otorgamientos de condecoraciones ficticias a quienes son símbolos del sistema que atenaza al Perú en las gradaciones más vergonzosas de país subdesarrollado, con más del 55% de población en extrema pobreza y con una monstruosa asimetría en que 95% es dominado por patotas que apenas si llegan al 5%? Evidentemente “consagrar” ante la opinión pública, o lo que ellos llaman o entienden así, a sus próceres, sus héroes, sus íconos.

¿O quieren, también, estos monigotes, “limpiar” el no recuerdo que dice don Javier tener de los juegos de notas reversales por él firmados en 1969 cuando era Secretario General de la Cancillería y por los que reconoce límites marítimos con Chile? Hasta donde se sabe la posición oficial peruana es absolutamente ¡diferente! La amnesia selectiva del veterano diplomático no se condice con sus múltiples explicaciones y lamentaciones que ha manifestado sobre este particular en corrillos íntimos ante sus amigotes. En otros países, la asunción de posturas disímiles con las oficiales y en riña estricta o desapego a la nacionalidad, se califica duramente, se castiga con la degradación y, por último, también se fusila a los traidores.

No puede ser más clara la demostración de cómo el sistema peruano funciona en base a grupúsculos con poder económico y que han sabido colocarse-enquistarse en cuanta organización o plataforma de mando para “decidir” oficialmente la canonización de no pocos imbéciles como “juristas, analistas, estrategas, diplomáticos, escritores, poetas, periodistas, ensayistas, luchadores sociales, etc”.

Si el lector común y corriente se anima a hacer una estadística, los entrevistados en todos los canales, radioemisoras y diarios, no pasan de 100 o algo más. Son siempre los mismos que rotan de medio en medio y con la mediocridad del discurso uniforme, en resguardo de la tramposa “sociedad civil”, excusa muy simpática para engatusar gringos idiotas, y con ello determinar quiénes son los que “forman opinión” o tienen “derecho” a hablar o manifestar sus “opiniones”. Hay, un ejemplo que vi, pocos días atrás, un siquiatra que apareció tres días seguidos en tres canales distintos. ¿Es una lumbrera? ¡Qué bah! Es un loro con pies ¡vaya vulgaridad!

¿Recuerdan meses atrás cuando decenas de cacatúas firmaban “demandas” exigiéndole al presidente Toledo definiciones en torno a su bancada parlamentaria y a la presencia en ella de elementos “discutibles”? Como si esta acción pandillera pudiera suplir las investigaciones que efectúa la justicia regular o reemplazar, con manipulaciones, lo que debe ser el apego al estricto derecho.

Sin duda, preguntar qué es el derecho en Perú nos lleva a conclusiones oprobiosas. En un país en que las transnacionales NO pagan al Estado las regalías ni los impuestos correspondientes y justos por lo que ganan con sus actividades económicas, resulta un chiste de mal gusto, invocar el derecho. Aquí, hecha la ley, hecha la trampa. Y para eso sirven los abogángsteres, muchos de los cuales, son candidatos a la presidencia de la república. Uno de esos, Enano perinola, cobraba a los jubilados de diversas asociaciones miles de dólares mensuales y sólo los traicionó desde la presidencia transitoria porque firmó ¡precisamente! la sentencia de muerte que ha irrespetado derechos adquiridos y ya ha matado a cientos de hombres y mujeres que lucharon y trabajaron por el país. Y encima este miserable quiere que le reconozcan como “estadista”. ¡Qué disparate!

El derecho en Perú NO puede siquiera aplicar medidas rápidas, efectivas y severísimas contra quienes, siendo extranjeros e insolentes, se atreven a alzar la voz aún a pesar que el adefesio de gasoducto que han construido falla todo el tiempo. El derecho nacional no puede enmarrocar a un polaco flautista que no tiene sangre en la cara y que está metido en todos los negociados enormes contra el pueblo del Perú, mientras que sus cuentas corrientes han visto cómo engordaban en los años recientísimos. ¿De qué derecho hablamos?

Las taifas han elaborado sus códigos y se premian entre sí y elogian cada vez que alguno de sus integrantes muge o ladra en forma de discurso, libro, artículo o lo que ellos llaman ensayo. El espíritu de cuerpo para defender la arquitectura enorme de convenios, pactos, contratos, genuinos robos en nombre de las esperanzas populares, funciona de izquierda-zurda caviar a derecha-momia reaccionaria. En esto, como en la conservación de todos sus privilegios, están hermanados con lazos de sangre como la mafia y todas sus derivaciones ponzoñosas.

Hay que desconfiar cada vez que los “ilustres” nos propongan premiaciones, medallas, apoyos. Todo está contaminado del olor fétido que el conchabo destila. No hay amor al país, sino a lo que puede aún explotarse de su pobre gente, destinada a no ser nada si no pasa por las horcas caudinas del sometimiento a los popes y alfiles custodiadores de la nomenclatura chola.

Tú me premias, yo te premio, nos premiamos (o desagraviamos) es el grito de los chacales y ladrones. ¿Cuánto tiempo más podrá durar todo este circo nefasto? Depende mucho de cómo organice el pueblo su defensa y su lucha despiadada contra estos fantoches. Y en esto, el 9 de abril, el Congreso, más propiamente el Establo, la democracia formal de las ONPEs, JNEs, no tiene nada que ver. ¡Más bien estorba!

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

Documentos adjuntos

 
Herbert Mujica Rojas

Herbert Mujica Rojas Autor de la columna Señal de Alerta y responsable de Páginas Libres, periodista peruano, analista político y ensayista en temas geopolíticos, ambientales, seguridad documentaria y otros vibrantes acápites de su país y Latinoamérica. Escribió en el 2007 el libro ¡Estafa al Perú! ¡Cómo robarse aeropuertos y vivir sin problemas!
Es posible conectar con él al teléfono (+51) 9-9918-0913.

 

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