¿No hay acaso, entre las decenas de argentinos de Pluspetrol, Techint, TGP, empresas de quinta categoría en el mundo energético, alguien que pueda decirle a Enrique Iglesias, presidente del Banco Interamericano de Desarrollo, BID, que esta es una época muy mala para visitar Camisea y que era mejor otra la fecha? La pregunta es válida también para las autoridades del ministerio de Energía y Minas, a cargo del conocido palafrenero de multinacionales, Jaime Quijandría, ¿no es su hijo Martín Quijandría, el gerente general adjunto de Sodexho, la empresa que da alimentación a todas las minas y proyectos en el Perú, un hombre de su confianza? Lo cierto es que Iglesias no fue a Camisea, pero el BID sí presta US$ 5 millones de dólares.

¿Así se maneja el proyecto más importante de toda la historia del Perú? La concesión de Camisea nace de engañifas como aquella que reemplaza a una de los integrantes del consorcio, Hidrocarburos Andinos SAC (que entró con un capital de apenas S/. 1,500 soles) por Tecpetrol (100% propiedad de Techint) y que en el contrato figuraba como soporte técnico –y nada más- de H. Andinos; o como la dada a conocer públicamente por Alberto Moons, vicepresidente de Pluspetrol, la cláusula 8.6 que permite la renegociación de regalías. Recordemos que Pluspetrol “gana” la buena pro porque se comprometió a una regalía de 37.24% para el Estado peruano.

Hay una funcionaria en el BID-Perú, Elizabeth Britto, de nacionalidad brasilera, muy activa cuando de traer a los nativos del Valle de La Convención se trata y de convencerlos que digan sí a sus consultas ciudadanas. Pero, ¿ella no sabe, no le informan o no quiere que Enrique Iglesias se dé cuenta de la realidad que hay en Camisea?

En el vídeo Valle de La Convención, Cusco: Tierra de Nadie, se da cuenta de cómo Techint atenta contra puentes y la infraestructura de la zona, amén de cómo contamina ríos, destruye cabeceras de cerros, bota basura y desperdicios y maltrata a los lugareños con actitudes soberbias de virreyes de nuevo cuño. Ni una sola de estas acusaciones ha sido rebatida por Techint, Pluspetrol o TGP. Por el contrario, amenazan a través de mercenarios que se hacen llamar periodistas que van a denunciarnos por decir lo que hemos visto: helicópteros de la FAP transportando a la guardia de asalto de la PNP a Kiteni, para apalear a los regnícolas y contratados por Techint. Preguntamos en aquella ocasión: ¿a quién sirve la PNP?

Si de lo que se trata es de maquillar la vigilancia de Camisea a través de visitas que no se concretan por mal tiempo y que Enrique Iglesias del BID, dé cuenta con Quijandría de cómo dan dinero a las empresas que estudian los impactos ambientales, no es necesaria tanta bufonada y parafernalia, basta con que hagan lo que han hecho desde el comienzo. Y punto. A Iglesias le hacen cometer ridículos o ¿tiene intereses muy marcados en este tema, como se insinúa en ciertos pagos interiores de alguna de estas empresitas del consorcio Camisea?

En Pisco, Pluspetrol ha comprado 240 hectáreas en Playa Lobería y ha emitido una cantidad inenarrable de mentiras para justificar su paso por esa zona dentro de la Reserva Ecológica de Paracas. Pregunté, en ocasión de mi visita el sábado último, para participar en un evento organizado por los ingenieros pesqueros de la zona: ¿qué empresa seria podría aprobar un EIA en Playa Lobería? Contesté ante el auditorio: ¡sólo alguna alquilada por Pluspetrol! Y eso es lo que está ocurriendo. La razón fundamental (si fundamental se puede llamar a un requerimiento de codicia y ahorro abyecto) es que esas hectáreas fueron obtenidas con precios a barrer y que no quieren invertir en el medio ambiente ni en su preservación ni en nada, sólo quieren ganar dinero y largarse y por eso piden dinero al BID de manera desesperada.

En Cusco, Ayacucho e Ica, el consorcio Camisea está generando malestar, muertes, atentados severos contra el medio ambiente, con la complicidad de Jaime Quijandría y ahora todo parece indicar, con esta última farsa, también del Banco Interamericano de Desarrollo. Bien dicen que cuando de abusar se trata, no hay fronteras, idiomas ni colores y menos vocaciones sociales.

Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz.

* 19-1-2003