El espectáculo corriente no puede ser más triste como lamentable: ¡los dirigentes políticos mendigando por firmas de adhesión! No sólo aspiran a ser los encargados de la cosa pública, sino que ninguno de los más urticantes problemas nacionales pasa por sus democráticas preocupaciones. Sólo hay que reclutar firmas a como dé lugar. ¡No importa que después les sean mondadas el 90% de las presentadas! Siempre tendrán una excusa para enfilar el dedo acusador: ¡fuimos engañados!, ¡los digitadores no hicieron lo correcto!, ¡nos estafaron! ¿Es eso lo que el Perú necesita para plantearse el reto indubitable de remontar diez años de traiciones, monras y felonías? ¡Aquí no hay partidos políticos! ¡Hay patotas angurrientas que se creen con derecho a ser parlamentarios, ediles cuando no presidentes o ministros! ¡Qué miseria y qué asco! ¡Así de simple!

El Perú fue saqueado por una gavilla científica que copó toda la administración pública, las direcciones militares y policiales, las educativas y financieras. El mundo diplomático contó, a través de cacos de cuello y corbata, con una impunidad inverosímil. ¡Hay denuncias que hemos expuesto públicamente con pelos y señales y la Cancillería no dice hasta hoy nada de nada! A lo más una Asociación de Diplomáticos emitió un comunicado anodino que no precisa nada, habla de generalidades y menos desmiente cualquiera de las afirmaciones antes vertidas. Gran parte de la mafia fujimorista sigue en el poder. Los figurones más tristemente célebres: Fujimori y Montesinos, cayeron en desgracia, pero el resto sigue incólume. Véanse sino a los imbéciles que están en el Congreso, "presidiendo" Comisiones del establo como se denomina en los tiempos modernos al Parlamento. ¿Qué ha dicho o expresado alguno de estos clubes en torno a cualquiera de las informaciones aparecidas en Liberación? Nada es mucho.

Ningún movimiento o club o grupo de amigos en política se ha manifestado integralmente sobre la política exterior del Perú. ¿Alguien ha dicho siquiera esta boca es mía, sobre los acuerdos con el Ecuador? Es más, la señorita Lourdes Flores, candidata de la derecha opusdeísta y reaccionaria por vocación, apoyó la firma de esos "convenios" que se van haciendo sospechosos de contener cláusulas lesivas y contradictorias al Protocolo de Río de Janeiro de 1942. ¡Y esta persona es candidata presidencial! ¡Y fue la que dijo que el delincuente Fujimori era el más indicado para conducir el "proceso de transición"! ¡Y también la que hizo con Mono con metralleta Olivera, la ley con nombre propio para evitar la actuación pública de Alan García Pérez! ¿Qué dice el resto? ¿Saben acaso que la política exterior del Perú requiere de cambios urgentes y de una profilaxia profunda? En lugar de ser patrimonio o coto de caza cerrado de gavillas, la diplomacia debía ser un tema de debate nacional y si hay que meter en la cárcel a cacos y socios, ¡pues hay que hacerlo!

Hasta hoy no se conocen pronunciamientos políticos sobre los contratos para la explotación del gas de Camisea. ¿Saben que podríamos producir acero más barato que Brasil o Argentina? ¿Y que exportaríamos energía empaquetada en un futuro cercano? Las excepciones son poquísimas, pero ¿qué puede aguardar el elector si sus políticos aspirantes son casi analfabetos en la materia? La respuesta es trágica: ¡nada de nada y mucho más de lo mismo! Es decir, improvisación, aventura, majadería revestida de afeites oratorios, pero de desarrollo energético o industrial, sólo sueños.

Obsérvese que la pobreza intelectual de los candidatos es más que notable. Algunos ni siquiera pronuncian bien el castellano. Otros discurren sobre los horizontes jurídicos y quieren aplicar toda su sapiencia de leyes escritas a la política, entonces judicializan la política. A un problema, oponen una denuncia, una querella, un exhorto, y todo por escrito. Y olvidan que son las leyes inscritas en el alma popular las que deben primar sobre códices muy respetables pero no exclusivos en la exégesis del destino de un pueblo como el peruano. He oído decir que las elecciones son impostergables porque se requiere una reforma constitucional. ¡Qué disparate! Si hasta Fujimori se hizo dar una ley para reelegirse y fue llamada la de interpretación auténtica.

Es el momento de grandes polémicas en torno a los gigantescos atrasos y miserias del Perú. No con la visión paternalista y generalizada que reza que "cuando se llegue" se resolverán los temas, sino con la actitud enérgica de acometer estas grandes trabas. Haya de la Torre, cuando su candidatura presidencial en 1931, habló del discurso-programa en Acho y denostó de las listas de lavandería con que los partidos pretendían conseguir adhesión ciudadana. Hoy la realidad es idéntica, a pesar de haber transcurrido 69 años. ¡Prescindamos de las ofertas demagógicas y exijamos seriedad y patriotismo a los candidatos!

La convocatoria electoral del 2001 es un reto histórico. No puede ser el Perú escenario en el que unos payasos tristes como toda su vida, pretendan seguir engañando a vista y paciencia de tirios y troyanos. Creo que debíamos ser espartanos y arrojar de miles de Taigetos a los políticos torpes y deformes. Enterrarlos en el panteón cívico, de cabeza y con una piedra de 50 kilogramos para que nunca revivan. Quien robó o estafó o es presumible de haberlo hecho por sus signos exteriores de riqueza sólo tiene un destino: ¡el olvido piadoso por parte del pueblo!

Reclamemos pues a nuestros candidatos civismo, elevación de miras, capacidad de horizontes. ¡Aquí no hay partidos! Los pocos que existieron se asesinaron, uno de ellos, por mano propia del ex-presidente que ya retorna y el otro supérstite que vive en la añoranza de sus dos gobiernos y bajo el influjo presente de la vida de su patricio octogenario. El resto es caricatura y ambición coqueta pero frívola.

¡Ha llegado la hora de la gran transformación! ¡Y de reorientar al Perú por los derroteros de un país con ganas de triunfo, con sed de justicia y con el sano anhelo de nunca más ser cuna de forajidos y ladrones!

*Liberación, 5-1-2001