La fecundidad adolescente ha aumentado significativamente en la última década: el 12.8% de las jóvenes colombianas entre los 15 y 19 años de edad ya eran madres o estaban embarazadas en 1990 y en el 2005 esta proporción aumenta a 20.5% (Cuadro 1). Si se incluyen aquellas que han tenido alguna pérdida – ya sea nacido muerto o aborto espontáneo o inducido-, la proporción de adolescentes alguna vez embarazadas aumenta de 13% en1990 a 22% en el 2005, un aumento de 70% en los últimos 15 años.

Las adolescentes cada vez inician su maternidad más temprano. La proporción de madres adolescentes que tuvieron su hijo antes de los 15 años aumenta de 1.3% en 1995 a 1.7% en el 2005. Así, no solo la proporción de adolescentes con hijos ha venido aumentando, sino que la edad a la cual tienen ese primer hijo ha venidodisminuyendo.

La fecundidad adolescente está determinada por las condiciones socioeconómicas y contextuales en la que vive la adolescente, las cuales actúan a través de los determinantes próximos, es decir, aquellos relacionados con la exposición al riesgo de embarazo, la concepción y la gestación: el inicio de relaciones sexuales, la unión, la anticoncepción y el aborto. En relación a la exposición al riesgo de embarazo, la edad a la cual las jóvenes inician sus relaciones sexuales ha venido disminuyendo y la proporción que ha tenido actividad sexual a cada edad ha venido aumentando. En 1995, 7.6% de las adolescentes había iniciado relaciones sexuales antes de los 15 años; en el 2005, tal proporción llega al 14%. Igualmente, la proporción de adolescentes que ha iniciado relaciones sexuales aumenta de 30% en 1995 a cerca del 44% en el 2005. Así, no solo la intensidad es mayor sino la edad a la cual las adolescentes inician actividad sexual es cada vez menor, llevando a un rejuvenecimiento del patrón de inicio. A pesar de los aumentos significativos en el inicio de las relaciones sexuales, en el 2005, menos de la mitad de las adolescentes ha iniciado relaciones sexuales. Sin embargo, gran parte de los/las adolescentes colombianas perciben que esta proporción es mayor (más del 70% a 80%). Esta norma social percibida constituye un patrón referente de comportamiento para los adolescentes.

En el 2005, alrededor del 17% de las adolescentes ya había establecido una unión. Esta cifra es menos de la mitad de la observada para el inicio de relaciones sexuales (Cuadro 2). Así, gran parte del inicio de las relaciones sexuales se da fuera de uniones estables, característica de la revolución sexual que han vivido los países occidentales en el último siglo. Igualmente, contrario al patrón de inicio de relaciones sexuales ente las adolescentes, los cambios en la conformación de uniones son menos marcados, casi inexistentes. El tipo de unión que están estableciendo las adolescentes, presenta una tendencia creciente hacia las uniones consensuales y un debilitamiento de las uniones legales/religiosas. Esta tendencia tiene una connotación importante, ya que las uniones consensuales generalmente son más inestables que las uniones legales.

Los aumentos significativos en inicio de relaciones sexuales frente a una constancia en la nupcialidad implican una mayor importancia de la actividad sexual prematrimonial. La proporción de adolescentes que ha iniciado actividad sexual antes de los 15 años es más del doble que la proporción que ha establecido una unión, evidenciando la importancia de la actividad sexual prematrimonial entre las adolescentes menores de 15 años (Cuadro 2). De igual forma, los patrones por edades de inicio de relaciones sexuales, unión y maternidad indican que la proporción de adolescentes madres o embarazadas a cada edad es mayor que la proporción unida, implicando una maternidad fuera de uniones estables, es decir un papel creciente del madresolterismo en adolescentes, con todas las implicaciones negativas que este fenómeno conlleva.

En cuanto a la planificación familiar, el conocimiento de los métodos es casi universal entre las adolescentes. El uso de métodos de planificación familiar entre las adolescentes ha aumentado significativamente en la última década, principalmente para retardar la maternidad. Este comportamiento es consistente con el aumento observado en las relaciones sexuales prematrimoniales entre las adolescentes. Sin embargo, aún en el 2005 se observan porcentajes relativamente altos de no uso actual: 42.8% entre las unidas y 20.6% entre las no unidas pero sexualmente activas.

El no uso de métodos de planificación familiar entre los adolescentes se asocia con: a) la percepción de invulnerabilidad; b) el escepticismo frente a la efectividad de los métodos; c) las creencias infundadas acerca de sus efectos secundarios; d) la creencia de que utilizar el condón con la persona que se ama y a la que se le tiene confianza es un irrespeto; e) las expectativas que se tienen de las relaciones románticas y sexuales; f) el deseo de complacer a la pareja.

Aunque casi todas las adolescentes conocen y una gran proporción utiliza los métodos de planificación familiar, todavía presentan vacíos fundamentales en materia de salud reproductiva y en el uso adecuado de los métodos. El acceso a la información sobre sexualidad y sobre los métodos de planificación familiar suele darse a través de los servicios de salud reproductiva que se ofrecen en centros de salud, médicos particulares, y programas especializados. Estos medios parecen no estar cumpliendo su papel adecuadamente. Estudios cualitativos sugieren que estas fuentes de información, tanto pública como privada, a veces no son utilizados por las jóvenes, porque les da pena pedir el servicio, o porque para acceder al servicio a través del POS requieren la intervención de los padres, o porque consideran que el personal no es amable y no les da confianza, o simplemente no saben donde ir. De esta forma, las adolescentes están abordando y ejerciendo su actividad sexual con un conocimiento deficiente de la misma, ya que aunque saben cuáles son los métodos, desconocen cómo funciona su propia fisiología de la reproducción y desconocen el uso apropiado de los métodos. Esta situación hace que entre todas las mujeres en edad fértil, las adolescentes sean las que presenten las mayores tasas de falla de método.

Cerca de la quinta parte de las adolescentes que ha usado métodos declara que el último método les falló mientras lo usaba y quedaron embarazadas. Esto se refleja en un alto embarazo no deseado. De hecho, cerca del 59% de las adolescentes no deseaba su último embarazo: un 44% lo deseaba más tarde y un 15% no lo deseaba totalmente. Estas cifras son relativamente altas frente al total de mujeres en edad reproductiva, en donde se observa un 26% de embarazo no deseado ahora sino más tarde y otro 26% de embarazo no deseado totalmente.

La fecundidad adolescente y el patrón de inicio de relaciones sexuales y de uniones no son homogéneos entre áreas geográficas ni por nivel socioeconómico. Existe un mayor tiempo de exposición al riesgo de embarazo y una mayor incidencia de las uniones entre las adolescentes de menor nivel socioeconómico y de las regiones menos desarrolladas. Por el contrario, no se observa una relación marcada entre el uso de planificación familiar y el nivel socioeconómico, aunque si existe una relación negativa clara entre la demanda insatisfecha de planificación familiar y nivel socioeconómico: las adolescentes de los estratos bajos/menor nivel educativo tienen una mayor demanda insatisfecha de planificación familiar que las de los estratos altos/mayor nivel educativo.

En cuanto a los determinantes socioeconómicos, en la literatura se pueden identificar tres tipos de factores que influyen directa e indirectamente, a través de los determinantes próximos, sobre la fecundidad: factores globales, contexto social y cultural, y características individuales de la adolescente y su hogar. En cuanto a los factores globales, la política de salud sexual y reproductiva aprobada en 1994, que obliga a los planteles educativos a incorporar proyectos pedagógicos de educación sexual en sus planes de estudio, ha tenido un impacto limitado en los estudiantes debido principalmente a su visión restringida de la sexualidad y del ser humano. En cuanto a los factores del contexto sociocultural, se encuentra el papel relevante que desempeñan los valores y percepciones sobre la familia y los hijos, el tipo de familia, la presión ejercida por los pares, el contexto social y los medios de comunicación, especialmente la televisión, en las decisiones reproductivas de los jóvenes.

En cuanto a los factores individuales y del hogar, existe evidencia del efecto importante del nivel educativo de la adolescente y de las condiciones del hogar sobre la probabilidad de inicio de las relaciones sexuales y de la maternidad adolescente. El bajo nivel educativo de la adolescente, la estructura familiar y la supervisión parental son algunos de los factores de mayor riesgo en la incidencia del embarazo juvenil. Los estudios disponibles – incluyendo estudios cuantitativos y cualitativos a profundidad - sugieren que hasta ahora se ha subestimado el papel de los factores culturales y contextuales – valores, normas sociales, estructura y dinámica familiar – en la fecundidad adolescente. Factores tales como el deterioro progresivo de la institución legal del matrimonio, la aceptación social del inicio más pronto y rápido de las uniones sexuales previa a la conformación de una unión (legal o consensual), la percepción de que la actividad sexual adolescente es común (o al menos mayor a lo que realmente es), la tolerancia social cada vez mayor de las uniones consensuales - aún más marcado entre las adolescentes que entre la población adulta-, podrían estar jugando un papel importante en el aumento de la fecundidad adolescente y en el madresolterismo.

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