El uso diferenciado entre mujeres y hombres del tiempo destinado a las labores del hogar, es un debate relativamente reciente en los análisis sobre equidad y derechos y sobre su efecto en el ejercicio laboral de las mujeres. El Banco Mundial[1] presentó en 1999 un análisis de caso de México al respecto de este indicador.

Los datos muestran que las mujeres no vinculadas al mercado de trabajo dedican 48.9 horas semanales al trabajo del hogar, mientras los hombres dedican 5.5 h/s. Las que están vinculadas al mercado laboral destinan 32.8 h/s, y los esposos o compañeros solo dedican 6.1h/s. Igualmente, se muestra como aún antes de ingresar al mercado de trabajo se presentan los sesgos de género, pues las adolescentes deben dedicar mayor tiempo al apoyo en las labores del hogar que los varones adolescentes.

A partir de los resultados obtenidos el documento plantea que “la contribución de las mujeres casadas al asumir el funcionamiento del hogar y sus familias es equivalente a un trabajo tiempo completo... Por lo tanto el trabajo de las mujeres en el hogar no es simplemente una especialización del trabajo puesto que aún cuando las mujeres están vinculadas al trabajo enel mercado, ellas deben asumir la mayoría del trabajo del hogar”. Sin embargo a pesar de la importante destinación del tiempo al trabajo del hogar, este no se tiene en cuenta, lo que se transforma en un inmenso limitante para las mujeres en destinación del tiempo a otras actividades laborales, de ocio o alternativas.

Se reconocen avances logrados respecto al ingreso significativo de las mujeres en el mundo laboral, y las cifras así lo constatan; sin embargo su participación en esta esfera se continúa realizando en condiciones de asimetría e inequidad, reflejadas en desventajas relativas en cuanto a menores ingresos recibidos, menor acceso a la seguridad social, segmentación laboral negativa, y mínima participación en puestos de decisión, entre otros.

A continuación se hará un resumen de la situación relativa de las mujeres en el mercado laboral, así como las posibles razones que desde un análisis sobre la relaciones sociales de género, explicarían las desigualdades y desventajas de las mujeres con respecto a los hombres, lo que implica desde un enfoque de derechos e inclusión, el compromiso de la sociedad para superar las inequidades.

La fuerza laboral en Colombia, según estadísticas oficiales, esta conformada (en) aproximadamente, 60% por hombres y 40% por mujeres. Esta cifra, de entrada excluye y subestima el trabajo doméstico y de cuidado familiar que realizan las mujeres en su hogar, dado que ni siquiera están contabilizadas como ayudantes familiares sin remuneración. Por lo tanto este trabajo denominado “invisible”, no aparece registrado en el PIB como aporte económico al desarrollo de los países, no es reconocido social y económicamente, y de él no se derivan beneficios a los que se accede mediante el trabajo asalariado como seguridad social o similar. A las labores domésticas y de cuidado familiar solo se les asigna valor económico cuando se contrata una persona externa para tal fin.

La participación laboral femenina, que se ubicaba cercana al 30% en los años 70, ha tenido un incremento progresivo y creciente; durante estos períodos los hombres habían llegado a registros superiores al 80%. Para el año 2004, la participación femenina en el mercado laboral colombiano alcanzó el 49% y mientras la de los hombres se redujo a niveles cercanos del 74% (Dane)[2]. Esto significó un crecimiento mayor en el caso de las mujeres aunque su participación relativa sigue siendo menor que la de los hombres.

En países con mayores grados de industrialización, los niveles de participación de las mujeres son superiores a lo registrado para Colombia y en general para América Latina, aunque siguen siendo porcentualmente inferiores a las de los hombres. Es así como para el 2002 la participación laboral femenina fue del 62,1% en Francia y de 72,5% en Estados Unidos (ONU).[3]

La amplia incorporación de las mujeres al mercado laboral, considerado uno de los grandes cambios del siglo XX, se explica por diversas razones, entre otras por la reducción de los ingresos de los hogares debido a las políticas de apertura económica y de flexibilización laboral; la reestructuración familiar producida por el incremento de la jefatura femenina cercana al 31% en el nivel nacional en la cual la mujer es la principal proveedora del hogar; el incremento de los niveles educativos de las mujeres; la reducción en las tasas de natalidad; y el deseo personal de generar sus propios ingresos como una opción de autonomía económica de algunas mujeres.

En cuanto al desempleo, para las mujeres fue del 17.7% mientras que para los hombres fue de 10.6% (Dane, 2004). Esta discriminación en el mercado laboral, que afecta en mayor porcentaje a las mujeres, tiene que ver con la forma en que la sociedad ha asumido la maternidad y las funciones reproductivas, como responsabilidad única las mujeres.

Con respecto a la estructura del empleo, las mujeres están sobrerrepresentadas en el sector informal (OIT), el cual implica carencias y desventajas en cuanto a la calidad del empleo, seguridad social, niveles salariales, propiedad de activos, desarrollo tecnológico y acceso a servicios empresariales. Adicionalmente este sector enfrenta serios problemas y carencias frente a su medición.

La segmentación laboral refleja claramente el resultado de los roles y estereotipos de género. Como lo plantea un estudio realizado por la Contraloría General de la República, “las mujeres (colombianas) enfrentan diversas desigualdades en el mercado de trabajo y en la generación de los ingresos respectivos. Esto tiene que ver con la segmentación en el mercado de trabajo horizontal relacionada con la concentración de las mujeres en un número reducido de ocupaciones tradicionalmente femeninas (enseñanza, servicios de atención y personal de servidumbre) y vertical que se refiere a la concentración en los niveles de menor jerarquía de cada ocupación” (CGR, 2004)[4].

Niveles educativos y de ingresos Las mujeres han incrementado sus grados educativos, llegando en diversos niveles a superar a los hombres, excepto en los grados de doctorado (techo de cristal). Sin embargo esto no se refleja en los niveles de ingreso, dado que estudios realizados al respecto, revelan que éstos en promedio son 30% menores que los de los hombres, en la misma situación, por cuanto se ubican, (Esto tiene que ver con la ubicación) en ramas económicas menos remuneradas, discriminación salarial en iguales cargos, y a la idea de que el aporte de la mujeres es “complementario” en el hogar; sin embargo como se dijo anteriormente un poco mas del 30% de los hogares colombianos tienen jefatura femenina, y las mujeres que generan ingresos aportan cerca del 50% de los ingresos familiares (OIT).

Abordar desde un enfoque de género, el análisis del comportamiento del mercado laboral, dado que es un método analítico que enfoca de manera diferenciada los roles, responsabilidades, necesidades y oportunidades para mujeres y hombres, permite identificar las dificultades y brechas de género, evidenciar las inequidades hacia las mujeres y establecer lineamientos de política para su reducción y superación.

Desde este enfoque es posible preguntarse: ¿Por qué las mujeres deben enfrentar mayores dificultades y barreras para su participación en el mercado laboral?

Las inequidades y asimetrías de las mujeres en el mercado laboral, según estudios realizados en su mayoría por mujeres y feministas, se explican en su origen por la división sexual del trabajo, y fundamentalmente por las funciones asignadas a mujeres y hombres en esta división. A los hombres se les reconoce el espacio público y las acciones de importante valoración económica y social; a las mujeres se las vincula al espacio privado, a las acciones de atención doméstica y cuidado familiar, de reducida valoración económica y social. Sin embargo tanto lo público como lo privado son de fundamental importancia para el funcionamiento cotidiano de la sociedad.

Las mujeres han ingresado al mercado laboral, pero no se ha establecido una redistribución social del trabajo reproductivo, lo que ha significado que las mujeres han duplicado, e incluso triplicado sus responsabilidades (laborales, domésticas, comunitarias); sin embargo los hombres no han transformado sus tareas y roles, lo que genera un inmenso desbalance en situaciones y oportunidades que sobrecargan y afectan las posibilidades de equidad e igualdad para las mujeres.

En conclusión, la mirada desde un enfoque de género permite evidenciar, que si bien las condiciones laborales son dificultosas para la gran mayoría de mujeres y de hombres pobres, éstas son aún más desventajosas para las mujeres por razones de orden histórico, cultural y de relaciones de poder. Y entre las mujeres, si bien existen algunas tendencias generalizadas por razones de género, también se presentan diferencias entre situaciones y oportunidades debidas a la clase social, la étnia, la edad, la localización geográfica, las discapacidades.

Un desarrollo inclusivo, democrático y participativo con un enfoque de derechos y de equidad social, implica necesariamente equidad de género. Por lo tanto, es necesaria la voluntad política y la destinación de recursos para incorporar y fortalecer el desarrollo de estudios y el establecimiento de políticas públicas, con la participación de los sectores público, privado, sociedad civil, organizaciones de mujeres, feministas y sindicales, que promuevan la equidad y el ejercicio de los derechos de las mujeres mediante el empleo digno, el acceso a la seguridad social, la protección a la maternidad, la distribución del trabajo del hogar, entre otros.

Para ver el artículo con tablas de datos: http://www.actualidadcolombiana.org...


[1] Banco Mundial. “Inequality in Latin America and the Caribbean , Breaking with history? 2.003. Washington. [2] Tomado de: CPEM y Agencias de apoyo. Observatorio de Asuntos de Género. Boletín No.4 “Mujeres colombianas en la fuerza laboral”. Sept-Oct. 2005. Bogotá, Colombia. [3] ONU. Proclamación 8 de marzo de 2006. Página web. [4] Contraloría General de la República. “Evaluación de la Política Social 2003”. Julio, 2004. Bogotá.