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Keiko Fujimori, la hija del dictador peruano-japonés de mismo apellido y ex presidente del Perú actualemente en prisión en Chile.

La señorita Keiko Fujimori afirmó que su padre no sabía nada en torno a las actividades delincuenciales de Montesinos. Quiere hacernos creer con voz juvenil y muy bien entrenada que el mandamás es paloma inocente víctima de un monstruo a quien la OEA protege inexplicable como vergonzosamente. Sólo una pregunta: ¿sabrá la personaje de marras cómo pagó su padre sus estudios en la universidad norteamericana de Boston con un sueldo tan magro? ¡De tal palo, tal astilla!

Como suele ocurrir, el dictador apela a todas las armas posibles y mientras que se ocupa de asuntos privados (con el dinero de todos los peruanos) en Nueva York, el Canal 5, rompe los fuegos de una campaña de remozamiento de imagen del sátrapa vía su mentora filial y que proclama desembozadamente un "fujimorismo sin Fujimori". Sin duda, en este proyecto clientelista hay que involucrar a la mayor parte de gente aún con poder. Ni siquiera la seriedad formal de la señora Mónica Delta, responsable de la entrevista, pudo disimular un libreto impecable y una actuación airosa. ¡Que la gente crea y se trague el sapo es otro tema!

Por su lado, el cuervo fascista del Opus Dei y arzobispo de Lima, Juan Luis Cipriani, dice que hay crisis moral en la prensa y refiere que se ha erigido en una especie de palacio de justicia. La prensa decente, la poca que hay, denuncia y restriega verdades a quienes se encargan de torcerla a través de hechos delictivos, discursos demagógicos o prédicas falsas. ¿Quién dijo que los derechos humanos eran cojudeces? ¿Quién pide ahora reconciliación y destierro del odio?

Como no podía ser de otro modo, Roque Benavides, de la Confiep, arguye que un gobierno de transición generaría mayor inestabilidad. ¿Para el Perú o para sus empresas ampliamente favorecidas en estos diez años? ¿Desde cuándo la tranquilidad de algunos empresarios puede ser confundida con la tragedia y pobreza del pueblo peruano? ¿No ha sido acaso, un avión de Dionisio Romero, pagado por el Estado, el que llevó a Montesinos a Panamá? ¿Es que todos los clientes, aunque tengan cementerios privados, pueden huir de la justicia así como así?

El gobierno de la dictadura ya empezó su campaña y hay que presentar a Fujimori como un hombre agobiado por su intenso trabajo por el Perú. Creo que eso puede ser cierto, como también lo es que ha sido cómplice, confidente, co-autor, socio, carnal, íntimo de Vladimiro Montesinos y sus multimillonarias fechorías. Keiko dice que su padre quiere descansar. Estamos de acuerdo, ¡en Yanamayo hay como hacerle espacio y acondicionarle una celda subterránea!

La cultura del perdón, de la amnistía, del borrón y cuenta nueva en nuestras sociedades sólo engendra a más tiranos y aventureros. Son taras heredadas a lo largo de toda nuestra historia. El Nuremberg peruano, el Tribunal y Paredón morales tienen que actuar al margen de un Poder Judicial pleno en fieras y pirañas corruptas. Hay que enjuiciar moralmente a la taifa de fujimoristas en todos los organismos del Estado y fusilarlos civilmente. El escarmiento tiene que alcanzar a todos los que llamándose de oposición claudican en sus rabias porque ya tienen puestos asegurados en el próximo Parlamento y en Palacio. Los famosos negociados y cuchipandas de repartijas ya comenzaron sus celebraciones horribles.

Sólo hay un camino: ¡botar a la dictadura y a todos sus testaferros, en el Congreso, en los ministerios, en el Poder Judicial, en todas partes! Fujimori está ganando tiempo y cuenta con la valiosa ayuda actoral de su hija Keiko, del Canal 5 y de la pléyade oficiosa de rábulas a quienes aterra rendir cuentas porque se saben en falta contra el pueblo.

¿Es tan difícil ser valiente en el Perú? ¿Vamos a permitir que una oposición hipócrita, dialoguera, estúpida, hable en nombre del pueblo al que no representa?

*Liberación, Lima-Perú, 2-10-2000