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Uno de los ejemplos más elocuentes fue la agresiva campaña de los medios chilenos contra el gobierno de la Unidad Popular de Salvador Allende, quien fue derrocado por un golpe de estado apoyado por la prensa nacional e internacional. En los años 70, Allende fue demonizado por ser marxista y por haber nacionalizado el cobre.

El peligro de un gobierno socialista que asumiera el comando de un país rico en hidrocarburos también orientó la reciente campaña electoral en Bolivia, reportó TeleSUR.

Evo Morales, quien resultó electo en la Presidencia, es frecuentemente asociado al narcotráfico por su origen como líder cocalero como si el cultivo de la coca fuera lo mismo que comercializar la cocaína. Una campaña sucia en su contra intentó evitar su llegada al poder.

Las trampas de la propaganda del candidato de Podemos, Tuto Quiroga, quien enfrentó al actual presidente de Bolivia, fueron puestas al descubierto por el Movimiento al Socialismo, que llevó al poder al líder de los indígenas.

El presidente de Venezuela, Hugo Chávez no ha sido la excepción a los ataques mediáticos desde que triunfó en las elecciones presidenciales en 1999.

La campaña mediática tuvo su punto más alto antes y durante el golpe de Estado del 11 de abril de 2002, cuando además se sumó la participación de Estados Unidos en un intento desestabilizador de la democracia venezolana.

Según denuncias de la periodista Eva Golinger, este tipo de movimientos siempre han buscado crear una matriz de opinión de que en Venezuela no hay democracia pese a los nueve procesos electorales llevados a cabo en los últimos siete años y a la plena libertad de expresión de que gozan los medios venezolanos.

La ultima jugada de los medios y de los sectores de poder de derecha se presenta en la actual campaña política en México, donde un comercial asocia la imagen de Hugo Chávez con la de Manuel López Obrador.

A pesar del empeño mediático de entorpecer procesos políticos de izquierda en América Latina, los resultados democráticos, en las urnas, han demostrado la inutilidad de intentar imponer lo mediático por encima de la realidad.

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