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Ver parte I

El software libre garantizaba al proceso revolucionario y al gobierno de Chávez, por lo menos dos importantes ventajas: independencia en el control de la información de las redes de comunicación interna, dentro del gobierno y entre los movimientos sociales, y abaratamiento del mercado informático nacional.

Como se sabe, en la "revolución bolivariana", la mayoría de los movimientos sociales, medios comunitarios y la militancia antiimperialista del país garantizan su seguridad comunicacional mediante conexiones libres a través de Linux (software libre) El mismo grado de independencia relativa mantienen las principales instituciones del gobierno. Eso se pondrá en peligro.

El segundo objetivo de la multinacional IBM será reconquistar el mercado de software nacional, del que comenzaron a ser desplazados poco a poco desde 1997. El propio presidente Chávez, en uno de esos actos de nacionalismo irreverente, firmó un Decreto (3390) en diciembre de 2004, para hacer migrar los sistemas del Estado a Software Libre con estándares abiertos.

Esta decisión de independencia tecnológica fue aplaudida por muchos anti imperialistas del mundo, incluso por centenares de organizaciones europeas y estadounidenses dedicadas a promover el software libre, aunque no eran ni son simpatizantes del chavismo. Además de la soberanía tecnológica agregaba bajos costos y precios en el mercado informático y telemático nacional.

El pacto realizado por el Centro Nacional de Tecnologías de Información (CINTI) puede tirar a la basura lo conquistado por los movimientos desde 1997 y el Decreto de soberana tecnológica firmado por el mismo Chávez en 2004.

Un pacto tecnológico como el anunciado, entre un gobierno atacado recurrentemente por Washington, representa una contradicción cuya primera víctima sería el propio gobierno nacionalista de Chávez.

El error no está en concertar un acuerdo con una corporación imperialista como la IBM.

La historia está llena de ejemplos que ahorran discusiones sobre la necesidad de realizar determinados acuerdos, sobre todo cuando se está en condiciones de inferioridad tecnológica o productiva.

Las condiciones de desigualdad heredada, muchas veces pueden obligar a realizar determinados acuerdos con el enemigo, sean empresas o gobiernos.

El error, en el caso del pacto con la IBM, es concederle el control sobre el acceso a los canales de información dentro y fuera del aparato de Estado. Sobre todo en el contexto actual latinoamericano, dominado por la política mundial de "ataques preventivos", "Estados terroristas" "populistas desestabilizadores", "enemigos de la democracia" (que incluyen al régimen de Chávez).

Este tipo de acuerdo facilita a Washington el desarrollo en su tentación de ser ’el gobierno mundial’ (viejo e incumplido sueño imperialista) del actual sistema internacional de Estados.

Dentro de un año, dos, o más, la IBM lo usará como un recurso para vulnerar la soberanía nacional y ayudar en la conspiración contra el proceso revolucionario bolivariano, sus conquistas, sus movimientos sociales y contra el gobierno que las representa.

En esta perspectiva, son acertadas las advertencias que hacen dos respetadas personalidades del chavismo. La primera, Eva Gollinger, abogada investigadora venezolana residente en los Estados Unidos, autora del volumen "El Código Chávez".

Ella señaló el 2 de marzo de 2006, en Aporrea: "Mientras en Washington elaboran y refinan la Doctrina de Guerra Asimétrica contra Venezuela, aquí en el país las infiltraciones y sabotajes dentro de la revolución crecen..." "El país tiene que estar alerta -advierte Gollinger- frente a estas amenazas y violaciones a su soberanía. También tiene que frenar las infiltraciones y sabotajes dentro de los sectores que apoyan a este gobierno... Esto significa luchar también duramente en contra de la corrupción, pero no de una manera ciega, sino inteligentemente." (www.aporrea.org 2/03/06)

El reconocido intelectual venezolano, Luis Brito García, escribió un decálogo para ayudar a comprender los riesgos que vive el proceso venezolano. Al referirse a las corporaciones, advierte lo siguiente en la regla ’9’:

No facilitemos armas al enemigo. - Vanguardia económica del adversario son sus transnacionales que nos explotan instaladas en el país. Un Tratado contra la Doble Tributación las exonera de pagar impuestos en Venezuela. Los que nos deben los cancelan al Tesoro de Estados Unidos para costear la intervención con dinero nuestro. No financiemos al enemigo. (www.aporrea.org/dameletra.ph...)

Controlar la información para derrotar la revolución

Esta es una verdad tan vieja como nueva. El teórico marxista István Mészáros, autor de la voluminosa obra ’Más allá del Capital’, demuestra este peligro para los tiempos que corren:

"El poder abrumador de los EEUU tiene una peligrosa tendencia a asumir el papel de Estado de sistema capitalista como tal..."

Luego aplica esta verdad general al caso que nos ocupa: la IBM y la soberanía venezolana: En un área crucial -la tecnología informática, tanto de hardware como de software-la situación es extremadamente seria. Por mencionar solo un caso, Microsoft disfruta de una posición completamente monopólica en el mundo, por lo cual su software tiene una influencia enorme también en la adquisición del hardware más adecuado.

"Además, más allá de esto, -continúa Mészáros- ha salido a la luz hace poco que un código secreto incluido en el software de Microsoft permite a los servicios militares y de seguridad de los EEUU espiar a todo aquel que en el mundo use Microsoft "Windows" e "Internet"."(Siglo XXI: Socialismo o Barbarie, Ediciones Herramienta, páginas 27 y 43. Buenos Aires 2003)

El asunto no está en pactar sino en lo que se pacta. Cualquiera que haya tenido alguna responsabilidad política o sindical y que no haya claudicado al enemigo, sabe esta elemental verdad.

Lo que cuestionamos del acuerdo con la IBM es la entrega del control de lo accesos a una corporación imperialista, segundo, que eso borra el acto soberano del propio gobierno que había decretado el uso del software libre, para tratar de evitarle al proceso bolivariano, por lo menos dos cosas: el control imperialista del circulante de información y el control comercial del software nacional.

El pacto con la IBM abre el camino a ambas cosas. Afectará la seguridad del Estado, del proceso y sus movimientos sociales revolucionarios, especialmente de sus cuadros militantes y su prensa comunitaria, y dejará en manos de las corporaciones el control comercial de los adminículos y programas.

Esto está en directa relación con lo que dicen los muchachos de SOLVE: no se les permitió participar, porque de haberlo hecho, el pacto con la IBM no sería el mismo.