No hay duda posible ya, el Congreso representa un hato de buenos para nada, borreguiles los unos, pseudo-demócratas los otros, todos cobradores y mamarrachos. Gracias al habiloso y estadista liderazgo de ciertos opositores, en lugar de haber sido censurada la mesa directiva, resultó haciéndose de un inobjetable triunfo político. Los representantes de un gobierno inmoral y fraudulento consiguieron ganar aire para un régimen canceroso. ¡El tiro salió por la culata!

Esta naturaleza de hechos en los que el legalismo de reglamentos, formalidades, discursos al por mayor, cantinfladas en proporciones mayúsculas, resulta útil, contrario sensu, porque desnuda la pobreza intelectual y política de quienes se llaman a sí mismos opositores y adalides en la lucha contra el gobierno. Calcularon mal y embarcaron contra viento y marea. Como no podía ser de otra forma encallaron y los resabios de su torpeza están regados por toda la playa. La oposición sentada y cobradora ha protagonizado un ridículo más.

El suceso se enmarca en un cuadro espeluznante. No hablamos de un gobierno cualquiera, sino de uno integrado por delincuentes que tienen en la OEA el refugio cercano para cualquier escape súbito. Los compinches hablan por teléfono como si no hubiera pasado nada y el país se sigue cayendo ladrillo a ladrillo. Un vídeo estremece las ruinas morales de Fujimori y pandilla y se les deja retomar la iniciativa, se participa en la mesa de "diálogo" con la agencia de viajes de monreros vulgares, la OEA, y se pide la desmovilización popular y se hacen invocaciones a la serenidad, al patriotismo, al consenso. ¿Y quién la pide? El mismo que habló de la entraña gangsteril del gobierno, el que se reputa como una opción presidencial y para ello se afeita y usa anteojos doctorales aunque no pueda evitar el extravío de su mirada. Por curiosa coincidencia, es quien empujo la censura de la mesa directiva que ya sabemos cómo terminó.

¿Entonces? ¿Son o no son cómplices los parlamentarios de un juego diabólico de idiotización colectiva? En Piura un campesino me contó un chiste revelador. Me preguntó: ¿sabe cuál es la diferencia entre un congresista y yo? Ante mi negativa, explicó: yo soy un ignorante pata al suelo, el congresista es un bruto con zapatos y con sueldo y en el piuranismo más francote agregó: ¡uahhh qué viven bien esos cojudos! ¿no?

El Congreso ha ratificado su muerte cívica. Es una entelequia plena en intonsos con membretes que sólo dan muestras de vida cuando pasan por la tesorería cada quincena. Están al margen del país, lejos de sus problemas y angustias, de sus dolores, penas o alegrías. ¡Alguna vez propuse 120 piajenos para sacarlos del Establo cuando el pueblo se alce con su rabia legítima que los vitupera y repudia! ¡Y hoy me ratifico!

En Chiclayo un humilde vendedor de periódicos me dio una lección inolvidable. Llevaba prisa y le pedí Liberación y sólo había un ejemplar, el que estaba leyendo él mismo. Cuando se lo pedí me respondió: ¡yo leo Liberación porque soy digno! Entendí en ese momento que el pueblo es más sabio que todos los sabios y que el diario que se acaba rápidamente se ha constituido en la cantera de conocimientos que la televisión y los otros medios ocultan.

¡Muerte a la dictadura! ¡Viva la democracia! ¡La lucha está en las calles!

*Liberación, Lima-Perú, 14-10-2000