La afirmación, señor Humala, de su contendor, el candidato aprista Alan García Pérez que un eventual gobierno suyo, constituiría en realidad un mascarón de proa porque detrás existiría el poder real del ciudadano Salomón Lerner Ghitis, es una acusación política que no puede pasar por alto bajo ningún punto de vista. Ni por la salud de su propia aspiración política ni por el respeto que merece la ciudadanía que en grado significativo simpatiza con su postulación. No hay excusa suficiente, ni pretexto válido para eludir una definición clara, terminante y categórica sobre su independencia y divorcio total de pandillas o grupos aconchabados con el único propósito de seguir expoliando al Perú.

Tampoco puede desdeñar la tesonera y puntual denuncia que en primera plana hace Correo y en términos similares y preocupantes. Varios capítulos vergonzosos de la historia oficial del Perú y de la que no se cuenta en los libros, dan testimonio de cómo testaferros y serviles obsecuentes fueron la cara pública de patotas delincuenciales que hicieron negociados y fabricaron riquezas y oligopolios en nombre del pueblo, único perjudicado de estas miserables elusiones y traiciones. Tiene usted, señor Humala, la oportunidad, a pocos días del comicio, de aclarar ante el tribunal de la conciencia popular cuánto hay de cierto en estas versiones. Y cuánto hay de falso, para desmentirlo.

El presidente Toledo advirtió sobre el riesgo de desatar una guerra racial. Contribución más bien anémica que constata lo que es una variable omnipresente en la sociedad peruana. Y el detonante fue, qué duda cabe, la desafortunada y cretina expresión de Daniel Abugattás para con la señora Eliane Karp. No obstante aquello, no deja de ser notorio el tinte cargado de las iras que han logrado que un peruano de origen palestino sea desaforado de su papel de portavoz, que sea reemplazado por otro de origen judío y que en el ambiente electoral se alienten sospechas de la influencia ¡precisamente! de grupos judíos.

El respeto por las comunidades sociales según su origen es parte fundamental y rigurosa de cualquier comportamiento democrático. Lo es también el esclarecimiento, por ejemplo, de cómo los grupos judíos han contribuido con y por el Perú.

Es posible identificar tres grupos judíos. El primero, más importante, mayoritario y con lazos sólidos con la patria, lo constituyen hombres y mujeres trabajadores, esencialmente respetuosos de las reglas de juego y que no están necesaria o directamente imbricados con el comercio o la industria.

Otro renglón de judíos proviene de familias empobrecidas en el país originario y que alientan una revancha simbólica e íntima con los de su casta en Israel. No pocas veces se revelan como fanáticos o vengativos.

Hay otro sector cuyo propósito fundamental camina por la generación u obtención de todo el dinero posible. Pueden ser hasta anti-sionistas y anti-semitas. Creen en el capital y en su espiritualidad apátrida, sin fronteras ni límites ni escrúpulos cuando el rédito está en la satisfacción de sus ambiciones de toda clase. La codicia, la confabulación, la trampa, el engaño y la conspiración son parte de su menú cotidiano y recursos más socorridos. No tienen interés en un Estado en particular, ni un pueblo en especial y cualquier gobierno sirve, si sirve a sus intereses expoliadores, rentistas o mercantilistas. Cualquier precio es bueno si se trata de amasar riqueza y cambian de aliados o socios en cualquier momento porque practican la tesis del limón exprimido, se bota y se consigue otro.

Es posible que, y también tendrá que informarlo en su momento, el candidato García Pérez, se haya referido a este último renglón de elementos con esas nocivas características que otros estudiosos reputados han revelado en libros y tesis, cuando hizo su acusación política. Sin embargo, es a usted señor Humala a quien compete el imperativo de pulir de manchas su aspiración presidencial a través de un lenguaje claro, inequívoco, patriótico y firme. ¡A nadie más!

El vértigo y la fascinación del gobierno, no garantizan, en modo alguno, una influencia real y definitiva sobre el poder. Se puede gobernar y alimentar la ilusión de mando cuando otros grupos económicos variopintos y antinacionales, tienen el poder real que contrata nuestras exportaciones y decide los rumbos entreguistas como ha sido hasta hoy. Por tanto, sumirse, señor Humala, en espejismos puede constituir en un daño enorme para la propia esperanza que a su modo y con su campaña, usted, ha despertado en gruesos sectores del electorado.

En buen romance, vivir aherrojado tempranamente a patotas de pillos, como se le ha acusado, no es un futuro apetecible sino una tenaza permanente, sumamente peligrosa y pasible de despertar las iras populares que comprenderán en algún momento que el discurso dijo una cosa, pero la realidad que el poder dicta de forma omnímoda e inapelable, dispone otro comportamiento. En resumidas cuentas, señor Humala, es hora de aclarar definitivamente las cosas y de contarle al Perú su verdad y testimonio ante la historia.

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!