Toda la puja en el sistema capitalista, sistema en donde lamentablemente pasamos nuestros días, se reduce a: salario del trabajador versus ganancia del capitalista. A menor salario real mayor ganancia capitalista y viceversa. Un incremento salarial jamás es causa de inflación. Un incremento salarial real, es decir, un incremento salarial que aumente el poder de compra de quienes lo reciben, sólo reduce en algo la ganancia empresaria, y no siempre, pues suele haber “productividad” de por medio.

¿Qué es entonces la inflación? ¿Qué la produce? ¿Está en el dinero? Marx elaboró una fórmula para determinar la cantidad de dinero que debe circular en una sociedad, es la siguiente:

CD = SP – C + P - CC R

CD es la “cantidad de dinero indispensable para la circulación”; SP es la suma de los precios de las mercancías; C es el precio de las mercancías vendidas a créditos, es decir, que no se pagan en el momento; P son los pagarés que han vencido y que responden a ventas anteriores de mercancías; CC son ajustes menores, llamadas Cuentas de Compensación; R es la cantidad de veces que rota la unidad monetaria en un año.

Podemos simplificar esa fórmula diciendo que C es igual a P, es decir que las ventas a créditos de hoy son iguales a las ventas a créditos de ayer por la cual se confeccionaron los pagarés que vencen hoy. Podemos también descartar el efecto de las cuentas compensatorias y, por último, vamos a suponer que el dinero rota sólo una vez al año, sabiendo que lo hace cientos de veces, pero nuestra demostración exige un grado de abstracción y lo vamos a usar. La fórmula simplificada, que no modifica los efectos de la completa, es:

CD = SP o sea CD = SP 1

Es decir, la cantidad de dinero circulante es igual a la suma de los precios de las mercancías existentes.

Ahora bien: ¿Qué sucede si emitimos más dinero circulante y la cantidad de mercancías se mantiene fija? ¿Sobra circulante? No. Se incrementan los precios para mantener la igualdad.

La inflación, como fenómeno puro, es originada por la existencia de una masa de dinero circulante superior a la necesaria.

Demostraremos lo afirmado mediante un ejemplo sencillo. Siempre utilizando la abstracción como método de simplificación del análisis en la medida de que esa abstracción nos sirva para descubrir el fenómeno verdadero y no altere sus manifestaciones exteriores.

Suponemos un país con sólo 100 habitantes, donde CD (la cantidad de dinero circulante) es de 100 pesos (en monedas de un peso), donde SP (la suma de los precios de las mercancías existentes) es también de 100 pesos que equivalen a 100 inodoros de igual calidad.

¿Cuál es el precio de cada inodoro? La respuesta es obvia: un peso cada uno.

Al jefe o cacique de ese pequeño país se le ocurre emitir otros cien pesos. ¿Cuál sería ahora el precio del inodoro? Obviamente pasaría a valer dos pesos cada uno. No puede seguir valiendo un peso. No se añadieron 100 nuevos inodoros. Eso es inflación. Un aumento desmedido del circulante con relación a los bienes existentes.

Pero continuemos con nuestro ejemplo. Esa sociedad de 100 personas había conseguido cierta igualdad, cada uno de los ciudadanos poseía un peso y un inodoro. El jefe no emitió porque sí, vio en la inflación una oportunidad de romper con esa igualdad molesta que lo colocaba a él al mismo nivel que la chusma. Él y su mejor y único amigo son los únicos que saben de la sobre emisión que se va a lanzar y salen a comprar, a créditos y usando sus dos pesos, inodoros. Compran 22 unidades, pagan al contado dos y se comprometen a pagar los otros 20, equivalente a 20 pesos, dentro de los treinta días. Una vez realizada la operación, emiten, duplicando el circulante, al que distribuyen proporcionalmente. Y cada inodoro pasa, lógicamente, a valer dos pesos. Ellos poseen 24 inodoros. Dos que poseían de origen, dos que compraron con sus dos pesos y veinte por los que deben pagar 20 pesos. Pero sus inodoros ahora valen 48 pesos. Si venden nuevamente los veintidós inodoros, porque ellos más de uno cada uno no necesitan y la demás gente sí necesita uno, obtienen 44 pesos. Pagan los 20 y les quedan 24 rompiendo de esa manera el equilibrio inicial.

Los que sabían que iban a emitir aprovecharon el momento, la situación, la exclusividad de la noticia. Y aún suponiendo que al final cada ciudadano recupera su inodoro la situación ya no es la misma. Al principio cada ciudadano tenía el 1% del circulante, es decir, del dinero existente. Al final, los dos menenistas, poseen el 12% de todo el circulante y en el punto de la especulación llegaron a poseer el 22%, ya que debían pesos 20 (10%) y podían haberlo no pagado y fugado a otra isla.

Es una abstracción. Un ejemplo sencillo pero real, ya que allí está el núcleo del fenómeno de la inflación. Es lo que ocurre. Pero como ocurren más cosas los fenómenos principales quedan muchas veces ocultos por los secundarios.

La sociedad no consume sólo inodoros, sino miles de artículos distintos. El dinero circulante no está proporcionalmente en manos de cada ciudadano. No se produce todo lo que se necesita (demanda real) y se produce más de lo que se puede comprar (demanda solvente). No todos “ganan” lo mismo, aún teniendo igual trabajo e igual educación. Pero éstas y otras causas, también fenómenos reales y que se manifiestan con más claridad que el central, no invalidan para nada de que el origen de la inflación se halle, exclusivamente, en la emisión desmedida de circulante con relación a los bienes existentes.

Sólo a un imbécil (alelado, escaso de razón) se le ocurriría manifestar que un incremento de salarios produce inflación. Y si el que lo manifiesta no es sospechado de imbécil, sin dudas oculta la verdadera intención, que es la de mantener “intocable” las ganancias de las grandes empresas, es decir, mantener las cuotas de ganancias de las mismas.

Si Lavagna es un imbécil o un lacayo (servil, rastrero, criado que acompaña a su amo a pie, a caballo, en coche, en barco o en avión) de los monopolios, resuélvalo el lector. Puede aplicar un promedio si desea.

Ahora bien: suponemos que se logra –lucha de por medio- obtener una considerable mejora salarial. ¿Qué harán los monopolios?: incrementar los precios. ¿Para qué?: para seguir ganando lo mismo en principio, pero no sólo lo mismo en general, sino para incrementar sus ganancias, para ganar más.

De esa manera logran dos éxitos: 1. En el plano objetivo, mayor cuota de ganancia que es equivalente a mayor explotación a los trabajadores; y 2. En el plano subjetivo demostrar que lo que dijo Lavagna era cierto, que un incremento salarial iba a producir inflación (incremento de precios) y que el que pierde es el trabajador, es decir, el que luchó por mejorar su nivel de vida y terminó empeorándola. Moraleja: No es bueno para ustedes, trabajadores, mejorar en masa su nivel salarial.

La única manera de que un incremento de salarios nominal, es decir, en pesos, se convierta en un incremento de salario real, es decir, en mayor capacidad de compras, es mediante el control de precios.

Desarrollaré otro simplificado ejemplo, suponiendo que al inicio de este proceso el capitalista obtiene una plusvalía del 100%, es decir, gana lo mismo que paga como salario, paga 100, gana 100, o lo que es más correcto, el trabajador produce un nuevo valor de 200 y sólo le reconocen 100. Ahora los trabajadores consiguen un 20% de aumento y los monopolios incrementan los precios en un 25%. Por último considero la alternativa de que el Estado fije precios máximos (no sonría), es decir congele los precios.

Obtuvimos un 20% de aumento y podemos comprar 4 kilos menos (segunda línea, el salario real bajó a 96 kilos de 100 inicial). ¿Quién se queda con esos 4 kilos? Descartamos a Dios pero no al Diablo. Es decir, al capitalista, que se queda con el resto a la vez que incrementa la plusvalía. Es la puja salarios-ganancias. En el caso de la tercera línea el incremento se convierte en real porque un Estado que represente los intereses de la masa de trabajadores (y movilice a éstos) puede evitar que se los continúe despojando y que el incremento obtenido sea real.

La situación real es mucho más compleja. Los incrementos sustanciales no son masivos. La negociación por sectores es una forma de restarle fuerza al movimiento obrero. Al atomizarlo, la patronal, que nunca se atomiza, negocia como quiere. Así algunos sectores “consiguen” salarios “mejores” y logran incrementar su capacidad de compra. Son los menos pero existen. Otros, a duras penas logran mantenerse. Y los más, perciben más dinero pero con ello compran cada vez menos o cosas más precarias y de menor calidad que los empresarios les fabrican especialmente. Y ni hablemos de la “productividad”. En un país que crece al casi 10% anual, la brecha entre los más pobres y los más ricos sigue incrementándose, demostración clara y contundente de que la cuota de ganancia sigue creciendo y en eso sí la inflación tiene mucho que ver, pues se la utiliza como herramienta para pulverizar el salario real ante la ausencia de un Estado que proteja al trabajador.

La emisión desmedida de dinero tiene varios orígenes: las guerras imperialistas obligan a los Estados a fuertes déficit que se cubren con emisión que significa hacérselos pagar a toda la población que consume bienes. Tiene su origen, también, en los déficit de las cuentas nacionales que se cubren emitiendo dinero y cuyo efecto es similar al anterior (por eso se la llama el impuesto al bobo, siendo nosotros los bobos y los capitalistas los vivos). Puede tener también origen en lo siguiente: Yo, Estado, fijo un cambio de tres pesos por dólar. En realidad la cotización debería ser, por ejemplo, dos pesos por dólar. Pero fijo tres pues de esa manera les permito a los exportadores que vendan a precios competitivos y obtengan considerables ganancias que deberán compartir conmigo, Yo Estado, a través de retenciones. Resulta que quiero y necesito mantener el dólar a tres y como hay mucha venta de dólar y éste tiende a bajar y ello no me conviene ni a mí, Estado, ni a mis socios, Exportadores, salgo a comprar dólares, demando (ley de oferta y demanda) dólares y los acumulo como reservas. Pero para comprar esos dólares en la calle (o a los exportadores), emito dinero, es decir, incremento el circulante, o sea, pago tres por lo que vale dos, es decir, produzco inflación por lo que emito y no vale, o sea, por lo que emito y no tiene contrapartida. Como el ejemplo de los inodoros.

El tema es más complejo aún y el espacio muy corto para desarrollarlo. Pero si algo tiene que quedar en claro es que solo los miserables pueden adjudicar la inflación al incremento de los salarios.