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La lógica siempre estuvo de vacaciones en Perú, a ratos vuelve pero como no es muy querida por incómoda, se va y nos deja con hechos indigestos como los ocurridos ayer. Por ejemplo, el señor Ollanta Humala gana su pase a segunda vuelta pero no se despunta con la ventaja aparente que pudiera haber persuadido a muchos peruanos que era un candidato muy fuerte en una segunda confrontación. Con quien dispute el 4 de junio constituirá un evento que no tiene veredicto hasta esa fecha.

Ni los millones, ni todo el aparato mediático consiguieron que la señorita Flores Nano obtuviese más que el magro porcentaje que apenas supera en menos de un punto porcentual a Alan García Pérez. Nótese que ella y el otro, pertenecientes a la casta política, fueron ganados por un político nuevo como Humala. La ventaja de Lourdes en Lima tampoco es suficiente.

García Pérez, como individuo y candidato, debe estar más o menos feliz, remontó encuestas pero va perdiendo por centésimas frente a la Flores y no tiene asegurado su pase a la segunda vuelta. Sin embargo, el Partido resiente los años y apenas si puede conservar el norte pero pierde en casi todo el resto del país. ¿Ha empezado la ineluctable erosión de la estructura? García tendrá que, si supera a Lourdes, desde la derrota, procurar un triunfo, pero hay poco de qué alegrarse.

Por tanto: ¿qué celebran los grupos políticos?

La pulverización de otras candidaturas es un hecho contundente. Como lo es que Lay obtenga una votación nacional y sostenida en todo el país. Los fujimoristas recaban electoralmente un respaldo que les permitirá contar con un grupo parlamentario importante en cualquier decisión política.

Se constata, entre otros hechos objetivos, que la insuficiencia de los partidos políticos y sus armazones conocidas torna evidente y peligrosa para sus aspiraciones de aquí a pocos meses. El humalismo construido a fuerza de innumerables circunstancias puntuales tampoco garantiza continuidad u organicidad: la improvisación no aporta y los hombres iluminados simplemente NO existen. Ollanta Humala debiera reflexionar muy mucho sobre lo ocurrido. Además que tiene que enfrentar un probable cargamontón en una segunda vuelta que no tiene ¡ni de lejos! segura.

Si algo puede celebrarse es que la voluntad ciudadana convocada electoralmente dio su parecer y lo hizo castigando con mucha severidad a toda la casta política. Este llamado de atención propondría, de repente un nuevo pacto social que pase por el sinceramiento de todos los grupos para un Plan Perú de nuevo e insobornable cuño. La falta de voluntad porque hay intereses comerciales diferentes y diseños perversos, atenta contra un acuerdo político muy lejos de adefesios oficialistas que han costado dinero a los contribuyentes y significado farsas burocráticas engañabobos.

Los viejos rostros de la casta política han cansado al pueblo. Y los nuevos, que repiten yerros de los anacrónicos, de seguir así, caminarán por senderos aherrumbados y protervos, lejos, muy lejos de la ambiciosa aspiración colectiva de hacer un Perú libre, justo y culto. Y para eso se requiere de hombres nuevos y de conductas intachables. Y estoy seguro que el Perú tiene a esos muy necesarios elementos.

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!