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Un proyecto que supuestamente beneficiaba a la comunidad, ordenando el parque automotriz y disminuyendo la congestión, finalmente termina generando costos importantes que deben ser pagados por los usuarios, saturando a la vez las vías alternativas. Es más ni siquiera se verifica acá la histórica característica del capitalismo que permite que los ricos al pagar más se benefician de algún producto o servicio que otros no pueden, pues en este caso, los automovilistas pudientes pagarán más por un mal servicio.

El absurdo en Chile está llegando a límites insospechados.

Con esto, uno más de los rimbombantes éxitos de la era Lagos, termina mostrando a los verdaderos beneficiarios de estas gigantes obras: las transnacionales.

El Grupo español ACS, con ingresos durante el 2004 de 14 mil millones de dólares y la sueca Skanska, con ingresos de 17 mil millones de dólares, son los principales socios de la empresa concesionaria Autopista Central.

En el primer año de funcionamiento de Costanera Norte con 39 kms, la empresa obtuvo utilidades sobre los 50 millones de dólares.

Los cálculos son aún más auspiciosos para los capitales extranjeros, ya que la inversión total que hizo la Autopista Central fue de 450 millones de dólares, proyectándose que en 6 años se pague toda la inversión. Como la concesión dura 30 años, serán 24 años sólo de utilidades.

Estos negocios se enmarcan dentro de la lógica económica chilena, donde los capitales extranjeros son los principales beneficiarios, apoyándose en una institucionalidad permisiva y entreguista. Por ejemplo, las grandes mineras privadas en manos de transnacionales obtuvieron ganancias de más de 6.400 millones de dólares el año pasado.

El cambio en las tarifas de la Costanera Norte, además de mostrar el absurdo e injusticia que implica el negocio de las concesiones para los ciudadanos, devela el fracaso de Lagos como ministro de Obras Públicas. La misma ineficacia que demostró como ministro de Educación.

Y como Presidente, se dedicó sencillamente a generar políticas pro inversión extranjera, con el consiguiente aumento de la infelicidad y de la desigualdad social.