Red Voltaire
Alejo Carpentier

Vigencia politica de lo real maravilloso

En diciembre del 2004 se conmemoró el centenario del nacimiento del cubano Alejo Carpentier. Por eso el Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos se unió a su homenaje y publicó una tetralogía integrada por Visión de América, Los pasos perdidos, El reino de este mundo y El siglo de las luces, que pretende mostrar parte de su obra novelística así como aspectos de su destacada e importante dimensión como periodista y ensayista.

| Caracas (Venezuela)
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"Las palabras no caen en el vacío" Zohar

La vida del maestro Alejo Carpentier se organiza en ciclos cargados con grandes significaciones y un solo sino, resaltar el valor que tienen nuestras expresiones históricas, artísticas y mitológicas.

Amalgama que permite dar relieve a la figura de los héroes militares y civiles que viven dentro del espacio de la sabiduría de nuestros pueblos. Que sin duda tienen que dar marco y fuerza a nuestros procesos civilizatorios. Se propuso, y logró, que nuestra cultura tuviera un camino para alcanzar su ubicación, sin temores ni complejos, al nivel de las grandes y antiguas culturas del mundo. Sus ciclos vitales se pueden resolver al asociarlos al influjo de tres ciudades, La Habana (1904-1928; 1939-1945; 1959-1966); París (1928-1939; 1966- 1980) y Caracas (1945-1959).

Queremos resaltar los 14 años que vivió en Venezuela que para muchos críticos son de los más fructíferos que se le conocen. En este período produjo cuatro de sus más notables novelas, El reino de este mundo, Los pasos perdidos, El acoso y El siglo de las luces, así como los cinco reportajes sobre la Guayana venezolana que constituyen su trabajo Visión de América. Que han de servirle como fundamento para desarrollar su novela Los pasos perdidos. Durante el lapso termina su libro La música en Cuba, que le había solicitado el Fondo de Cultura Económica de México.

En Venezuela es notable su trabajo periodístico en su columna del diario El Nacional, donde acumuló cerca de dos mil artículos y crónicas sobre los más diversos temas: literatura, música, cine, artes plásticas, arquitectura, arqueología, antropología, historia, y en general muchas tesis sobre el saber humano. Entre los caraqueños, que tuvieron la suerte de recibir su cordial trato, recuerdan su participación en la actividad publicitaria, en la empresa ARS que dirigía su amigo Fernán Frías, allí compartió ideas, y no pocas ocurrencias, con otros colegas a quienes asombraba con sus salidas y recursos discursivos de gran vuelo.

Según escuché decir a Miguel Otero Silva, otro de sus amigos cercanos, escogió la publicidad como oficio temporal por cuanto le permitía mayor ventaja para estar cerca del mundo de la novela, para el que estaba más que dispuesto, capacitado y comprometido.

En 1959, a raíz del triunfo de la Revolución Cubana, Carpentier deja Caracas y se reinstala en La Habana. Una de sus tareas más destacadas a favor de las letras del continente fue su presencia como Director Ejecutivo de la Editora Nacional de Cultura, sin abandonar sus compromisos con diversas publicaciones en toda América Latina.

Una de las constantes que más nos motiva y acerca a la obra de Alejo Carpentier, es su fervor por rescatar y darle valor a los orígenes del intelecto que, en la contemporaneidad, permitió construir nuestros esquemas civilizatorios actuales. Reivindica las infinitas formas que adoptó la historia para defenderse de la banalidad oficial con la que se le ha pretendido teñir, buscando en todo cuanto estuvo a su alcance los datos para rescatar la memoria de nuestra América.

Él lo dijo, esta historia sigue pesando sobre el presente, y quizás con más fuerza, por ejemplo, sobre el moderno mundo europeo. Tenemos la suerte de tener muchos datos que asombran sobre la atemporalidad de nuestra realidad contemporánea y, más paradójico aún, su permanente influencia de todo cuanto en nuestro derreredor político existe. En él viven grupos cuya savia y costumbres están aún animados por leyes muy anteriores al descubrimien- to, y el proceso de conquista de nuestras tierras.

En contra de la lógica (y a pesar de la obra de don Alejo) conviven en América, desde irritantes prácticas políticas surgidas del medioevo hasta formas y estilos sociales y políticos propios de la posmodernidad. Toda esa intemporal realidad es parte actora de nuestra vida. Su presencia es dinámica, poderosa y fácilmente se constituye en la materia prima que anima a nuestros escritores a navegar en la complejidad de los tiempos sin que pierdan el sentido de lo real maravilloso. La preocupación de Alejo Carpentier por la historia es una obsesión. Su tiempo ensarta realidades que van desde el rompimiento del diablito ñañigo con las cortes celestiales (Ecue yamba-O), o la reunión en un cementerio entre Vivaldi y Stravisnky (Concierto barroco).

Descubre y se divierte con las extrañas esencias de ese juego del tiempo donde el presente vive enmarañado con el pasado, o viceversa. Destaca el valor casi mítico del tiempo, presenta seres, realidades, procesos sociales, en los que las líneas del espacio no tienen la lógica formal de la esperada linealidad. En su modo y técnicas de narración los temas que aparecen no respetan costumbres literarias apegadas a lo convencional.

Existe, obvio, la realidad, pero es tenida como un elemento de la historia que no se complica ni se aferra a los órdenes de la cronología. Logra con su magia de literato mostrar lo real y hacerlo verosímil, según una lógica anárquica propia de nuestro temperamento latinoamericano y caribeño. Crea, inventa, desarrolla una armonía entre el tiempo y nuestra cultura, tan perfecta, que no puede ser otra cosa que "real" y cónsona con su profunda y original manera de narrar o más exactamente de narrarnos como seres de esta porción de la tierra.

En esta búsqueda logra plasmar lo que de universal tiene nuestro sencillo mundo latinoamericano. Ese modo de vivir de nuestra gente lo encontramos en sus obras de mayor significación. El reino de este mundo (1949), se apoya en hechos históricos, pero no cae en la tentación de presentarlos como meras crónicas, y verlos en su forma concreta y sucesiva, sino que su ánima literaria está ordenándolos por caminos de lo inexplicable maravilloso; valen por el orden de una estética, de un fervor narrativo, para dejar mensajes cuyo primer correlato simbólico es el político y el social. Siempre lo social. Por siempre lo político.

No se trata de Haití, o el Caribe, es todo un continente. Los datos, su unidad, su conexión están anudando el mundo político de nuestras repúblicas. Le retuerce el pescuezo a la realidad de lo actual para decirnos hoy, algo que Alejo Carpentier ya sabía de muy antes. Lo vemos:

- Optimista: "la grandeza del hombre está en querer mejorar lo que es".

- Blasfemo: "en el reino de los cielos no hay grandeza que conquistar".

- Utópico: "el hombre sólo puede hallar su grandeza, su máxima medida en el reino de este mundo".

- Irónico: "vivimos un mundo descabellado. Antes de la Revolución andaba por estas islas un buque negrero, perteneciente a un armador filósofo, amigo de Juan Jacobo. ¿Y sabe Ud. cómo se llamaba ese buque? El Contrato Social".

- Terminante: "Una revolución no se argumenta: se hace".

La novela cuenta de los enfrentamientos entre variadas fuerzas. Pueden ser los esclavos, los esclavistas, o sus cipayos, encomenderos o adelantados, no importa el nombre o la clase que representen. Son paradigmas los que retrata para que vuelvan a revivir en el presente… y todos los presentes que tengan que superar nuestras repúblicas. Pinta a su Mackandal, para que, cual mito eterno, se muera y vuelva a resurgir en tantos Mackandal como sea necesario. Eternos, testarudos, feroces, infranqueables. Radicales hasta en su esperada muerte e impensada resurrección. Circularidad que aterra con su disciplina. Terca vida. Insistente presencia que nunca nos abandonará por el resto de nuestra vida como repúblicas.

La narración pasa de Mackandal al reinado de Henry Christophe, gestor de una paradoja tan real como funesta, al convertir a sus hermanos ya libres por la ley vigente, en esclavos, término abolido de los códigos vigentes. Arbitraridad propia de dictadores. Idea que luego desarrolló en forma entre dramática y humorística en su novela: El recurso del método. Esta, como también El reino de este mundo, está llena de símbolos. Unos teatrales otros calamitosos, ambos terriblemente reales. Lo significativo de todo esto es su indiscutible vigencia contemporánea. Tan real que pareciera estar prescribiendo signos a la agenda de muchos de nuestros gobernantes contemporáneos. Esa es la grandeza de su obra, llena de visiones que no pueden soslayarse y que, por la fuerza de su precisión, siguen germinando en la obra de novelistas que fueron sus lectores.

Esto me conduce a otra novela que también se vincula con el recuerdo vital de su etapa venezolana: El siglo de las luces (1962). Acá se remarca una de sus ideas estelares, la obligada relación entre los procesos de socialización de nuestras repúblicas, y los fenómenos políticos y sociales del resto de la humanidad. Se descubren allí muchas de las falsedades estructurales que dieron forma a nuestras indescifrables democracias representativas, al desnudar cómo fue desnaturalizada nuestra libertad para pensar y actuar en el campo político.

En El siglo de la luces, surgen claves para buscar la identidad de este "nuevo mundo", y tender líneas que hoy podemos rescatar para dar orden y sentido a nuestros procesos de relación entre naciones o como nacionalidades. Sobre todo es vía para saber por qué y cómo mirar al Caribe, y evidenciar la realidad de políticas que logren, a partir de todas las conexiones que nos presenta Alejo Carpentier, maneras más precisas que realcen nuestras semejanzas como culturas aptas para crear unidad y comunidad. En síntesis, integración. La obra es, para mí, una narración de orden político, que busca a través de bellísimas y logradas figuras y notable estilo literario, ir creando cuadros cuya realidad aterra por la densidad de los símbolos que rescata.

Una vez lo hace para delatar la eterna confrontación ideológica (libertarios asociados a las ideas de la Revolución, enfrentados con practicantes de ritos de religiones diferentes a la católica); otra, notando el tema de las diferencias entre clases (los notables y cipayos representantes nacionales de intereses y grupos imperiales, y sus enfrentamientos por recibir prebendas y ventajas); y, otra para evidenciar la dinámica y relación entre grupos sociales que tanto se enfrentan por privilegios, como por su potencial para generar segregación y aislamiento social (la sorpresa de Sofía al visitar los barrios cercanos al puerto de La Habana, para descubrir mundos para ella inéditos), el uso de términos despectivos para referirse a personas en funcion del color de su piel (niches, espaldas mojadas, chicanos,sudacas, chinos, caliches).

Condición que, en otro momento de la narración, se convierte en una fortaleza para quien sea negro. Discordancias, signos de grandes contradicciones sociales entre clases que, aún en el presente, no están superadas. Conflictos universales que tuvieron efecto y mantienen vigencia en nuestro continente (acompañar a los personajes en un periplo que los asocia con la toma de La Bastilla en 1789, hasta desembocar en 1808 con el levantamiento del pueblo de Madrid contra las tropas napoleónicas). Son muchas las formas alegóricas que nos conectan con el violento mundo de Goya.

Nota resaltante es el toque de violencia que origina diversas y notables resemblanzas con el presente de nuestro continente. De la misma manera como nos llegan la ideas de igualdad, fraternidad, libertad y todas sus utópicas expectativas, nos sobreviene el terror. Así, nos cuenta en el capitulo XVI: "Luciendo todos los distintivos de su Autoridad, inmovil, pétreo, con la mano derecha apoyada en los montantes de la Máquina, Victor Hughes se había transformado de repente en una Alegoría. Con la libertad, llegaba la primera guillotina al Nuevo Mundo".

Volviendo a la cita del Zohar, que encabeza el artículo, tenemos que el optimismo y el sentido que refleja nos hace sentir ilusionados por el valor de la palabra de Alejandro Carpentier, y los efectos que ella debe tener en quienes la escuchen. Algo germinará. Algo debe suceder. Ya en Venezuela y en América Latina y el Caribe algo está pasando. Don Alejo: esté donde esté -o, adonde la mejor fortuna lo coloque, y que tiene que ser en el espacio de los justos-, corresponde estar satisfecho... el país que vivió, amó, analizó y del cual recibió tanto como le retribuyó, parece que sin saberlo, absorbió sus señas e interpretó sus mensajes y toda su fuerza, y sentido de justicia y humor. Desde allí nos ha dado líneas y valores para una agenda en plena construcción.

Magistral en toda su obra la firmeza, convicción constante y dedicación a reinvidicar, sin complejos, todos esos notables recursos ancestrales que la naturaleza y cultura de nuestros pueblos posee, y mantiene con gran orgullo y que, recién hoy, comienzan a constituir baluartes de los órdenes de la nueva civilidad, si no que lo diga Evo, el pachacutik, y todos los nuevos liderazgos de origen atávico que surgen en todo el continente.

Dentro de ese orden es preciso destacar la pureza anárquica de la lógica - nada cartesiana por cierto-, de la estructura irregular, ahistórica, onírica, fantástica, humorística, de la original estructura con las operaciones que Alejo Carpentier utiliza para desarrollar sus novelas y personajes, concepción que marca una forma original y latina bien diferente de cuanto es propio de los escritores de otras latitudes.

Tulio Monsalve

Sociólogo, Profesor universitario

 
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Question es un mensual venezolano, que analiza a fondo los temas políticos y sociales del país y de América Latina con ojos latinoamericanos, en busca de soluciones a los problemas comunes del subdesarrollo y la exclusión social. Question ve la realidad mundial con una visión plural, independiente del llamado proceso de globalización liberal.

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