Red Voltaire

Postulados, crónicas y ensayos ateos*

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Prólogo

Quien pretenda encontrar la clásica y aburrida reflexión filosófica en Postulados, crónicas y ensayos ateos de José Maúrtua, pierde el tiempo, malgasta su paciencia, discurre por senderos equivocados. Es todo lo contrario. A su pluma afilada, une un carácter combativo y presenta testimonios sensibles que le tocaron vivir y le hicieron, con el devenir de los años, pensar y repensar cuanto pasó para arribar a conclusiones polémicas y que van –o pueden- generar múltiples ronchas. Sobre todo en aquellos a quienes reconocemos como cucufatos, esa palurda clase de imbéciles acríticos cuyos postulados religiosos son intocables y pétreos.

La putrefacción de la vida peruana se verifica también en la renuncia, abominable y cobarde, que han hecho las colectividades políticas y sociales a proponer caminos y avenidas, edificios ideológicos, patrones éticos o planes de gobierno que incluyan a las mayorías. La chatura ambiente es de tal grado que los comicios devienen en un parche a una malhadada democracia. Por antinómico que parezca, las elecciones en Perú consagran el dominio de ciertas oligarquías que, como cualquier oligarquía, representan a cenáculos, minorías insolentes, racistas y anti-cholas. Si para el prócer cubano José Martí, el sufragio era la revolución, en cambio, en Perú, constituye una tapadera. A lo más, un linimento o una frotación. El dolor persiste en el rostro amargo de millones que nunca conocerán de un proyecto de vida nacional porque unos cuantos pandilleros les niegan esa posibilidad.

Algunos grupos bajan a niveles abisales, pero otros suben hacia expectativas de mando en la sociedad. Se organizan en torno a no pocas supercherías. Pero la Iglesia Católica, en particular, “ve al principio con desconfianza la superstición (porque los únicos que deben manejar la superstición son ellos). Ob. cit. p. 75. Y, agrega contundente Maúrtua: “Nuestros hijos no deberían crecer rodeados de supercherías y mitos”. (ob. cit. p. 79). Entre esas nefastas agrupaciones se encuentra el Sodalicio de Vida Cristiana, núcleo fanático liderado por Luis Fernando Figari.

Años atrás escribí: “Hay sectas cuyo accionar provoca un profundo daño en la sociedad, lo cual aún no ha sido materia del estudio imprescindible de quienes se jactan de “analistas” y “exégetas” de la realidad social. Por el flagrante desconocimiento del problema sectario en el Perú tenemos la obligación de promover el abordaje de esta problemática entre los periodistas, sociólogos, antropólogos, médicos, psiquiatras, psicólogos, abogados y demás profesionales involucrados y comprometidos con el desarrollo democrático del país y dispuestos a condenar cualquier acto que viole los derechos humanos de toda persona y, en especial, su derecho a la libertad de consciencia.”, El Sodalitium en crisis, Herbert Mujica Rojas, 2002.

¡Precisamente, Maúrtua aborda el tema del Sodalicio y analiza no pocas de sus expresiones públicas, las mismas que desmenuza con rigurosidad implacable! Es obvio que también el autor será, de ahora en adelante, y con más frecuencia, blanco de las iras de los sectarios sodálites que no dudan en recurrir al insulto, al ataque inmoral, a toda clase de arma subalterna con el avieso propósito de descalificar al crítico. Pero la grita del rebaño puede poco cuando hay razones y simple, como honesto, sentido común. Y como el Pausanias mítico, José Maúrtua podrá espetar a sus bullangueros oponentes: ¡peguen, pero escuchen!

Discurre el libro por capítulos sabrosos con mucho ají. Escribe sobre los misterios para la religión; describe con agudeza el horror que fue el Tribunal de la Inquisición; no ahorra reflexiones y críticas muy duras al Concordato, tratado internacional que no ha ratificado ningún Congreso –y no lo ha hecho porque ¡jamás! lo ha discutido, siquiera; vierte muy interesantes consideraciones sobre el tradicional culto al Señor de los Milagros y descolla cuando desentraña, desempolva y desenmascara consideraciones católicas sobre las mujeres a las que reputa casi de objetos destinados a parir y ¡obedecer!.

Probablemente describir el contenido del libro de Maúrtua sea más bien cometido de un índice minucioso. Procuro tan sólo subrayar algunos de los picos intelectuales que Maúrtua entrega en forma de opiniones muy polémicas y hasta discutibles. En eso radica la riqueza –y ferocidad- del texto. No presume, no podría hacerlo sin caer en esencial contradicción, poseer la verdad inconcusa Maúrtua. Lo que sí hace es romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz que clamaba el maestro Manuel González Prada y ¡con qué bríos! A muchos puede herir en sus susceptibilidades más íntimas o creencias acendradas e irreflexivamente aceptadas por decenios. De repente faltó una linterna, una antorcha, para mejor ver el camino y no aceptar de forma tan amable, ideas y conceptos que, como dice Maúrtua, tienen mucho de ilógico y supersticioso y poco de real y científico.

En Perú la forma reemplaza al fondo. Lo epidérmico siempre sobre lo fundamental. Lo cosmético es ley y la realidad padecimiento o tortura. Vivimos una falsa democracia con políticos talla “ultra-small” –Maúrtua dixit-; discurrimos por la cortesía que amaga puñales de odios eternos y desprecios cuya premisa es el color de la piel; los “decentes” se escandalizan con cualquiera que no tenga linaje, apellido o rostro más o menos “occidental”. Salvo el hecho, tan común en estos últimos años, de aquél a quien designan con gran antipatía “new rich”. También para este grado del escalafón hay un afectado y teatral desdén porque no “pertenecen” por derecho de casta a la “sociedad”. Son muy pocos los que se atreven a decirle pan, al pan; y vino, al vino. Entre esos, con voz singular, bronca y musicalmente ensamblada, adviene –o mejor dicho, continúa- José Maúrtua con Postulados, crónicas y ensayos ateos.

Y enfrentarse con los cucufatos ya integrados a las sectas tiene un precio muy grande. Juegan aquellos una baza cuasi infalible: la mayoría del pueblo peruano es católica. No hay duda y Maúrtua no se olvida de consignar en cómo se produjo y materializó ese vil engaño colectivo que justificó masacres, expoliaciones, destrucción, lágrimas y muerte de quienes eran dueños soberanos de estos reinos hasta el proceso de la cruel y genocida conquista capitaneada por el porquerizo de Trujillo de Extremadura, Francisco Pizarro y sus compinches. Entonces, José acomete con dureza y sabe de qué habla porque da su testimonio. Nadie se lo contó. El fue protagonista de sucesos que están revestidos de religiosidad cuando en realidad no son más que vulgares comisiones proselitistas y de captura y lavado de cerebros.

Ha poco mi hijo pasó por el rito de la confirmación. Todo el año habíase estado preparando para el acontecimiento. Sus “asesores” eran miembros del Sodalicio de Vida Cristiana y estos se encargaron de agredir sutilmente a todos los candidatos a través de “retiros”, “trabajos voluntarios”, etc. No pocas veces me fueron referidas anécdotas desagradables en que estos “asesores” insultaban duramente a los educandos sólo porque “no cumplían” las instrucciones. En varias oportunidades me relató Alonso, así se llama, cómo es que percibía una hostilidad marcada contra él. Comentó entre sus reflexiones: “¿sabrán ellos de ti?”. La respuesta era inequívoca. Y la venganza contra un adolescente de 16 años, un acto cruel, inmoral, profundamente anti-cristiano. Maúrtua cuenta detalles de cómo le quisieron adoctrinar y enrolar en proyectos sectarios y cómo es que esa experiencia persiste en su memoria. ¡Lo que es peor! Decenas de colegios y sus cómplices e irresponsables asociaciones de padres de familia, admiten que los sectarios sodálites se hagan cargo de estos ritos y de toda su preparación previa. ¿No es posible entender que se está regalando candidatos al lavado cerebral y al ataque directo contra la célula familiar, objetivo fundamental y número uno de las sectas?

La secta Sodalicio de Vida Cristiana tiene múltiples expresiones escritas y reales sobre cómo metódicamente enfilan sus baterías contra el núcleo familiar. De ese modo produce desapego y alienta la división. Hay padres que debieron resignarse a la pérdida en vida de sus hijos; hijos que desconocieron a sus padres y son instrumentos ciegos y fanáticos de la secta. Conozco al menos tres casos. No sólo en Perú, también en Argentina y ha poco en España. ¿Qué hacen las autoridades frente a brotes epidémicos que dañan la salud mental de la gente? ¡Hasta hoy poco o nada!

“Ya lo dijo César Hildebrandt, en un genial, premonitor y crudo editorial: “Detrás de toda dictadura hay, en el fondo, una apropiación ilícita” (-y el totalitarismo sodálite se apodera de las mentes de nuestros hijos-). En efecto, cada sátrapa que en el mundo ha sido -de izquierda o de derecha- ha creído siempre que el mundo donde nació le pertenece y que sus prójimos nacieron para súbditos y su propia voz sólo para dar órdenes. ¿De dónde vienen esa visión demente y esa voracidad? ¿Cómo se puede ser tan ridículo? ¿De qué fibra están hechos esos egos elefantiásicos? Primero se promete el paraíso. Después se apela al infierno para construir el paraíso. Y como se apela al infierno, los enemigos, que nunca fueron pocos, aumentan. Y como aumentan, crece el infierno. Y al crecer el infierno la hostilidad amenaza al tirano cada vez más. Por lo que ya no es posible salir en paz del poder que se capturó como a una presa.”. Al final -como le pasó a Franco, como le sucedió a Pinochet- el sátrapa creerá que su obra es inamovible y su contrato social insuperable. ¡Pobres diablos! Lo primero que les pasa cuando mueren es que hay un suspiro de alivio. Luego viene el olvido sañudo y el justiprecio. Y ellos que se creían mega valores, terminan costando lo que fueron, abortos de la voluntad, casos psiquiátricos, un surtido de vicios. Todos terminan, metafóricamente, en aquel palacio patriarcal donde las vacas se pasean entre cortinas desgarradas. Todos tienen un Macondo en el alma y una bananera en el designio. En resumen, no hay nada peor que alguien que se tome demasiado en serio. De allí al crimen solo media una utopía, un sueño de felicidad para los otros, un carisma.” El Sodalitium en crisis, 2002.

En estos días en que, por irrecusable insistencia de José Maúrtua, “confeccionaba” este prólogo aconteció un acto de intolerancia grotesco y antidemocrático: César Hildebrandt fue echado de un canal de televisión, el 2 para ser más precisos y que es propiedad del empresario israelí Baruch Ivcher. En momentos en que la aspirante reaccionaria, Lourdes Flores, mujer de clase media acomodada, conservadora a ultranza y apoyada por todos los tentáculos del poder real que detentan las transnacionales, no las tiene todas consigo, sus amigos le hacen un favorcito: ¡botan a Hildebrandt cancelándole su programa de las 11 pm.! Frente al hecho que comporta el guillotinado del único programa independiente, las fuerzas totalitarias en todos los medios e instituciones ¡guardan oprobioso silencio! ¡No importa que el pueblo ya no pueda ver otros puntos de vista porque la monocorde grisura vuelve a imperar como en los peores días del delincuencial fujimorismo! ¡Precisamente, en uno de estos callejones oscuros actuó impunemente, con cinismo y descaro, nada más y nada menos que el Cuervo Mayor de la Cofradía, el cardenal Juan Luis Cipriani! Ni siquiera, porque lo dice múltiples veces, José Maúrtua es capaz de negar que en Perú tenemos al autor de una encíclica: “Los derechos humanos son una cojudez” celebérrima línea de pensamiento del gonfalonero del Opus Dei, otra de las sectas más poderosas al interior –y exterior- de la Iglesia Católica.

¿Qué tienen que ver los hipos totalitarios con el libro de José Maúrtua? Mi modesta impresión es que mucho. Maúrtua golpea sin misericordia a los grupos sectarios que son por definición, totalitarios. Escribe en medio de una sociedad pacata que no reniega de anteojeras para calificar con dureza el mal actuar de curas, sacerdotes, laicos y para-laicos, disfrazados de ovejas, cuando son eximios maestros en el arte del engaño, del timo, del lavado de cerebro y florecen al amparo de las oscuridades más tenebrosas y se camuflan cuando advienen los vientos alisios de la democracia. Expertos como son durante más de 500 años, juegan a la posibilidad de no ser escrutados porque hay bolsones de estupidez congénita en hombres y mujeres cuya vida transcurre en caminos miopes: de la cuna al colegio; del colegio al matrimonio (si hay suerte, alguna carrera universitaria) y con la procreación, la factura de candidatos a todos los múltiples ritos eclesiásticos que atan y sojuzgan a los cristianos a moldes resobados pero sumamente engrilletadores. En contra de eso, con el látigo empuñado, se erige con valiente y audaz pluma urticante, José Maúrtua.

Podrán sus críticos decirle cuanto les venga en gana. Ciertamente, la recomendación básica es que lean lo que él pone en blanco y negro. Hablar de oídas o porque a algún imbécil se le ocurrió éste u otro “argumento” es del peor gusto y de la más absoluta carencia de rigurosidad científica. Aunque todo lo que se refiera a la lógica y a la ciencia, den al trasto, en no pocas oportunidades, a muchas supercherías en las que se basan creencias y ritos imposibles de comprobar en la realidad. Meticuloso como es, Maúrtua, se encarga de recordar, por si alguien lo “olvida”, que él expone razones, hechos y esquemas y que invita a la polémica, al cruce de sables, a la disputa leal y con argumentos. La grita es bulla inane y asemeja al mugir congénito de las reses que no tienen más que un idioma monocorde para la expresión animal de sus disfuerzos.

Como se sabe con certeza de qué pata cojean los enemigos, hemos decidido, a la par que la edición impresa, hacer circular por cientos de miles, la versión electrónica de Postulados, crónicas y ensayos ateos. De este modo las pezuñas totalitarias del sectarismo católico tendrán mucho más trabajo para desaparecer cualquier rastro del meritorio trabajo de José Maúrtua. Da gusto y sumo placer, casi un deleite, pergeñar unas pocas líneas de mascarón de proa. Por un lado hay una identificación amical muy fraterna con José Maúrtua. También la solidaridad que nace de la lucha común. Ciertamente una similitud cuando nos divertimos con la innegable mediocridad de que hacen gala los sectarios. Para ellos, con el desprecio más íntimo, un saludo. En ellos y por su contumacia irredenta, como fanatismo acrítico, un libro torna en estilete y su lectura motivo de reflexión aunque se arribe a discrepancias que son parte de la democracia.

Tarde de verano caliente; elan de espíritus libres; espoleo de voluntades victoriosas; acicate del triunfo de la razón porque los revolucionarios, los libres, los humildes y por ello ricos, somos los que estamos al lado de los más pobres y con ellos y por ellos, estas muy modestas palabras liminares.

*José Maúrtua [email protected] tuvo la generosidad de solicitarme algunas líneas, como las que anteceden, para prologar su libro Postulados, crónicas y ensayos ateos, Lima, Gutenberg, mayo-2006 (Herbert Mujica Rojas)

Herbert Mujica Rojas

Herbert Mujica Rojas Autor de la columna Señal de Alerta y responsable de Páginas Libres, periodista peruano, analista político y ensayista en temas geopolíticos, ambientales, seguridad documentaria y otros vibrantes acápites de su país y Latinoamérica. Escribió en el 2007 el libro ¡Estafa al Perú! ¡Cómo robarse aeropuertos y vivir sin problemas!
Es posible conectar con él al teléfono (+51) 9-9918-0913.

 

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